José Eduardo González Vargas LGBT

Recordando a Alan Turing

3:45 a. m. J. E. González Vargas


El 17 de mayo de 1990 la homosexualidad es retirada de la clasificación mundial de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Es por ello que esta fecha ha sido decretada alrededor del mundo como el Día Internacional contra la Homofobia. Por ello, recordaremos uno de los más conocidos casos donde la homofobia institucionalizada de la sociedad perjudicó alguien quien había contribuido tanto con ella: la condena de Alan Turing, el matemático y pionero de la informática que salvó miles de vidas en la Segunda Guerra Mundial.

Nacido en 1912, desde pequeño Turing presentó un profundo amor por las matemáticas. Su primer día de educación secundaria coincidió con una huelga general ferroviaria, por lo que Turing, entonces de 13 años, condujo su bicicleta 97 kilómetros completamente solo hasta la escuela. A los 16 años descubre los trabajos de Einstein y no sólo los entendió a la perfección, sino que percibió correctamente las dudas de Einstein ante las leyes de Newton, a pesar de nunca hacerlo explícito en el texto. En esta época muere Christopher, su primer amor. Este evento le hace dudar de su fe y llega la conclusión de que no existe nada más que el mundo material. Posteriormente estudió en el King’s College de Cambridge, donde se graduó con honores en su campo.

Ya en la década de los 30 Turing comentaba sobre la posibilidad de la utilización de algoritmos para el manejo de las funciones informáticas. Ideó la Máquina de Turing, un hipotético dispositivo que realizaba funciones a base de una serie determinada de “símbolos”. Cada función tenía un “símbolo” y mientras toda tarea se fragmentara en una serie de funciones con sus “símbolos” correspondiente, la máquina podría realizar dichas tareas. Esta es la base teórica de la programación.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Turing trabajó prominentemente en el área de criptoanálisis para la inteligencia británica. Su excentricidad lo hizo destacar: Era apodado “The Prof” (El profe), usaba una máscara de gas para evitar la fiebre del heno y encadenaba su taza a los radiadores para evitar que se la robaran. No obstante El Profe, como diría Eisenhower, resultaría esencial para la victoria de los Aliados ya que logró descifrar la Máquina Enigma, el codificador usado por las tropas alemanas para comunicarse entre ellas. Al final de la guerra el rey Jorge VI le otorgó la Orden del Imperio Británico, aunque mucho de su trabajo permaneciera secreto por varias décadas.

Turing no sólo consideró que las computadoras podrían en el futuro realizar tareas más complicadas que los seres humanos, si no también fue uno de los primeros en pensar seriamente la posibilidad de la Inteligencia Artificial. Ideó la Prueba de Turing, un ejercicio hipotético en que un ser humano se comunica a través de un medio que le no permita ni ver ni oír a su interlocutor. Si el ser humano no puede discernir si está comunicándose con otra persona o una máquina, entonces puede considerarse la máquina tan inteligente como un ser humano. 

Luego de un robo en enero de 1952, Turing llama a la policía por recomendación de su pareja. La policía descubre la relación de ambos y son arrestados y llevados a juicio por su homosexualidad. Por consejo de su hermano Turing se declaró culpable y optó por la castración química a través de las hormonas. El procedimiento, que fue descontinuado un año después, le dejó impotente, hizo que le crecieran senos y lo llevó a una severa depresión. El gobierno británico no sólo no le ayudó, sino que le despidió de su trabajo en la inteligencia militar, por miedo de que los soviéticos estuvieran reclutando a homosexuales para el espionaje. Debido a su trabajo durante la guerra, que tampoco podía revelar, tenía limitada la posibilidad de viajar por Europa y negada la visita a Estados Unidos.


El 8 de junio de 1954, dos años después del juicio, el cuerpo de Turing es encontrado. Debido a una manzana medio comida envenenada con cianuro encontrada junto a su cama, es casi un hecho de que se haya suicidado. Algunos biógrafos afirman que Blancanieves era su cuento infantil favorito y que, con su muerte, recreaba la adaptación de Walt Disney. Otros, como su madre, desmienten la posibilidad del suicidio y aseguran de que fue accidental, por los residuos dejados luego de un experimento. Sea cual sea la realidad, no la hace menos trágica.

Las siguientes décadas fueron más generosas con la imagen de Alan Turing. Desde 1966 existe el Premio Turing, para los logros en las ciencias computacionales que vienen acompañado en la actualidad con 250 mil dólares cortesía de Intel y Google. Innumerables universidades han nombrado anfiteatros y edificios en su honor, así como también una estatua cerca de la Universidad de Manchester y ha sido nombrado una de las 100 Personas Más Influyentes del Siglo XX por la revista Time. En 2014 una película sobre su labor en la Segunda Guerra Mundial llamada The Imitation Game se estrenó, con Turing siendo interpretado por Benedict Cumberbatch.

El 23 de diciembre del 2013, más de 60 años después de su condena, la reina Isabel II firmó un perdón ante los cargos contra Alan Turing. Muchos consideraron el gesto como tardío pero bienintencionado, mientras que otros sintieron que ignoraba los otros 50.000 hombres condenados en Reino Unido por ser homosexuales.


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