David Parra Series

Sobre la importancia de contar historias: «The OA»

12:10 a. m. David Parra



«The biggest mistake I made was believing 
that if I cast a beautiful net, 
I’d catch only beautiful things»
— Prairie Johnson (the OA)


Lo primero que ocurre con «The OA» es intentar entender qué carajos estás viendo. Los productores la vendieron como una serie secreta de Netflix con toques de triller, misterio y ciencia ficción, que posiblemente podría convertirse en el siguiente tubazo de la cadena online. Sin embargo, tratándose de Brit Marling y Zal Batmanglij —dos inteligentes y rebuscados directores jóvenes de ci-fi indie— el resultado podía ser cualquier cosa menos lo esperado. Eso es bastante audaz para una productora que no da puntada sin dedal, arriesgándose 50/50 a ser un éxito rotundo o fracasar estrepitosamente. 

A mi juicio, The OA es la primera serie pensada y escrita para internet que resulta realmente original. Ojo, no quiero decir que sea la mejor de todas, sino que me resultó bastante orgánica, sencilla y atrevida al contar una historia que fuera de contexto podría ser el bodrio más parodiado del año. Eso es algo que respeto, ya que la ficción internacional pasa en estos momentos por algo que llamo “La crisis de la homologación”, donde cada producto —libros, música y películas— se mantienen en un estadio de confort, y las comparaciones y referencias generadas del diálogo con otras obras los sostienen como una inmensa red en la que el consumidor recibe miles de veces el mismo ítem pero en diferentes empaques. Esto está causando un enorme pozo de historias vacías, de estéticas maniqueas que pueden llevar a la creación directo a la mediocridad más completa. The OA no se complica y con todo y desaciertos, sale por poquísimo a flote entre el enorme mercado de series norteamericano. 

La producción cojea en ámbitos script; los guionistas y directores argumentan que pasaron más de dos años pensándola y escribiéndola pero al parecer el resultado final se diluye en copy y paste de sus propias referencias —Another Earth (2011) / I Origins (2014)— con huecos argumentales del tamaño de jupiter. Huecos que quizás estén a propósito, pero por la torpeza del desarrollo uno no le da crédito a la sospecha. 

Si pensamos la serie desde su argumento esta se divide en tres niveles: La historia de Praire —una muchacha ciega que regresa a su pueblo con la vista intacta luego de estar desaparecida por siete años— y su relación con cinco mitfist —cuatro adolescentes y una profesora— a los que escoge para que escuchen la historia de su retorno y el porqué de su milagro; la subtrama de los cinco rehenes con dones especiales atrapados junto a ella en el sótano de Harp el científico (quien experimenta con ellos tal cual ratas de laboratorio durante media década) y el viaje onírico-dimensional de Praire entre la vida y muerte, adentrándose múltiples veces a la estancia de Kathum, su guía espiritual y totémico. 

La cohesión entre estos tres argumentos se sostiene por el relato central que la protagonista cuenta, uno que por su naturaleza ensimismada y benevolente cedes a creer al principio pero que luego comienza a descoserse poco a poco. La cuestión es que, darle tanto peso a un solo personaje para que lleve el argumento de la historia es un error de principiante —esto también ocurre en “Westworld” con la figura de Anthony Hopkins— ya que los otros caracteres quedan como piezas de relleno, incluso teniendo suficiente potencial como para distribuirse el peso de la línea argumental. 

Sin embargo no todo es tan malo. The OA apela a la sencillez de aproximarse a una historia con la ingenuidad y simplicidad de un niño o con los ojos olvidados de las sociedades ancestrales. Desde el principio de la serie se extiende una extraña aura de inquietud, una atmósfera ominosa que sugiere que algo va a salir mal en cualquier momento. Fue al llegar al último fotograma que entendí que dicha calamidad ya estaba planteada desde el principio, que toda la serie iba de cómo Praire, con sus dones de empatía e intuición, intentaba salvar a los cuatro chicos y a la profesora de sí mismos, de que cada uno de ellos (con sus tristes y solitarias circunstancias) pudo ser a final de cuentas quien desatara el desastre. 

Praire asume una postura mística de chamán y profeta, impulsándolos a experimentar una fe que ni ellos mismos sabía que existía, vinculándose en una suerte de comunidad tribal que desarrolla sus propios ritos y códigos. Pero lo más importante: Praire cuenta historias. Y las relata exactamente con la misma estructura de los mitos de los antiguos: primero desde la postura de víctima, luego testigo y posteriormente de santo. Praire es una santa, que bajo la premisa del milagro —antes era ciega y ahora puede ver— da credibilidad a su relato. 

Claro, eso no cambia que su realidad material sea distinta, que no haya estado secuestrada y no haya perdido a quienes ama en el proceso. Por ende lo que nos cuenta a lo largo de los capítulos es empleado a manera de parábolas, de ejemplos prácticos, donde los dos grupos de personajes que la escuchan hacen espejo: los niños perdidos se identifican con sus pares atrapados en el sótano de Harp; explorando así sus propios sentimientos y emociones a través de ellos.

Uno de los temas en torno a los que gira la serie, es el hecho de depositar el trauma en el otro, para que la carga sea más ligera y así tener suficiente distancia para analizarlo con perspectiva. Esa siempre es una de las funciones primarias de los mitos y las religiones: servir de vasija para decantar y purgar nuestras inquietudes y miedos, hacer catarsis y como dice Nietzsche, hacer la vida más sencilla de llevar. Me recordó muchísimo a «La Princesita» (1996) de Alfonso Cuarón y «La Vida de Pi» (2012) de Ang Lee.

Una de las cosas más curiosas que noté es que toda su base místico-religiosa esta cimentada en algunos de los autores más significativos del realismo mágico latinoamericano. Ecos de «Doce Cuentos Peregrinos» de Gabriel García Márquez (especialmente de «Solo vine a hablar por teléfono» o «El rastro de tu sangre en la nieve») son reconocibles de inmediato, pero toda la mitología de los viajes dimensionales más allá de la existencia, son presentados bajo premisas borgianas: la idea de la tierra de los inmortales, el lenguaje dios y el laberinto de Borges son el centro de las motivaciones de los protagonistas. Incluso Harp el científico, cuando intenta explicar que hay más allá de la muerte lo resume todo a una suerte de jardín con senderos que se bifurcan, literalmente. 

Si estás buscando ver una serie de misterio o un triller interesante, The OA te parecerá un culebrón con trasfondo de Coaching y danza interpretativa que le tira durísimo a los países comunistas. Pero si no te molesta la ciencia ficción religiosa y te emocionan las historias sencillas, te puedo asegurar que te conmoverás con los últimos tres capítulos, donde son pequeños actos de amor los que abaten la violencia y la oscuridad.



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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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