David Parra Opinión

La Puputov y el (Mal)Escrache: opiniones impopulares sobre las dinámicas de protesta

2:35 a. m. David Parra


Antes de que comience a leer este post le voy a pedir una cosa: respire profundo. Si siente la necesidad de confrontar, agredir, atacar y prenderlo todo en candela, créame que yo también la siento. Hagamos ese ejercicio de empatía y reflexión. Estamos jodidamente agotados, frustrados y llenos de ira. Repito: tome dos bocanas de aire y llénese de oxígeno. Este gobierno nos ha quitado hasta el chance de respirar. Hasta ahora ya lo tenemos claro, todo lo que hemos experimentado a lo largo de estos meses: el horror, la ira, el miedo, la náusea, la desesperación, la paranoia, la desinformación, la culpa, el dolor, la tristeza, la ganas de huir, las ansias de venganza, el desamparo, la ansiedad, la impotencia, la rabia, la intemperie y la muerte, tienen un solo nombre: TERRORISMO DE ESTADO. Y nadie en ningún lugar puede negarlo y afirmar que estamos equivocados, que nos estamos prendiendo fuego a nosotros mismos, que los que nos oponemos a la dictadura somos destructores y enemigos. Porque en la dialéctica del homicida, la víctima siempre tendrá en su frente la justificación de sus crímenes; es la víctima la que tiene que sentirse culpable por recibir y aguantar su crueldad. La ingobernabilidad, los saqueos, incendios, barricadas y anarquía, también se contemplan dentro del concepto desde donde el poder pretende someternos a todos. 

Sin embargo, entre las mismas ofensivas de contrainsurgencia aplicadas por el gobierno, existen unas tan minuciosamente pensadas que generan tanto o más desgaste que las empleadas para reprimirnos en la calle, atacar nuestras casas y encerrarnos en una cárcel. Para desmantelarlas debemos interiorizar una sentencia que a muy pocos les gusta admitir: El gobierno venezolano (además de todo el poder fáctico que acumuló en sí mismo) posee total y absoluta hegemonía comunicacional sobre todos nosotros y su alcance en medios es ilimitado. 

El estado somete desde hace años el espectro radiofónico y televisivo del país, posee de radios y televisoras en Latinoamérica y el mundo, escribe en miles de periódicos en todos los idiomas, financia montones de portales, blogs, revistas y fanzines, paga millones de dólares en propaganda y promoción, subsidia montones de bots y hoax para viralizar información, y tranza con las redes sociales para ser siempre tendencia y nunca pelar un hashtag al día. En países como España, Cuba, EU, Argentina, Colombia, México y Francia, instauró además centros de estudios y tanques de pensamiento que se encargan de elaborar nuevas tácticas de desinformación, desarticulación, oscurecimiento, revisionismo y censura. Esa es la premisa que está detrás de las llamadas Milicias Digitales, donde el presidente hace unos meses aprobó más de 847 millones de bolívares y trazó un plan donde se ejecutarán a lo largo del 2017, estrategias y políticas digitales en las 24 coordinaciones estadales, en los 87 circuitos de formadores con quizás algo más de 27 mil facilitadores comunicacionales socialistas. Ahora bien, usted se preguntará: ¿Qué coño tiene que ver esto con la revuelta popular que hay en la calle en estos momentos? 

Pues resulta que todo. 

Una dictadura exige por encima de todas las cosas, un único elemento para poder sostenerse: Silencio. Es ese silencio al que se refiere Maduro cuando habla de paz y tranquilidad. De quietud. Ese silencio con el que amenaza a sus funcionarios y subalternos de perder trabajos si reclaman, y en las comunas de perder beneficios si protestan. Ese que convirtió en bozal de arepa cada dadiva y subsidio, cada apartamento, cada clap, cada viático y financiamiento de quien se benefició en algún momento del estado. Silencio comprado y exigido por sus verdugos y testaferros rojos, con dinero que no les pertenece o que reclaman acorralados con represión y violencia. La revuelta popular que está ocurriendo en estos momentos, en primera instancia, es una rebelión contra ese Silencio. La calle se transformó en un espacio de expresión absoluto; un lugar espontáneo donde la ciudadanía harta de tanto atropello y arbitrariedad, manifiesta su descontento y rechazo entero ante el régimen; protestando desde la primera intimidad en su casa —el cacerolazo en la ventana—, hasta el grito de libertad enfrente de un piquete de la guardia. No es casual que cada ruido de insumisión lleve a los cuerpos castrenses a disparar bombas contra viviendas, apartamentos, edificios, residencias. No es casual que civiles desarmados reciban a cada destacamento de la guardia con gritos o insultos. Ellos más que obediencia, solo quieren que nos callemos al coste de lo que sea. Por eso nos disparan, ya que el último de los silencios solo se encuentra en la muerte. Es la paz de los cementerios la que tanto buscan los dictadores.


