David Parra Opinión

Represión en los Andes: El día que Nicolás amenazó a las vacas

4:38 a. m. David Parra


Entre toda la información que se diluye debido al sesgo comunicacional venezolano, aquella que reporta la situación del occidente del país siempre resuelta la más confusa e incompleta. Es inconcebible cómo no existe un solo medio regional serio por el cual informarse correctamente, y terminamos leyendo titulares como «Disturbios en las ciudades corren a los gochitos vendedores de frutas y verduras» cuando en los andes se viene enfrentando una alzada de violencia urbana y rural desde hace rato; unos cuatro o cinco meses antes de las protestas generales provocadas por la ruptura del orden constitucional. Vamos a aclarar un poco cuál es la situación actual de los «Gochitos» y cómo la misma revuelta socio-política no solo los afecta directamente, sino que además los invisibiliza. Desde el momento en que se comenzaron a registrar saqueos, robos y guarimbas en las ciudades principales del centro del país y Nicolás Maduro activó el Plan Zamora —desplegando un brutal y exagerado aparataje castrense por todo el territorio—, tanto la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) como algunos de sus representantes en Fedecamaras tomaron la decisión de no salir a distribuir frutas, alimentos y hortalizas (producidas en los estados Tachira, Mérida y Trujillo) debido a que se corría el riesgo de no solo perder las cosechas en manos de delincuentes, sino que se comprometía además la vida de los distribuidores y la seguridad de los vehículos. Argumentaron también que los crecientes robos en las carreteras, el cobro de vacuna y extorsión por parte del ejército en las alcabalas y la escasez de repuestos automovilísticos, no solo dificultaban la tarea sino que la hacían imposible.

Cuando el señor Presidente salió en televisión hablando con las vacas y todos se rieron de su gracia, lo que realmente estaba haciendo era intimidando al campesinado venezolano —particularmente al andino—, ya que dichos pronunciamientos representaban una amenaza directa para él. Puesto que el Estado, habiendo destruido el sistema productivo de la nación, depende actualmente de los productores y comerciantes independientes, que aun enfrentándose a la plaga, la sequía, a la falta de semillas, pesticidas, abonos, y cercados por el latifundio, el contrabando y el narcotráfico, siguen llevando productos a la mayoría de los hogares a un 30% menos de lo que realmente cuesta producirlos. Es decir, son los productores andinos de los pocos sectores económicos que le están haciendo frente al hambre producida por el socialismo. Para que se hagan una idea: Solo de Tachira y Mérida salen al menos 6 mil camiones —con capacidad de entre 14 mil a 40 mil kilos— a repartir queso, pan, carne, frutas, hortalizas y verduras a más de 200 ciudades del país. Dispensando de forma directa en las comunidades para evitar la reventa.


Durante estos últimos tres días, el gobierno arremetió con toda su fuerza y brutalidad contra todas las aldeas agrícolas en Mérida (de tradición profundamente chavista) porque estas no solo se negaron a actuar bajo coacción y amenaza, sino que literalmente corrieron al ejecutivo, su comitiva y colectivos parapoliciales de los pueblos. Nuestro gobernador, bien conocido por no escatimar en crueldad y violencia, lanzó un ultimátum (cediendo el control de todos los cuerpos policiales a la GNB) a las aldeas merideñas, respondiendo estas con el extremo atrincheramiento —cerrando vías como la trasandina— dispuestas a defender su territorio y sus cosechas.

Fueron atacados los caseríos de Tovar, Santa Cruz, Timotes, Mucurubá, Mucuchies, Bailadores y Pueblo Llano; este último resistiendo una asedio de más de 72 horas, dejando un saldo de decenas y decenas de heridos y daños en todo el caserío. ¿Por qué la MUD no se ha pronunciado contundentemente sobre estos acontecimientos? Simple, desde la violenta y errática rebelión fallida del 2014, cuyo frente más cruento se desarrolló en los andes, la oposición se desentendió de los «Gochitos» por «Extremistas» (recordar conato de enfrentamientos armados entre mercenarios y pranes contra el ejército) concentrándose en consolidar otros frentes de protesta bien lejos de las montañas.


Es verdad que en los Andes existen grupos radicales a favor y en contra del gobierno, caciques y terratenientes que no dudan un solo segundo en tomar acciones violentas —como incendiar terrenos y casas (el caso del artesano oficialista este fin de semana, por ejemplo) quemar autobuses y camiones; secuestrar y extorsionar al estilo de la guerrilla— Pero los que realmente sufren las consecuencias de toda esta destrucción son nuestros agricultores, la gente humilde y trabajadora que hace lo mejor posible por llevar comida a la mesas de toda la nación. Debemos reflexionar sobre el hecho de que si la presencia de la GNB por 44 días en zonas urbanas ha generado tanto odio y repudio, cómo resulta vivir esa misma represión y maltrato en el «Interior» y fronteras del país, donde la GNB se comporta así todos los días. Pensar en el dolor de que se te mueran 15 mil reses al mes por falta de vacunas o que cientos de hectáreas de papa, cebolla y zanahoria se pierdan por culpa de la negligencia del gobierno. La debacle venezolana muestra su rostro más crudo en los campos, esos eriales abandonados donde las enfermedades y la pobreza se escapan de la cifras. Maduro les hablaba a las vacas y les pedía que fueran mansas bajo amenaza del matadero. Esta semana seguirán arremetiendo contra esas hermosas y trabajadoras aldeas merideñas, olvidadas actualmente por ese montón de políticos y partidos recibidos como reyes cuando fueron a buscar votos. Si la matriz de opinión nos sigue viendo como unos adorables «gochitos» repartiendo vegetales en ruana y sombrero, lo que siento es miedo por mis paisanos, ya que en la historia negra de las dictaduras, el aislamiento del campesinado es propicio para ejecutar los más viles atropellos.

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