Crítica Literaria Daniela Nazareth

Cinco jóvenes poetas falconianos que debes conocer (Parte I)

11:42 a. m. Daniela Nazareth

Cortesía de Leo Díaz, 2016


Primeras visiones-.

Escribo desde un lugar que, a lo lejos, podría parecer que lo tiene todo. Permítanme explicarme un poco, como quien descubre parte de su realidad por primera vez: al sur, las montañas a bajas temperaturas con haitones (cuevas verticales infinitas). Al este, panoramas bucólicos y las playas más azules del país. Al oeste, el inmenso sopor de los pueblos y pequeños caseríos que parecen haber sido olvidados por Dios. Y al norte, desierto, una refinería y el Mar Caribe. Me encuentro en el centro, en Coro, una ciudad en parte colonial fundada en 1527; desde acá, les juro, todo alrededor resulta un gran espejismo.

La poesía falconiana dista mucho (a la vez que se ramifica entre sus variaciones internas) de la poesía nacional. Y no, no me refiero a ideas reduccionistas como “el escritor está condicionado por su entorno”, puesto que estamos en el siglo XXI y sería penoso que planteara tal argumento. Hablo sobre el evidente peso hereditario que recae en la poesía falconiana contemporánea (atreviéndome a generalizar para no extenderme demasiado) y que es a mi parecer, un poco comprensible: primero, fuimos criados bajo el catolicismo-cristianismo (por ser quizás después de Mérida, una de los estados más católicos del país). Segundo, desde la educación primaria hasta la secundaria –casi nunca laica- se nos exigió estudiar temas de gran contenido histórico-colonial. Recuerdo en una ocasión, por ejemplo, haberme vestido de dama antañona para la defensa de un proyecto final de curso sobre la Zona Colonial de Coro. De más está decir que para mí fue una experiencia maravillosa. Y tercero, la literatura falconiana (el poeta, en particular) tiene una posición importante en nuestro estado. Tanto así que, la universidad (en el caso de la especialidad), exige como materias obligatorias: Literatura Falconiana y Seminario de Literatura Falconiana. 

Como verán, el peso de la tradición es abrumador. ¿Cómo podría negar a mi adorado Elías David Curiel? o a Lydda, Polita De Lima, Fernández Oviol, Rafael José Álvarez, José Barroso, Raquel Tirado. Habito una ciudad de poetas, sí, pero también es una ciudad llena de fantasmas, de alucinaciones, una ciudad que puede lograr absorberte en totalidad, secarte, hacerte echar ramas, para luego abandonarte en una negrura insondable. Todo acá es onírico. Parece transcurrir bajo el letargo, un andar lento y cansado o haberse detenido por completo. He allí la razón de seleccionar con pinza a quienes considero los poetas falconianos más representativos de mi generación, y darle un giro a todo lo que hemos construido en nuestro pequeño status quo. Es hora, colegas, de subir el telón, arrojarnos al mar, quitar el polvo y dejar espacio para la luz.


Cristina Gutiérrez (Coro, 1988)

Si usted emprende estudios de Literatura Falconiana, luego de hacer un recorrido no muy breve desembocará en la obra de Cristina Gutiérrez, quien representa en la actualidad, una de la voces más apegadas a la tradición literaria en Falcón: lo sagrado y la casa-iglesia como lugar de enunciación. Sí, Cristina es una de las poetas más importantes de esta generación. En el año 2015 resultó ganadora de la Bienal José Antonio Ramos Sucre, con su primer poemario «Estatua de Sal», y justo ahora reside en Brasil, siendo doctoranda de Literatura Comparada en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Como investigadora de Literatura Venezolana, no puedo dejar de preguntarle sobre cuál es el vicio que considera más relevante en el panorama literario nacional actual: «No sé, creo que es muy pronto para cotejar vicios y virtudes definitivos. Un poco más de tiempo y podremos hacer inventario». 

Luego de tantas conversaciones sobre literatura que hemos compartido, indagar sobre sus influencias y las de su generación podría parecer innecesario, pero prefiero que sea ella quien las mencione: «Son muchas. De la poesía venezolana personalmente tengo nombres que hacen eco permanentemente: Jacqueline Goldberg, Lydda Franco Farías, Luis Alberto Crespo, Igor Barreto, Vicente Gerbasi, Hanny Ossot; pero creería que mi generación está más cerca de voces como las de Miguel James y Miyó Vestrini. Hay excepciones, claro. Las listas y generalizaciones siempre son problemáticas.»