La red ha logrado —en su capacidad de homogenizar y decantar contenidos, atravesando enormes obstáculos comunicacionales— no solo construir un discurso sólido y de alcance internacional contra el gobierno, sino que se convirtió en la principal evidencia de todas sus ilegalidades y abusos. Cada exceso de represión, cada momento de monstruosidad, cada asesinato a traición, cada golpe, detención y sangre derramada por los nuestros, queda registrada por el triste y horrorizado lente del testigo. Uno que para el malestar de los homicidas puede volverse viral en cuestión de minutos. Sin esa plataforma, sin ese registro permanente, no tengo ni idea de que pasaría con nosotros. Porque si un soldado o paramilitar dispara a quemarropa contra un adolescente sabiendo que lo graban, no quiero saber qué atrocidad sería capaz de cometer si no lo hicieran. 

Pero acá viene la parte incómoda del asunto, la opinión poco popular, aquello que no nos gusta escuchar: El Gobierno encontró la manera de sacar provecho de esto. De usar nuestro propio odio, impotencia y deseo de venganza contra nosotros mismos. En una metáfora cruel: Es como el baquiano que cría a palos a un grupo de animales desde que son cachorros para que peleen entre ellos, pero cuando lo muerden para defenderse, usa la excusa de la violencia para justificar sacrificarlos. No lo digo yo, la historia indica que TODO GOBIERNO TOTALITARIO se refuerza y afirma a sí mismo con cada agresión y confrontación que reciba. Primero escudándose en la falacia de la víctima, del agredido y quien sufre, y luego usando ese argumento de propaganda para hacer sentir seguros a sus pocos seguidores y sostener el escepticismo frente a sus opositores. La jugada es casi infalible, si nos transforma a todos en posibles verdugos, le será mucho más fácil en un futuro próximo, clamar indulgencia.


Muchísimos analistas, intelectuales, encuestadores, políticos y académicos han exhortado por todos los medios a los dirigentes de la oposición a repensar y restructurar sus estrategias de protestas. Y no está nada fácil, porque encontrar el balance adecuado en dinámicas que canalicen correctamente todo el descontento, la rabia, la tristeza y el dolor sin convertirse en acciones de choque resulta sumamente complejo. Algunos sectores de la oposición propusieron alternativas bastante efectivas: marchas silenciosas, ritos y homenajes funerarios (eso también es protesta), toma de espacios públicos de manera no violenta, vigilias y asambleas. Pero cuando esto comenzó a hacer efecto y la comunidad internacional y medios de comunicación en el exterior dejaron de llamar “enfrentamientos” y comenzaron a llamar “represión” a lo que ocurría en nuestro país, el Estado se encargó de avivar nuestro rencor, bailando sobre los muertos, riéndose del dolor y la pérdida de dignidad de los ciudadanos, inquiriendo en provocaciones directas y terribles, desatando el dolor en los jóvenes de La Resistencia, encausando de nuevo la protesta al vórtice del disturbio que ellos tanto necesitan para criminalizarla. 

Cada vez que se realiza un avance para evidenciar la dictadura haciendo presión en medios, el gobierno saca ventaja de nuestro dolor. Por ejemplo: la tarde en donde varios jóvenes fueron arrollados y otros tantos muchachos resultaron gravemente quemados, colocando en todas las primeras planas del mundo la foto del manifestante en llamas; desarticulan el discurso con el Knockout de “matar” a Leopoldo López, generando un bloqueo comunicacional impresionante, que concluye en la carcajada final de Diosdado Cabello. 

