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De la vida y los espejos en la poesía de Eros Alesi: «Mamá Morfina»

9:48 p. m. Edu Salas


Eros Alesi es un caso raro y brillante en la poesía moderna. Tal vez por la fugacidad de su vida podría considerarse un poeta prodigio como Rimbaud, que dejó de escribir a los 20 años, pero a diferencia del último, Eros Alesi no se alejó a otros parajes, sino que dejó la tierra y el sufrimiento para siempre.

Con una vida complicada y azarosa, donde las drogas y el peregrinaje marcaron su sino, nos muestra en su poesía la violencia y la ternura, la locura y la lucidez, además de hacernos escuchar gritos de auxilio y profundos reclamos sobre el abandono. Este poeta italiano nació en Lazio en 1951 y murió en Roma en 1971 y pese a su corta vida dejó una poderosa obra que trasciende en el tiempo. Los poemas que escribió fueron publicados en 1973, dos años después de su muerte y más tarde, Guillermo Fernández nos trae un puñado de ellos bajo una selección titulada "Mamá Morfina"

El primer poema de esta selección se titula “Querido Papá” cuya voz poética comienza a hacer un recuento de lo que era su padre y a medida que avanza, se convierte en algo importante:

"Tú que eres amado por tu hijo, Tú el único que estaba en él. 
Tú a quién llaman muerto, ceniza, mundicia.
Tú que eres mi sombra protectora.
Tú a quien amo en este momento y siento más cercano que cualquier cosa.
Tú que eres y serás la fotocopia de mi vida."

Se transforma en una figura lejana, en alguien que va perdiendo su rumbo y se va llenando de amargura. Lo interesante es el juego que hace usando el relativo, como si en realidad su padre fuera un espejo de sí mismo de lo que hace y de su futuro. Nos encontramos versos tan sorprendentes como estos: 

"que he visto que veías el deseo de no sufrir que he visto que veías los litros de vino y las botellas de coñac aumentando continuamente" 

Y como premonición de su vida futura, hace alusión a lo que ha visto su padre con lo que él ha observado también. Sabemos que su padre está muerto, por lo tanto usa los verbos en varias modalidades del pretérito y de golpe, la relación de observador/observado cambia, ya que ahora es el hijo quien es observado por el padre desde no se sabe dónde: 

"que ves que yo veo que he huido una vez más hacia la soledad.
que tú ves que yo veo sólo una gran, grandísima negrura, la misma negrura que yo veía que tú veías.
que seguirás mirando lo que veo"

El uso del relativo es constante en su poesía -a veces pudiera desencajar- pero en realidad le da fuerza y energía, como si fuera una confrontación, como si el poeta en cada verso estuviera reclamando, exigiendo, rechazando, combatiendo. En el poema anterior crea un juego de espejos, donde él se refleja en las actitudes del padre, adoptándolas al final. También encontramos tonos agridulces y llenos de melancolía:

"Que lloro sobre un cuaderno encontrado en las grutas del Pincio. Hierba verde, umbrosa y fresca. Que el gran mar del relajamiento. Que roma. Que los goterones y el vientecillo atlántico del 6 de marzo de 1970"

Como todo joven -en realidad adolescente- Eros nos va contando sus viajes, sus pesares, sus experiencias como si fueran letanías, ecos que va dejando a través de los pasos que va dando, especificando fechas, días cuyos acontecimientos no sabemos pero que él deja ahí, plasmados, como un testimonio de lo que vivió. Tal es el poema titulado "29-01-1971" donde la fecha es el máximo recurrente, como si fuera una obsesión. De esta manera, algunos poemas se nos presentan en formas de diarios, donde lo único importante son las emociones y no los acontecimientos. 

El padre es una figura recurrente en sus poemas, siempre como distante o como un buen amigo a quien se le cuenta algo. El poema “Que te cuento, querido padre” es en realidad una carta donde le relata sus vivencias, sus viajes y el uso y consumo de distintas drogas. En este punto, la humanización de la morfina entra en juego, pero no es una humanización cualquiera. Si el padre es la figura emblemática al que se le cuenta confidencias pero es al mismo tiempo alguien ajeno que ya no está; para el poeta la morfina será su madre, la persona más cercana. Encontramos toda la ternura cuando introduce el poema titulado “Querida buena…”

"Querida, dulce, buena, humana, social, mamá morfina. Que tú, solamente tú, dulcísima mamá morfina, me has querido bien, como yo quería. Me has amado totalmente…"

El tono confesional y confidencial es lo que le da toda la energía de ternura, como si de un ser humano se tratara, girando hasta la parte final del poemario, donde se transforma en un tono de desesperación como si de un reencuentro de seres queridos se tratara:

"Que ahora he salido de un manicomio, por tercera vez y por una tercera y forzada separación de ti, MAMÁ MORFINA. Que estoy seguro, que estoy casi seguro de que pronto podré abrazarte de nuevo."

Sin duda alguna, nos encontramos ante una serie de poemas que evidencian las diversas emociones de alguien que vivió mucho en tan poco tiempo, de alguien con el afán de dejar sus huellas y marcas en cada lugar que habitó, Eros Alesi, que al final de su vida recibió el arrullo de su Mamá Morfina.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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