cine David Parra

La belleza del mal primigenio en «The Witch»

3:27 p. m. David Parra




A principios de 1900, Arthur Machen escribió uno de los relatos de terror místico más influyentes de la historia de la literatura: “El Pueblo Blanco” donde nos cuenta desde la perspectiva de una ingenua niña, cómo esta es introducida sin saberlo en la brujería y el culto al diablo, torciendo su inocente naturaleza hacia la oscuridad más profunda. La tesis de Machen consistía en preguntarse: ¿Qué es el Mal? No en su concepción más simple y práctica, sino en la densidad de su propia naturaleza, aquella que va más allá de lo que podemos entender. Bajo esa misma premisa, Robert Eggers construye el argumento y la estética de su opera prima “The Witch” unos de los films más potentes y hermosamente logrados que he visto en años.

Aclaro algo antes de continuar: No es una película de terror convencional. La gran industria cinematográfica ha domesticado la manera en la que percibimos y nos exponemos a los films,  creado fórmulas para hacernos llorar, reír y atemorizarnos. Siendo de esta manera más cómodo el tránsito hacia la vida real luego de apagarse el proyector. “The Witch” hace todo lo contrario, construye su atmósfera con el fin de inquietar, sosteniendo una estética tan densa y una mística tan propia que te vas con la sensación de no solo haber contemplado, sino participado en una experiencia sobrenatural. 

El tratamiento de la fotografía es impecable. Con un manejo obsesivo de la luz, consigue construir un ambiente tenebrista que bebe de las lúgubres pinturas barrocas, delineando un aura de sombras que poco a poco se ciernen sobre los únicos puntos de luminosidad en escena: Las velas, candelabros y faroles; retratando ese estado espiritual donde el individuo tirita a punto de apagarse frente al abismo. Allí podemos hablar de otro de sus elementos constitutivos: la cantidad de símbolos impresos en el largometraje, unos que, sin percibirlos directamente, generan en conjunto una pulida dinámica esotérica. Hay mucho en  “The Witch” de las películas de terror experimental de los años setenta además de una exploración profunda del más espeso folclore norteamericano y una reivindicación del mito pagano original.  La esencia de esta película no se encuentra en lo que nos muestra, sino en lo que nos oculta. 

Los personajes están coherentemente construidos, los niños realizan unas actuaciones impecables y la protagonista se figura como uno de los caracteres femeninos más completos en décadas. No está de más acotar que todo movimiento herético primitivo con la mujer en el núcleo de su culto, constituye la semilla para las ideas proto-feministas tardías del siglo XIX, en donde el mal -en su clara interpretación gnóstica- personifica al conocimiento y autodescubrimiento, que más allá de cualquier fe ciega y represiva, cualquier norma patriarcal establecida y lejos de las convenciones sociales, constituye la esencia completa de la libertad individual. 

Otra de las cosas que impactan de “The Witch” es el trabajo del sonido. El film no sería nada sin la carga semántica que le imprime la suma de la masterización de los ruidos propios de la película, la densidad de la banda sonora –que por sí sola es de las cosas más macabras que he escuchado- y la voz de cada uno de los personajes. Una de mis teorías es que parte significativa del casting fue escogía por su color de voz. Profundas y ásperas o desesperadas y tristes, todas poseen un dejo antiguo y gastado, muy lejos de los timbres agradables y brillantes de contemporaneidad. Una de los elementos que más me consternó de todo el film fue la voz de uno de los personajes -cuando la escuchen sabrán de inmediato cuál es- y  no sé si se deba a ser nativo de un campo, pero el ritmo y la musicalidad de las oraciones, salmodias y canciones religiosas, propio de las aldeas apartadas –en cualquier idioma- me causa escalofríos. 

Con personajes malditos y condenados desde la primera escena, enfrentamos el debate del individuo abandonado en la intemperie, en donde abrazar la devoración del bosque parece ser la única alternativa para su salvarse. Desconfíen del criterio de los haters que no logren reconocer esta película de horror oldschool, una que por donde se mire, logrará llevarse por los cachos –de cabra- a toda los inocuos films de sustos, superhéroes y romances del 2016. 



         

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Edición:
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Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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