Quizás a usted no le vaya a gustar esto que voy a decir pero antes de atacarme, recuerde que eso es precisamente lo que quiere el gobierno, que nos destruyamos entre nosotros, que nos dividamos, que nos fragmentemos. Así que le vuelvo a pedir que respire un momento. La absurda idea de las Puputovs y el actual escándalo de los Escraches a los políticos en el exterior son acciones pensadas desde los laboratorios comunicacionales del Estado. Arriba escribí sobre la absoluta hegemonía en medios del chavismo y de la importancia de la red en la rebelión. Y si sumamos esos dos elementos con las estrategias clásicas del comunismo radical, nos encontramos en un laberinto donde la disputa principal se reduce a quien domine los hechos, dictamine la opinión pública y tenga entre sus manos esa abstracción llamada verdad.


El gobierno de Nicolás Maduro —y todos lo que se encuentra atrapado en su jaula— no se sostiene en dicha verdad, sino en la interpretación/manipulación secundaria y emocional de la misma; en eso que los teóricos actuales llama posverdad. Si analizamos con detenimiento, las puputovs pasaron de ser un meme aislado y una irracionalidad en la protesta, a una escatológica propaganda contra la oposición, dirigida además para fortalecer la moral de la GNB, que justo en esa misma semana, habían comenzado a presentar quejas, irregularidades, incluso con efectivos pidiendo la baja y rechazando el conflicto. Apelaron a la emocionalidad causada por la humillación de los manifestantes al lanzarse al río Guaire y sacudieron en el ejército la duda de injusticia y atropello frente a varios días de ejecutar maniobras represivas contra marchas pacíficas. ¿Quiénes fueron los que viralizaron por todos sus medios y cuentas RRSS la idea de hacer armas con mierda? ¿Los líderes opositores y sus partidos? No. Fueron todos los funcionarios y cuentas del estado. Tristemente más de uno —desde el que literalmente cagó en una bolsa en su casa hasta el dirigente opositor que le hizo gracia el asunto-— cayeron en la trampa.

Igual ocurrió con el Escrache. Justamente este mes la oposición había logrado consolidar espacios a nivel internacional, con el apoyo de países que se mostraban escépticos en el Asunto Venezuela. Contextualizaron el conflicto en instancias importantes, engrasando mecanismos de presión. Entonces, casualmente, desde las mismas sucursales chavistas en distintos países del mundo, se lanza el pitazo de una serie de eventos y conversatorios llenos de provocadores y demagogos de la peor calaña en favor de la dictadura y, de una sola vez, pasan de tener un foro nulo con protestas simbólicas en las puertas de sus teatros a un salón lleno de toda la izquierda local apoyándo el mito de Chávez, frente a una manifestación agresiva de centenares de ciudadanos venezolanos indignados y molestos. 

Esa agenda tiene varios fines. El primero se sostiene en el poco contexto que hay de nuestro conflicto en el exterior, ya que en ningún momento a nivel internacional el chavismo de Maduro se ha presentado con posturas autoritarias y agresivas típicas del comunismo (como sí lo hizo Cuba en su momento o como lo hace Corea del Norte) sino todo lo contrario, se asume a sí mismo como víctima y mártir, como un gobierno democrático atacado por intereses injerencistas y extranjeros. Y tomando en cuenta que la principal denuncia de la oposición es la violencia y la muerte provocada por la dictadura ¿Cómo le explicas a un francés, a un alemán y a un español que aquellos que gritan y trancan ilegalmente la calle son los que tienen la razón? ¿Cómo comentas en un lobby político que esos emigrantes que dañan vehículos oficiales y acosan funcionarios son los que defienden los derechos humanos? No todo el mundo entiende lo que está pasando en nuestro país y peor aún, muchos venezolanos tanto en exterior como adentro del territorio, les cuesta comprender las dinámicas legales y de protesta en otros lugares.


