Flora Francola Fotografía

Reconstrucción: Maracaibo en fragmentos

8:03 p. m. FloraFrancola


Fotografía Franco Assenza. 


"...muchas veces, después de ocho o diez años de estar viviendo en Europa he tratado de imaginar un doble mío en Buenos Aires y me he preguntado: ¿que hubiera hecho yo en estos diez años que he pasado en París si me hubiera quedado allí?" 
Julio Cortázar. 



En orden de recolectar evidencia de la existencia de una ciudad -bien sabemos que está alli, al occidente de Venezuela, a la orilla del lago- es prudente revisar con cuidado los vestigios en el equipaje, los cuadernos de notas donde algo queda de Maracaibo. Con frecuencia me encuentro haciendo esfuerzo para recordar qué sentía al estar allá, puedo pensar en las calles, saber las direcciones exactas y el sabor de las comidas o bebidas, nada de eso es problema, el juego de la memoria se complica en la medida en la que se confunde la imagen fiel a la realidad y la que se va distorsionando con los agregados del tiempo. 

Me dispongo entonces a recopilar poemas, frases y visuales capturadas en algún momento cercano a la ciudad que comienza a desaparecer, entre la memoria y en el recuerdo; entre prosas, versos, fotografías y dibujos, algo es posible rescatar. Intento asi acercarme a lo que Hesnor Rivera definiría como "caminar sobre el abismo y escrutar el fondo por hallar un resplandor sin nombre, alguna sombra similar a la propia, algún fuego de la memoria derramada en las ruinas". 

Fotografía Iván Ocando.

"Es necesario prenderle fuego a la voz llenar el cuarto de calor para acercarse a tus coordenadas."

Un engaño, la idea de una ciudad que no existe por completo es a lo que refiere Miguel Ángel Hernández, que atraviesa como una zona de guerra sus múltiples definiciones de Maracaibo: la del eslogan político, la de google, la de las canciones de diciembre. Petróleo y calles destruidas, acaloradas, rutinarias y rimbombantes, el punto de fuga donde la protesta y los baches en el pavimento se extienden en el camino a la oficina y de regreso, el sol que incinera la voz, las palabras, lo que quizá ya no vale la pena decir. 


"No hay una ciudad
hay mapas, mapas sobre mapas
planos sin direcciones
solo apuntes dispersiones a lo sumo,
periódicos que recrean un lugar a diario."



Hernández sabe que el camino fue maldito antes de él, con las risas, lágrimas y cervezas en los bares del centro, escribe con el entendimiento de que no va a suceder nada mas allá de la rutina, que la ciudad se volvió un charco de aceite hirviendo y concluye al preguntarse "¿y qué hacemos aquí? /¿y qué hacemos? / ¿aquí? / ¿qué cuál aquí?". Hernández reside desde hace un año en NY, conserva intacto tu acento maracaibero (maracucho) incluso en conversaciones de facebook. 

Fotografía Franco Assenza.

"En las ruinas sobre ruinas en mi nombre.
En la estirpe de los seres del sol amada
En mis rayos irradiando poemas."



La ciudad es una ruptura, el quiebre preciso, el momento del adiós. Ricardo Montiel ya ha reconstruido Maracaibo desde Buenos Aires con la exactitud de un recuerdo percudido por el sol, tanto que solo pueden verse ruinas en alto contraste frente al inventario con el que se mide al habitante. Su trabajo de arqueología a distancia forma una suerte de antecedente para esta editorial.

"El uniforme, el alumno, la rueda, alabanza
El líder, el rito, el conjunto, la moda,
Miami, el deseo, los parques, el himen,
El cura, la misa, la ropa, familia,
El carro, la oferta, la sangre, la feria,
Las uñas, el pelo, la luz, el profeta,
El olvido, la aguja, el estatus, ejemplo,
El ajuste, la tumba, el gusano, la muerte."


Montiel hace una composición donde los ápices de una metrópolis que persigue el ideal sembrado con el petróleo estalla frente a la realidad despedazada por una tradición de políticas corruptas, el paisaje en deterioro, la religión y el juego de estándares sociales. No obstante, aparece modesta una leve esperanza, una proyección que recuerda una ciudad futura; la visión de Montiel atiende un llamado, quizás un regreso.

En el próximo minuto, o dentro de diez mil años,
antenderás un teléfono cualquiera.
Y una voz blanquecina y dulce, te dirá:
“La nevada hizo del lago…
… una inmensa pista de hielo.”




Fotografía Ernesto Perez.

¿Quién ampara esta soledad que no me pertenece? (…) yo no me fui de aquí porque no estoy.

Ausencia de un lugar que quizá no existe ya, no en una idea tangible, sino en la paradoja de la distancia. En "el rastro de gasolina y humo gris que dejó el avión al despegar" Gabriel García no se despide, porque al no estar, sigue caminando descalzo por el pasillo de algún edificio en el Varillal -zona sur de Maracaibo- o sentado cerca de las ceibas enrejadas. En su negación de habitar la ciudad, se mantiene anclado a ella. 

"No me encontraras en la misma banca, no, ni en la misma plaza, ni siquiera me podrías encontrar sentado en la grada de concreto que estaba justo en la pared que daba con la casa de los flores, no (…) En ese pasillo que solía pisar descalzo, sigue pasando fulana de tal y los Somosa, pero yo ya no me encuentro, apenas un rasgo, un rayón de árbol un rastro de sangre en el asfalto he dejado como marca. No espero que nadie me busque por sabaneta porque ya no me encuentro ni yo mismo por esos lugares."

En aromas dulces hace paralelos sensoriales entre el Buenos Aires donde reside y el hogar que no deja de habitar, Maracaibo. García sitúa los detalles con precisión, la tienda donde su padre compraba el pan de piñita, la banca de la plaza o las gradas de concreto, "un rastro de sangre en el asfalto" que remite posiblemente a la infancia aventurera que ha dejado entre los edificios de Sabaneta. Cuando Gabriel escribe, fabrica las calles, el café, las casas con flores como si se tratase de un personaje de Christopher Nolan o los Wachowski, recreando los espacios solo que en lugar de ser capital busca la melancólica tranquilidad suburbana. 

"El olor a pan recién horneado que desprende cada esquina bonaerense trae remembranzas, no me recuerda a la calle frente a la fábrica de los Chinos en sabaneta, ni al colegio el Samán, tampoco me recuerda a la tienda de Chela y sus máquinas traga monedas (…) la panadería el Varillal, pan de piñita, a mi padre comprando, a mi padre llevando, a mi padre partiendo, nada más."



Fotografía Ernesto Perez.

Aquí no puedo preguntarme lo que Cortázar, me es imposible pensarme de nuevo en Venezuela. Mas allá de algún razonamiento sociopolítico o económico, me encuentro encerrada en un presente frío que no ha de mezclarse todavía con la violencia del sol del trópico, no obstante, en los textos y en las fotografías, visito la ciudad que al sobrevolar hizo posible la senda que me trajo hasta este momento a esta editorial, Maracaibo sigue estando a medio construir. 







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Miguel Angel Hernández, 1983. Poemas extraídos de su libro "Oh Loren Ipsum", 2015.

Ricardo Montiel. 1981. Poemas extraídos de su libro "Ciudad Blanca sobre fondo blanco", 2015.

Gabriel García, 1993. Poemas extraídos de su libro "Prosario" próximo a publicarse.

Todos los derechos intelectuales de las fotografías pertenecen a Franco Assenza, Ernesto Perez e Ivan Ocando respectivamente.


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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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