Hay una Cristina que escribe desde el desgarre, desde la desaprehensión sosegada de un constructo moral y religioso, desde la descolocación. Pero es esa misma Cristina «que va a la universidad, que cruza las calles, que se toma un café con un amigo», que escucha con solemnidad cuando es necesario y también habla de frente, sin máscaras, propio de las personas de tierra caliente. La voz de Cris es sólida y auténtica; de seguro sabrá ganarse un lugar muy importante en la Literatura Venezolana.


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Cristina Gutiérrez forma parte de la antología «Amanecimos sobre la palabra» (2017) junto a otros jóvenes poetas venezolanos, publicada por TeamPoetero Ediciones, con selección y prólogo de Oriette D'Angelo. 
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Twitter: @Crisistinadgl



Luis Daniel Ramones (Punto Fijo, 1987)

Luis Daniel Ramones publicó su primer poemario «Madrugada» el año pasado, es profesor de “Taller Literario”  en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Magister en Orientación Educativa, doctorando en Ciencias de la Educación y miembro fundador del Encuentro Literario de Jóvenes Creadores (siendo el organizador principal de la I, II y III edición). Quizás se deba a ese contacto íntimo con la literatura (academia - escritores jóvenes) y lo urbano (rock’n’roll, bares y la ciudad de noche) que ha logrado establecerse en la segunda faceta de la Literatura Falconiana contemporánea: la salvaje, naturalista y underground; una constante en autores como Antonio Robles, por ejemplo (que a su vez deriva del poeta trinitario-venezolano, y desaparecido, Miguel James). Sobre esto, me cuenta: «Mi generación idolatra a Goldberg y yo ni pendiente. Creo que yo me quedé más en el realismo sucio, quizás leí demasiado a Bukowski, o Miguel James, tal vez hasta algo de Ossott. Guardando las distancias, claro. Pero eso. Leí a Bukowski y escuché a Jim Morrisson. Algo de Cobain. Mucho cine. Sin duda mucho cine, pero más en lo conceptual o argumentativo que en lo visual».

Todo en la poesía de Ramones parece cantarle incluyendo guturales a la noche, al lúpulo, a la mujer-objeto-animal, a los fantasmas. Por lo que podríamos preguntarnos ¿Qué lo destaca entre muchos escritores de su generación que enuncian desde los mismos lugares? ¿Qué lo hace relevante? Pues, que este, partiendo de tales referentes, logra configurar un espacio-entorno inhabitable, la ciudad que se devora a sí misma, que parece consumida por la sal y hundirse en una pesadilla propia e infinita. 


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Eva Tizzani (Coro, 1995)

Eva es estudiante de Idiomas en la Universidad Central de Venezuela y una de las más jóvenes de esta entrega. Sin embargo, ha sabido abrirse paso en la movida literaria de Coro, conocida por su elegancia y sus versos influenciados por la obra de Lydda Franco Farías: « La poesía de Lydda me ha enseñado que las mujeres tienen una voz dentro de la poesía, y no es una voz blanda sino una que puede dejar fusilado a cualquiera». Aunque tímida al mostrar su trabajo, demuestra un compromiso real con la palabra. Tizzani emprende una búsqueda hacia sí misma, particularmente una búsqueda hacia el cuerpo, un darle forma al padecer de este, ya resulte mar, bestia o la Eva dentro del cristianismo: «La Eva que habla desde lo poético es una Eva que le duele el mundo.» 

Luego de un par de años dedicándose a la actuación teatral, decide dar inicio a su obra poética partiendo de la representación del ser en un plano distinto, de la melancolía, del tedio de ver las cosas caer o derrumbarse, del desapego. He allí la transformación y necesidad de una Eva dolorosa e impúdica que pronuncie lo innombrable: «Cuando escribo me convierto en una Eva desangrada que el único silencio que se permite es el de la poesía. Me atrevería a decir que no hay límite cuando se tiene muchas cosas que decir.» Tizanni es un apellido que escucharemos en conversaciones sobre teatro o poesía contemporánea en un futuro próximo, con seguridad.

