APLPorcs David Parra

El curioso mundo en miniatura de Venezia Malavé

2:13 a. m. David Parra



«Meraki» es de esas palabras intraducibles a las que cuesta buscarle equivalente fuera de su propio idioma. Proviene del griego moderno y se refiere a esa sensación de sincero entusiasmo al hacer algo con amor, poniendo el corazón y la voluntad en ello. La belleza de la creatividad, esa que sin más motivación que la creación misma pretende solo obtener la maravilla del resultado. Con ese bonito enunciado firma Venezia Malavé su trabajo plástico. Un mínimo y hermoso universo capaz de posarse en la punta del pulgar. «Me gusta la sensación que producen las miniaturas en mí. Observarlas es como verme a mí misma en el interior, como si me complementasen. Es difícil de explicar; hacer miniaturas es llenar de alegría a mi niña interna»

Al posar la mirada sobre su repisa de trabajo observamos una alegre fiesta de pingüinos que parece transcurrir sobre una tapa de pintura, pequeñas y entusiastas cabras trepan sobre los bordes de los libros y elefantes casi del tamaño de la cabeza de un alfiler, contemplan el bote de pinceles como si fuera el Empire State. Y así podemos seguir, con solo echar un vistazo a su cuenta de Instagram tendremos unicornios, pandas, koalas, lobos, dinosaurios, cerditos, vacas, aves silvestres y de corral, murciélagos, mapaches, rinocerontes y cada criatura que podamos imaginar en medidas mínimas. Algunos clientes solicitan su animal preferido por encargo, otros homenajean a su mascota o conmemoran a la que ya no está con ellos. Actualmente trabaja en una colección de expresivas muñecas y tiernos cachalotes de trapo. Todas las piezas son guardadas con detalle en pequeñas cajas hechas para la ocasión y enviadas para causar alegría y maravilla. «Me encanta la manera en que las personas reaccionan ante mis obras porque veo felicidad en sus rostros. Me gusta llevarlos a un lugar hermoso y olvidado en un cajoncito de su alma, alimentar a su niño interior con un poco de alegría y ternura».


Venezia estudia arte en la Universidad de los Andes. En sus talleres crece, reflexiona o experimenta. Su visión va más allá de esa rigidez en los estudios estéticos que simplifican lo plástico a un hecho sistemático, donde lo técnico y lo conceptual son el sostén de la obra. Para ella la emocionalidad sigue siendo importante; el amor y la creatividad se entrelazan en el proceso creativo. «En mi opinión, una obra de arte lo es cuando tiene parte de su creador en ella. Cuando te enamoraste de ella en el mismo nivel en que la odiaste por no ser suficiente. Cuando posee más pedazos de ti que tú mismo. Estoy en contra del arte frívolo porque la pasión es lo que me lleva a crear. La relación entre el amor y la creatividad es, más bien, un asunto de entusiasmo. Cuando amas algo siempre lo tienes en mente, así, pues, todo en tu entorno se convierte en una fuente de inspiración para tu obra» 

Arcilla, masa flexible, madera, porcelana, yeso y resina son algunos de los materiales con los que trabaja, variando desde pintura sintética hasta pigmentos más orgánicos. «Me mantengo en una exploración constante de materiales, adaptándolos a la forma que quiero crear en ese momento. En cuanto a la paleta cromática, ha pasado por varias etapas, pero la que me tiene enamorada ahora consiste en colores pasteles opacos, bastante neutros, que inspiran sutileza»


De trato dulce y gentil, nos muestra con la típica humildad andina su pequeño taller. Bocetos a crayón en las paredes, cajas de aluminio repleta de colores, botes hasta arriba de pinceles con las puntas delgaditas, repujadores manchados con pintura y el aroma a café con leche recién hecho en una taza de peltre que sostiene con ambas manos. Se disculpa entre risas por si lo encontramos desordenado como los nidos de las gallinas en el campo. Natural de una pequeña estancia rural a las afueras de la ciudad de Mérida, hay mucho de la añoranza campesina en su obra, de la infancia de pies descalzos en el solar de la casa, de las manos que trepan los árboles o juegan con muñecas hechas de trapo, cordel y remiendos. 

«Cuando veo lo que hago pienso en los objetos con los que me habría encantado jugar de niña; de manera que si pudiese viajar al pasado y mostrarle mis obras a la Venezia de 8 años, la vería sonreír y me sentiría muy feliz.» Con sencillez explica que sus mayores influencias son las personas cercanas a su vida, la familia y los amigos que la rodean. Adora la ilustración, el cine animado y los libros infantiles. Su trabajo es limpio, sincero y natural, transmite tantas sensaciones complejas como recuerdos y querencias, que resulta casi imposible no sostener una sonrisa al aproximarse a sus piezas. «Al alma hay que alimentarla de cosas que nos hagan felices. Con mi obra, busco tocar el corazón del espectador, recordarle que una vez fue pequeño. Que olvide por un momento todas las preocupaciones que acarrea ser un adulto y se dedique a observar, a través de los ojos de su niño interno, la pieza que tiene en sus manos»








*Todas las piezas y fotos son propiedad y autoría de Venezia Malavé. 2017.


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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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