cine David Parra

«High-Rise» el acartonado punk Millennial

1:39 a. m. David Parra




La primera vez que escuché sobre J. G. Ballard estaba en los primeros semestres de literatura y un profesor utilizó el término “Ballardiano” para referirse a la situación política venezolana de ese entonces. Decadente, atroz, surrealista y en cuenta regresiva hacia a la catástrofe, fue la definición que dio cuando le preguntamos a qué se refería. Luego nos asignó leerlo, iniciándonos así con “La Exhibición de atrocidades”, “La Isla de Cemento”, “Crash” y “Hig-Rise” respectivamente. Ballard nos mostró su poética de la crueldad, el decopunk más terrible, hermoso y claro que había leído hasta ese momento. Allí me enteré de que tanto Spielberg como Cronenberg habían bebido de su obra en el cine –por nombrar a algunos, ya que realmente son muchos los que lo han tomado como punto de partida- siendo su lisérgica prosa una de las más influyentes de los últimos treinta años.

Mi encuentro con Ballard me hizo plantearme la idea de que, posterior a la bomba nuclear de 1945, el mundo había reiniciado por completo el cronómetro de su historia. Donde todo lo que devenía luego de la catástrofe era Post-Apocalipsis. El hombre había llegado a la frontera de la sociedad “civilizada” descendiendo a lo más profundo de sus límites culturales, políticos y filosóficos. Después de allí, solo tocaba sobrevivir el degaste. Las sociedades se dividieron en dos: las que alcanzarían el pináculo del desarrollo cuasi-utópico y, las que arrastrándose a los pies de las primeras, rasguñarían a duras penas el futuro. Sobre ambas sociedades escribió el autor y dichas ficciones de anticipación me ayudaron a contextualizarme como individuo en un espacio que, como explicaba mi profesor en clase, era en esencia Ballardiano. 

Con "High-Rise" (2015), Ben Wheatley decanta la fábula post-humana, la tamiza en el filtro edulcorado y políticamente correcto del mass-media actual e interpreta una versión floja, fría y desordenada de una buena historia, cuyo hype supera con creces su ejecución. Para comenzar, la estética de "High-Rise" no propone nada. Wheatley parece hacer un trabajo de director novato al plantearse de manera soslayada realizar su propia versión de “La Naranja Mecánica” en un antipático remix de lo mejor de Stanley Kubrick. Tomas repetidas, planos idénticos, copy paste en la composición. Además, para llegarle a un público menos complicado y reflexivo, se fusila un par de arquetipos de Wes Anderson y los usa como caricaturas para intentar generar empatía. Una que endeble solo genera risa amarga. Los diálogos y parlamentos parecen quotes del libro tomadas al azar, como quien twitea sin saber de dónde viene o a dónde va lo que está diciendo. “Sexo y paranoia. En las cajas lo que hay es sexo y paranoia” balbucea Tom Hidelton con cara de atormentado en un momento aleatorio del film. 

La colorización es atractiva, la banda sonora coherente. El único momento en donde el film realmente funciona ocurre cuando acompañan el cover que Postishead le hizo a S.O.S de Abba con una secuencia de imágenes que Trent Reznor pudo haber escrito en una servilleta. La transición en guion y montaje es caótica, no se percibe la transformación de los personajes principales. Unos que en esencia deberían pasar de frívolos y tranquilos vecinos residenciales a una tropa de degenerados sexuales, ladrones y caníbales. La locura como motivo estético es predecible en sus significantes. 

La idea de generar una pieza ácida y agresiva se queda en un repertorio de irritantes escenas donde los adolescentes dirán “WTF, ¿en serio hizo eso?” ya que el absurdo es un un gancho publicitario muy cómodo que no disgusta ni perturba a nadie. El Ballard oscuro, experimental y reflexivo se carameliza en un punk de cartón para la generación Deadpool. Hay más de la perturbadora simbiosis hombre-máquina-sociedad en la película koreana "Snowpiercer" (2013) y más vértigo (me parece muy particular la cantidad de tomas en interiores, bien lejos del abismo que representa la altura de un rascacielos) en la bio-pic “The Walk” (2015) que en toda la cinta de Wheatley. 

Lo único rescatable del film es Tom Hildelton. guapo, impecable y ensimismado, un tiro al piso para cualquier film escabroso. Su mejor escena sucede cuando se lanza un pasito dum dum junto a una tropa de aeromozas -quien lo viera bailando al mejor estilo de Van Damme en una Vaina Loca- Estoy seguro de que su look será un disfraz muy popular para este Hallowen. Chic, incompleta y sosa, "High-Rise" es la materialización de una pesadilla de Ramos Allup luego de una trona intensa con Popper.






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Edición:
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Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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