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Liwin Acosta (Coro, 1990)

Partamos del desasosiego, de quien gira constantemente a su inicio, a la infancia primera, y acumula pequeñas piedras brillantes otras más opacas de la memoria bajo la almohada para recordar quién es, para huir del desamparo, del insomnio. Quizás eso podría acercarse a la poesía de Liwin Acosta. Idea que he confirmado al preguntarle ¿Quién es ese Liwin que (se) habla desde lo poético y qué busca?, puesto que como quien es dueño de una certeza íntima, me explicó: «Un adulto, que va descubriendo capas buscando al niño que fue, mi trabajo está vinculado con la necesidad de no alejarme de ese niño, mi poesía se esfuerza por ser un puente entre ambos.»

Acosta es Licenciado en Educación en Lengua, Literatura y Latín en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda y se encuentra estudiando Medios Audiovisuales en la Universidad de los Andes. Desde joven ha tenido tres grandes pasiones: la poesía, el cine y el basket. «La poesía y el cine se bifurcan en mí por razones materiales, pero luego se encuentran por razones sentimentales. Son solo vías diferentes de mi permanente deseo de expresarme a través del arte». Tuve la oportunidad de leer algunos de los libros inéditos de Liwin y no, no hay duda de que el basket también es una referencia importante en varios de ellos. Este autor puede enunciar desde un espacio urbano, enfrentarse con el tiempo, la soledad y el descalabro, luego situarse en un plano onírico y lleno de ternura, para desembocar en el polvo y la ceniza. La poesía de Liwin Acosta da para mucho, una constante búsqueda en el lenguaje, un recorrido humano y sincero.

Finalmente, le pregunto si existe algún hogar más allá de la ceniza. 

«Siempre hay un hogar más allá de todo: la voz de tu madre, la sonrisa de tu hermana o los ojos de tu padre, las plazas de tu ciudad, el mar...»


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Liwin Acosta forma parte de la antología «Amanecimos sobre la palabra» (2017) junto a otros jóvenes poetas venezolanos,  publicada por TeamPoetero Ediciones, con selección y prólogo de Oriette D'Angelo. 
Twitter: @Liwin17


Angélica Guevara (Tacuato, 1996)

Al acercarme a la poesía de Angélica me sorprendió reconocer que, en medio de la inmediatez propia del siglo y una generación de poetas venezolanos que parece mirar solo hacia dentro, todavía existiera al menos una pequeña muestra de poesía que se opusiera a esto. Guevara me envía tres poemas, como quien ofrece sus retratos más preciados, y no es para menos, puesto que esos versos son el reflejo de quien parece observar en secreto su entorno desde una distancia mínima , desde el sopor de una ciudad inamovible, desde la intemperie. Esta poeta hace una reflexión maravillosa y sencilla de lo que habita fuera de nosotros; nombra al aire seco, a las gotas de la sequía, a las casas carcomidas por la sal, a las horas del mediodía. Todo como quien lo ha visto repetirse miles de veces.

Actualmente, cursa los últimos semestres de Educación, mención Lengua Literatura, y Latín en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda  y ha participado en diversos recitales en Falcón y otros estados de occidente. Sobre su búsqueda en el lenguaje y la relevancia que tiene el espacio que habita en sus poemas, me cuenta: «Apenas hace unos meses entré en conciencia de lo que significa escribir de forma seria, sentir, pensar la poesía. Soy el eje principal en conjunto con mis lecturas, mi entorno, mi constante divagación-retorno». Además confiesa, con mucho pesar, que tiene muy poca influencia de poetas porque es, principalmente, una lectora de novelas. Sin embargo, considero que tal realidad contraria a ser penosa le hará destacar en la poesía venezolana contemporánea. Se trata de un trabajo pulcro y honesto, que aunque comienza a tomar forma, de concretarse podría resultar muy importante.

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Twitter: @aagasinhache





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1 comentarios

  1. Interesante. ¡Saludos corianos! A pesar de los pesares, en Coro, se escribe poesía y se sueña con mejores días.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
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Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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