No es lo mismo trancar tu calle en un país anárquico como Venezuela, que hacer un escándalo en una plaza de Berlín o en una Universidad en Panamá. Y allí viene el segundo fin de los escraches: Perjudicar la imagen de los venezolanos en el extranjero y fichar a los líderes y organizaciones opositoras que desde afuera están colaborando de distintas maneras con La Resistencia. Desde afuera se está haciendo más presión de la que creemos y la diáspora venezolana es enorme, y pese de todos los obstáculos que se puede encontrar, surge y prospera con mucha velocidad. Es horrible decirlo, pero el gobierno también desea con todo su ser destruir a quienes no están en el país. De allí viene esa propaganda patriótica de quien no está en Venezuela no puede hablar de ella y ahora, apelando a la frustración y el dolor de nuestros ciudadanos en extranjero, coacciona a las autoridades de los países en que residen a repensar sus políticas migratorias con nuestros paisanos, ejecutar amenazas de deportación, negar visado, no restaurar permisos temporales de trabajo y ensuciar la imagen de nuestro gentilicio con el cuento de que además de vivos y tracaleros, son también guarimberos y violentos. 

No es el escrache y su dinámica en sí —porque a mi juicio claro que podría funcionar y golpear con fuerza— Sino la manera en la que se ejecuta. ¿Qué causaría mayor impacto?: ¿Trescientas personas gritando y escupiendo a políticos afuera de un foro o esa misma cantidad de ciudadanos acostados en silencio en el suelo, cubiertos de sangre frente al edificio diplomático y, que los políticos para abordar sus vehículos, tuvieran que caminar entre ellas muertos de asco? Un conferencista no se destruye con gritos, un conferencista se destruye negándoles los aplausos. Un foro no se aplasta arrasando con el lugar, sino llevando pruebas y defendiendo ideas. La izquierda chavista en otros países está sumamente consolidada y se puede confrontar sin problemas. Y créanme, en esos países no necesitas quemar un caucho para que tus argumentos sean escuchados. ¿No vieron el impacto que causaron los deportistas pronunciándose, realizando simples gestos de protestas, para que nuestra lucha le diera la vuelta al mundo? ¿O cómo silenció la arrogancia de Tarek William Saab el regaño de su hijo, callándolo por casi tres semanas en las redes sociales? Allí viene el siguiente punto: luego del vídeo del Saab hijo, aparecieron este montón de clips CREADOS Y TRANSMITIDOS por el estado (el primero de la hija de Jorge Rodríguez, dame razón) en donde los familiares de los funcionarios en exterior son “víctimas” del acoso y el bullyn, generando inmediatamente cacería de brujas. 

Yo lo entiendo, claro que da demasiada rabia y dolor ver cómo el linaje entero de un montón de corruptos y asesinos viven en paz bien lejos del candelero ¿Pero cómo le explicas tú a un australiano o a un norteamericano que viajar o estudiar en el exterior es un privilegio de una logia selecta y no algo que hasta la hija más hippie del panadero puede hacer ahorrando unos meses? ¿Que esa chama o chamo venezolano que lucen tan tranquilos y pacíficos en el salón de clases, están compartiendo pupitre en tu universidad porque cientos de miles de personas se quedaron sin comida esta noche? repito, debemos ver las cosas en contexto y mantener la lucidez. Antes de atacar a un líder de oposición que pide que no realicen estas acciones, reflexione en cómo estos hechos pasaron de ser aislados a convertirse en virales y sobre quiénes son los que mueven los hilos para que ocurran. Pregúntese también si precisamente ese resentimiento que usted está mal dirigiendo a sus representantes, no es un cuchillo que le está colocando en la mano la misma dictadura para que nos devoremos entre nosotros. Yo sé cómo se siente querer desahogarse o sentirse desbordado, pero si queremos salir de esta, debemos recordar que distinguir la justicia de la venganza es lo que separa en este mundo tan cruel a los hombres buenos de los malos.


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1 comentarios

  1. Wow. Excelente artículo hermano. Demasiada verdad y sensatez que no podemos ignorar si deseamos cambiar las cosas. Mis respetos para ti y con tu permiso procedo a compartir esta información.

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David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
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David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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