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Flashbacks del camino: playlist de Os

12:09 a. m. FloraFrancola

 Valle de Mifafí, Estado Mérida. Venezuela.



Si no estoy en aquel sitio,
Búscame en otro.
Te espero,
En algún sitio estoy esperándote.
Walt Whitman


Llenar la mochila, esbozar planes, apuntar en la bitácora las andanzas de cada trayecto; estos son los itinerarios constantes con los que Osjanny Montero ha cargado al menos tres años. Lleva cámara en mano, libreta en su equipaje ligero, y en cada regreso vuelca las experiencias en su blog Losviajesdeos, espacio en el cual encontramos una mixtura de colores y paisajes, guías para no temerle al camino, relatos, fotografías de personas, de pueblos, naturaleza virgen y platillos tanto exóticos como tradicionales.

Os nace en Venezuela, vive un par de años en Buenos Aires pero no se queda una con la palabra "definitivo". Lo que aprende en sus trayectos, lo comparte en el blog para sembrar en sus lectores la curiosidad nómada; es mi caso y espero que el de muchos. De los lugares siempre tiene algo para contar, de los nuevos conocidos, las personas en la ruta o los que le ofrecen un poco de calor de hogar. Con ella he recordado que mas allá del esplendor de la naturaleza, viajando conseguimos personas que pueden cambiarnos la vida.

Con todo esto en mente, se me ocurrió pedirle una lista de canciones que estén de algún modo vinculadas a lo que ha aprendido estos años de camino, a lo que respondió con una serie de flashbacks, polaroids de montañas y besos inocentes sobre la grama.


Para viajar, mientras preparo la mochila:

1. «El necio» Silvio Rodríguez

No importa si estoy en casa o internada en una montaña, escuchar los primeros acordes de esta canción es siempre un despertar. Empecé a escuchar a Silvio como a los 15, y hasta hoy sigue siendo mi poesía musical más querida, la que me devuelve a mis orígenes y me llega profundo, al corazón, al fuego propio y a esa necedad de seguir soñando travesuras y vivir sin tener precio. Para mí, la de Silvio es una revolución que va más allá de la ideología que todos conocemos, es una convicción propia, es un canto de libertad; por eso antes y durante mis viajes sus canciones me cantan desde la memoria, como una voz que me incita a continuar camino. Y, aunque «El necio» es una especie de himno para mí (mi amiga Desi me hace burlas porque así estuviera en una reunión, si sonaba esta canción me olvidaba de todo y cantaba a los gritos), podría pasar todo un día con la música entera de Silvio. ¿Qué me dicen de «Sueño con serpientes»«Al final de este viaje» y «Óleo de mujer con sombrilla»?

Altiplano Andino. Bolivia.

2. «Cuando pase el temblor» Soda Stereo

Con esta canción pasó algo curioso: vivía en Buenos Aires y me quejaba a veces porque no encontraba huellas de Suramérica en ninguna parte; sé que puede parecer tonto, pero mi cabeza a veces manda unas señales raras. La cosa es que me hacían falta los colores, la gracia de la gente. Cuando viajé a Jujuy (Norte Argentino), me sentí enormemente feliz. Allí estaba la Argentina que necesitaba hallar, la de los tejidos coloridos y las humitas calentitas. La de las fiestas y carnavales. Entonces, vi el vídeo de «Cuando pase el temblor» (no lo había visto a mis 24 años. Inexplicable) y entendí todo.



Parque nacional el Cajas. Ecuador.

3. «Canción para el viento»  Perotá Chingó

Los chicos de Perotá hacen música con cualquier cosa. Mientras viví en Argentina los vi más de tres veces y nunca me cansé; eran una suerte de viaje energético para cerrar los ojos mientras el charango o las cuerdas de la guitarra sonaban. Esta canción para mí es especial porque si en algo me abstraigo es al escuchar el viento, y mientras más fuerte sople y me congele la cara, más emoción me causa. Una anécdota mientras caminaba entre las rocas de El Cajas (Ecuador) es que siempre me detenía al llegar a una de sus doscientas lagunas, y en una de esas susurré: cuando caigas en mi charco / voy a sumergirme en vos / mirando en el reflejo / voy a sumergirme en vos. En el reflejo estaba yo, pero mi mente estaba cantando, mientras mis manos se congelaban.

