"Si vuelve a llamar Rubén, dile que quedaron fallos"




"Si vuelve a llamar Rubén, dile que quedaron fallos"

Breve review de la fiesta del cerdo


     Cuando conocí a Maily Sequera en persona le entregué como regalo de cumpleaños mi edición de Diario de la Guerra del Cerdo de Adolfo Bioy Casares, diciéndole que fue una de las lecturas más significativas de mi adolescencia además de iniciática en mi camino como activista anarquista juvenil. Ese libro tenía un par de frases que usé de epígrafe para la editorial/manifiesto de la tercera versión de esta web en 2012, sirviendo de ejemplo para ilustrar mi percepción de la juventud cultural venezolana: Una que siempre pretendiendo barrer lo inamovible del diabólico canon dominante, se impone a la fuerza como una piara de cerdos salvajes, instaurando luego los mismos tótems en los altares que pretendía incendiar. La única premisa concreta del Fanzine –ya que el resto de la línea editorial era ingenua e inestable- consistía en la no-coerción de los contenidos y temas a la hora de publicar, ya que de esta manera abriríamos un debate, para nosotros “necesario” en nuestro país o mejor dicho, en la suma concreta de todas nuestras provincias.

     “Necesario” es la palabra que ha impulsado a la mayoría –me atrevería  a decir todos- de los momentos históricos de la literatura nacional postmoderna y su incipiente vanguardia. La necesidad cultural, que como cualquier otra necesidad en Venezuela es limitada, inaccesible, evanescente, sobrevalorada, terrible, malversada y hasta sarcástica, es lo que ha movido, a fuerza de su semántica,  cada instante representativo de la historia de las artes contemporáneas. Ni siquiera los grupos más dandys y sabrosones colocarían entre las premisas de sus manifiestos el ocio, el placer o la contemplación antes que la “necesidad”; sea esta necesidad de expresión, de protesta social, económica o religiosa, acuñada en una voz que se homogeniza al momento de firmar quienes suscriben  la causa.  En la “Necesidad”, en su energía inconclusa, frustrante e injusta, podemos generar ideas, arte, literatura, y nos invitó a pensar que con la aparición del internet nuestra generación llevaría las vainas al nivel siguiente y a donde, en nuestro criterio, merecía(mos) estar.

     Esto me dijeron Willy Mckey y Santiago Acosta cuando interrumpí una presentación del Salmón en la Facultad de Humanidades y Educación de la ULA, molesto porque no existían páginas o revistas literarias más allá del ochentero comemierdismo editorial caraqueño y la radical payola propagandística de la mayoría de las editoriales del Estado, en plena campaña chavista  del 2010. “Si no te gusta ninguna y te da arrechera que no hallan, haz una tú”.  Esa misma noche y desde mi blog, escribí la primera convocatoria para este fanzine, soñando con que el futuro de la literatura venezolana estaba dentro de la web.

     El equipo inicial lo conformaron Maily Sequera (Maracay) Miguel Antonio Guevara (Barinas) Carlos Quevedo (Valencia) Gerardo Carvajal (Maracay)  Miguel Ángel Hernández (Maracaibo) y yo, todos por vía web. y así se organizaron  los primeros LiveStream de poesía via TwitCam organizados en conjunto con el grupo “Poesía Desde Valencia” [1] 

     Juan Miguel Rojas, Susan Urich, Paola Franco, Víctor Manuel Pinto, Camila Ríos Armas, Mafer Rangel, Beatriz Marte, Cynthia Ocanto, José Eduardo González Vargas, Vera Lucia Pinto, Daniel Pratt, Guillermo Flórez Montero, Nestor Mendoza y Adrián Sánchez Muñoz devinieron en colaboradores esporádicos y columnistas voluntarios. Los artículos fueron pocos, infrecuentes y desordenados. Eso sí, sinceros, elocuentes y entusiastas con un dejo panfletario y moralista, romántico y farandulero, siempre mordaces, escritos para aclarar y discutir los trozos de nuestros panoramas más que el de los lectores, fragmentados en lo que nuestras conexiones, aba y  la vida nos permitían discurrir.

     Extrañamente los debates, los encuentros y las amistades que surgieron a partir del blog, ocurrieron fuera de éste. En esa acraciapourlesporcs todo siempre fue como un campamento experimental levantado en un bosque hippie donde la gente entraba y salía cuando le rascaba el mambo, escribía cuando les apetecía y sobre lo que le interesaba más. Todo de forma voluntaria, sin plata de por medio, como una gran y desordenada comuna anacoreta flotante en la web, una caótica oficina en algún opulento rancho de zinc en Facebook en la que nunca, afortunadamente, estuvimos de acuerdo.

     Reseñamos unas treinta bandas.[2]  Una veintena de escritores.[3]  Y un enorme puñado de artistas, fotógrafos y diseñadores.[4]  Desde Batman a Roberto Bolaño, pasando por el Tío Simón, Genne Simmons, Andy Warhol, Chino y Nacho, Carlos Andrés Pérez o las Kardashians en artículos de opinión intelectual, comentarios políticos, misceláneas o sentires individuales, queríamos comentarlo y compartirlo todo en un spam manual a deshora que oscilaba gota a gota en el socialnetwork. Generamos suficiente material como para cubrir quizás unos tres números impresos –si APLP hubiese llegado al papel-  uno cada año que duró realmente activa la publicación.

