cine David Parra

Belleza, deseo y crueldad en «The Handmaiden»

1:26 a. m. David Parra


Mucho se ha dicho en la filosofía y la literatura sobre que el deseo es una de las últimas fronteras existenciales humanas y que debido a ello, tiende a rozar con la muerte. El arte por tanto, en su condición de proyección y artificio cultural, pretende de alguna manera atrapar ese eros primitivo, encerrarlo en la representación, castrarlo, para no que no sea alcanzado por el fin material de las cosas. Son muchos los artistas que buscaron esa trascendencia, algunos lograron por poco rasguñarla y salpicarse con esa arrogante idea de eternidad. Sin embargo, por más dorada que sea la jaula, el deseo siempre va a ser mucho más grande, más obsceno, más ambicioso, capaz de pagar cualquier precio por la libertad que representa.

«The Handmaiden» (2016) es la hermosa y violenta batalla del instinto primigenio que pide y toma del sexo, la muerte y la carne lo que quiere y necesita —saciándose sin agradecer a nadie ni pedir permiso alguno— frente al cerrado control apolíneo, rígido y morboso, que en su concepción estructurada del mundo pretende capturar para estudiar, monetizar y contemplar aquello de lo que sádicamente se priva a sí mismo. Lo perverso —uno de los motivos principales en la película— se convierte en ese estadio interno y subterráneo, donde confluyen emociones contradictorias, ambivalentes, que al intentar coincidir entre ellas, se reprimen unas a otras. Pero si observamos con detenimiento, son a veces las pulsiones más oscuras —aquellas que parecen sucumbir ahogadas en el inconsciente profundo— las que toman mayor control de nuestras acciones.

Park Chan-Wook plantea su habitual tesis de la crueldad en uno de los metrajes fílmicos más preciosistas de la década. La pureza de la imagen, el dulce tratamiento del color, la espectacular dirección de arte, la delicadeza en sus encuadres perfectos y obsesiva planimetría; generan un festín visual, una trampa sensorial que no nos suelta hasta el último minuto de la cinta. Los personajes están construidos con una precisión milimétrica, ocupando un lugar concreto en ese juego metafísico sobre la naturaleza del ser. Lo dual, masculino y femenino, se ve caracterizado con valores tan disímiles como la envidia, la belleza, el asesinato, la misoginia, la perfección, el amor, la venganza, el respeto, la violencia y la pasión, que en tres arcos argumentales nos hacen girar sobre nuestras propias convecciones y prejuicios, aparatándonos la posibilidad de darle unilateralidad a los caracteres. 

Es impresionante cómo en una época donde la sexualidad se encuentra altamente cosificada, atrapada en los signos construidos por los ejes del poder para mantener en control a una sociedad castrada e infantil, un director se arriesga a realizar una obra orgánica, libertina y adulta, donde revindica la aburrida y plana concepción de lo pornográfico y tabú —tan lejos del arte contemporáneo o tristemente atrapada en los estándares de lo políticamente correcto— y explora desde una fresca y voluptuosa perspectiva aquellas pulsiones escondidas, que a fin de cuentas nos hacen humanos. 


             

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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