Choroní. Estado Aragua. Venezuela.
4. «Todo se transforma»  Jorge Drexler

Un segundo himno para mí es esta y otras tantas de Jorge; pero es que esta me la imaginé como una película en la cabeza, desde la primera vez que la escuché, caminando por Pueblo Nuevo (San Cristóbal, Venezuela), de la mano de un amor, con los audífonos puestos y los pies saltando charcos. Me imaginaba a Salvador de Bahía, Torino y La Rioja, y a Drexler buscando mis zapatos debajo de la cama. Ahora, cuando viajo y vivo noches solitarias, cuando miro las estrellas pero estoy sola, siempre recuerdo aquella infantil escena que terminó idílicamente sobre la grama, con un beso. Pero ya no quedan espacio para las lágrimas, porque si algo enseña Jorge es que todo tiene un propósito y nuestras acciones nos transforman, sin pérdidas, sin lamentaciones.


Uyuní. Bolivia.

5. «Tonada de luna llena» Simón Díaz

Al tío Simón lo escuché en una combi camino a Las salinas grandes de Purmamarca (Argentina) y temblé de emoción. Después se repetiría en una versión electrónica en otra combi, regresando de El Gran Salar (Bolivia), con hojas de coca apiladas en la boca que por poco escupo para decirles a los demás "Escuchen, ¡Él es venezolano!" No es que defienda los nacionalismos o patriotismos («Mi casa es el mundo» dice cierta canción, y yo le creo), pero con las tonadas de Simón yo siempre quiero volver para ver un amanecer en las llanuras venezolanas. Yo tengo la ropa limpia / ayer tarde la lavé / luna / luna. Qué simple parece, pero también creo en la belleza de las simples cosas.


Parque Nacional de Cajas, Ecuador.

6. «Tremantra» León Larregui

Cuando pensé en México por primera vez, recordé a Zoé (y a Chavela, claro), y navegando en redes me enteré de que León Larregui hace unos vídeos hermosísimos y tiene par de discos como solista, con unas letras que a mí, particularmente, me provocan delirios. Aunque a veces pueda pasarse violentamente a lo cursi y cliché. Tremantra me conquistó por su comienzo: Oh señor de las galaxias / rey del tiempo / escucha mi voz / mi corazón y después lo terminó de hacer con Oh princesa /madre tierra /amarra mis raíces al suelo / no me dejes ir/. Ahora recurro a su melodía cuando necesito hacer oración mientras miro por la ventana de algún bus.

Barra de Valizas. Uruguay.

7. «Hasta la raíz» Natalia Lafourcade

Natalia es un arrullo, una vocecita dulce para irse a dormir y recordar que alguna vez fuimos niños. Me causa mucha ilusión verla con sus flores, sus vestidos, y alguna vez hasta me parece que la vi tocando un cuatro en un vídeo. El asunto es que ella ha sabido explorar el folk latinoamericano hasta fusionarlo con el pop, saltando de su vieja «Cursis melodías» al regalo más reciente «Tú sí sabes quererme». A propósito de Cursis melodías, no es que me guste mucho la canción, pero siempre que veo el vídeo me siento la niña del globo en bicicleta. Es eso, lo de Natalia, es un viaje hacia la infancia.


La Pedrera, Uruguay.

8. «Convoy»  Gustavo Cerati

Fuerza Natural es un disco imprescindible para mí, porque cada canción me propone un viaje diferente, con escenas surreales que me hacen imaginar que duermo sobre nubes de una galaxia infinita. Un convoy es un grupo de autos que viajan juntos para darse compañía. Una vez conocí a un chico (justamente en un tren, como dice la canción), y con él viví un viaje místico, una transición que solo puedo explicar con cada estrofa de esta canción. Además para mí no hay voz más sensual que la de Gustavo; entonces nada más canten: dentro de un volcán / ardimos de pasión mineral / Nadie supo lo que nos pasó / ahora somos polvo cósmico.

La Habana. Cuba.

9. Thievery Corporation

Saudade y The richest man in Babylon son mis discos favoritos, porque me cantan en francés, portugués, español e inglés; porque son bossa nova, jazz y guitarra eléctrica. Son mixtura y eso es el mundo. Llegué a ellos escuchando la melancolía de Low y su álbum «I could love in hope», y terminé cantando eufórica: nuestra persistencia / y nuestra alegría / identifican nuestra raza latina…paz /paz / paz pide la gente. Un canto de utopías y de integración, con ritmos que te llevan de Cuba hasta India, y te hacen mover las caderas en un intento de danza árabe. Me gusta Thievery porque son multiculturales.

La Paloma, Uruguay.

10. «Imagine»  Jonh Lennon

Otro himno, pero este no es solo mío, es de millones y no necesita mucha explicación. Nothing to kill or die for /and no religion too  / Imagine all the people  /living life in peace ¿Puedes hacerlo? Yo, siempre.

Geiseres, Uyuní. Bolivia.



Acá te dejamos el playlist completo:




Todas las imágenes son propiedad de Osjanny Montero.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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