     Ahora bien, luego de tanto tejemeneque, de ya unos cinco años completos desde la primera vez que se abrió este Fanzine y se comenzó a pensar en lo que queríamos hacer, en lo que nos impulsaba, en la insuficiencia cultural y en la necesidad de proximidad entre nosotros los escritores y artistas venezolanos más que de la promoción y registro de contenidos nacionales en la 2.0 y enfrentándonos  a una web totalmente diferente, líquida y controlada (el blog, por ejemplo, es una herramienta analógica que usamos más por melancolía que por practicidad y alcance) decidimos seguir con esto, pero con la única “Necesidad” que realmente importa: la nuestra. Aquella que anida en nuestros principios más profundos como escritores y periodistas, esa necesidad inamovible e individual frente a cualquier huracán, crisis o conflicto donde las ideas se sostienen hasta las últimas consecuencias.

     Esto no es una reactivación, reapertura, reinauguración. Éste simplemente es el curso natural de las cosas. Donde quizás nuestras voces un poco más sólidas, reposadas, menos simpáticas y más afiladas que antes, están dispuestas completar y continuar el trabajo porque aún podemos hacerlo sin dejar de ser jamás nosotros mismos.

  Venezuela no necesita más grupos literarios, más colectivos plásticos, más conjuntos revolucionarios y contestarios, más pandillas de intelectuales queriendo salvarse del naufragio. No necesitamos más manifiestos porque esa época ya está muchísimo más que muerta y bien enterrada. Sí, sonará contradictorio porque esa siempre fue una de las banderas que yo mismo como editor levanté en aras de esta publicación. Pero como me dijo una vez Maily Sequera: “Las opiniones cambian, los principios no”,  creemos que es mucho mejor asumirnos como somos, sin envestirnos como cursis héroes de la internet o unos cínicos próceres del arte frente al devenir del futuro y hacer lo que queramos hacer y sostenerlo lo que dure, sin arrepentimientos. 



David Parra
Editor Acracia.com.ve





[1] Donde participaron Aarón Almeida Holmquist, Carmen Chazzin, Ruben Carrero,  Andrés Royer, Genesis Sánchez, Andi Arias, Nestor Mendoza, Mary Serrano, Daniel Arzola, Andres Palencia, Felix Rodríguez, Rois Abreu, Daniel Arella, Pedro Varguillas, Elisa Rincón, Saili Eyzell, Aquiles Gonzales se unió Juan Miguel Rojas (Barquisimeto) a la nómina de la planta editorial.

[2] Tan Frío El Verano, THE, De Raviolis, Velfrance, Los Espectors, Petrula, Ulises Hadjis, Jan Pawel, Presidente, Telegrama, Al Cruzar la Calle, Bazar Pamplona, Apanhador, Coiffeur, Modular, El Mató a un policía Motorizado, Luisa Mandou Um Beijo, Javiera Mena, El Sueño de la Casa Propia, Gepe, Boom Boom Clan, Sintecoraz, TLX, Microcombo Universal, Rudras, Meganeura Monji, La Redonda, El Pacto, C+ y Alissa Lovera, Sonido Gallo Negro, Pachi Jimenez, Overlook Suite, Hola a Todo el Mundo, The Royal Bakunín Orchestra, La Ola que Quería ser Chau, Los Noelia, Cronovisor, Colombina Parra, Onda Vaga, Monsieur Periné, Oblivion, Los Autómatas Inteligentes.

[3] Daniel Arzola, Legna Rodríguez, Jesús Alberto León, Katherine Gomes, Ernesto Caldarelli, Layla Martínez, Camila Ríos Armas, Carmen Chazzin, Rogelio León, Víctor Manuel Pinto, Raquel Abend van Dalen, Leo Felipe Campos, Ginger Miel, Orlando Pichardo, Andrea Mineko, César Enrique León, Aryam Ladera, Génesis Sánchez, René Morales Hernández, Marianne Díaz Hernández, Francisco José Cruz.

[4] Arévalo García, Lauren Bianchi, Mauricio Odremán, Lusimar Torrealba, colectivo TIPO, Wilson Prada, Rafael Sánchez, Aracely Rojas, J. Carnevale, L. Romero, C. Villamizar,  Ave y Oscuraldo, Rocco Mangieri, Carlos Sorín, Jorge Licea, el Círculo de Artistas Emergentes Costarricenses, David Garriguez, Wesley Acuña, Víctor Ulloa, Erick Bustamante, Camilo Bolaños, Irella Glez y Paulo Navarro, El Techo de la Ballena, Renny Pacheco, M Tereza Paz, Doshi Kboom, Clemencia Labin, La Flores del Mal, Carlos Calderón, José Davalillo, Daniela Quilicci, Edgar Sanchez, Marie Christine, Carlos Germán Rojas, Alissa Lovera, Patricia Navarro Guerra, Santiago Gamero, Sergio Monsalve, Pedro Mustard, Jessie Rt, Javier Ceballos, Ramón Milano, Adriana Marín, Flora Francola.  

Ácratas

Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

http://acracia.com.ve, 2017.

Contacto