José Eduardo González Vargas Política

El meme adeco comeback

5:13 p. m. J. E. González Vargas





¿Por qué él? Pudo haber sido cualquier político de la vieja guardia ¿Por qué no, por ejemplo, El Tigre Fernández o Teodoro Petkoff? Es más ¿por qué no Julio Borges o María Corina Machado? Ellos también tenían su potencial y, no es que no hayan dejado su marca ante la gente, no. ¿Por qué Henry Ramos Allup se volvió una figura viral de la noche a la mañana? Responder a ello no trataría sobre el más idóneo representante opositor en la presidencia de la Asamblea Nacional sino de algo que la cultura orientada a la gratificación instantánea digiere mucho mejor: la capacidad para volverse un meme.

Hay que decir sobre fenómeno es que ni es nuevo ni lo inventó la oposición. Los primeros en percatarse de la viralidad de Ramos Allup, al menos dentro de la memoria reciente, fueron los propios partidarios del chavismo. Las mentes mediáticas de la Revolución Bolivariana vieron en él la encarnación perfecta de todo lo malo durante los años de la guanábana: un viejo y atorrante zorro de la política quien fuera el mismísimo defensor y heredero de Carlos Andrés Pérez (El gran Satán blanco), que con su voz chillona y una paradójica mezcla de altivez y chabacanería pretendiera hacer respetar el dudoso legado de la Venezuela Saudita, la del weekend en Miami y de las romerías blancas. Un país más que desaparecido. Así nació el Changallup:




La Hojilla no sólo transmitía este vídeo de manera constante sino que su emisión siquiera necesitaba contexto. Se contextualizaba solo. Éste presenta el más rancio y tenebroso sector de la oposición venezolana. Esta es la cara de los que "no volverán". Y es una cara de la cual la oposición venezolana también ha buscado desligarse. El surgimiento y popularidad de partidos frescos y orientados por la juventud política como Primero Justicia y Voluntad Popular es reflejo de esto, con líderes que han tenido una brecha generacional (en algunos casos, personal) e ideológicas con Copei y AD (et al.) y cuya fortaleza ha sido, en su mayoría, contar con gente demasiado joven para tener afinidad con los partidos tradicionales.

Pero la afinidad del venezolano con lo viral no es sorpresa para nadie. La tendencia política que ha definido los últimos 20 años, el chavismo,  nació gracias al impacto del "Por ahora", su primera frase memética, y de allí fue evolucionando con un sinfín de consignas, una constante repetición y masificación de imágenes emblemáticas, una apropiación de símbolos nacionales y culturales, entre otras apropiaciones, para consolidarse como una constante e inescapable presencia en la vida de los venezolanos. Desde “El que tenga ojos que vea” hasta “Patria, patria querida”, se evidencia su innegable triunfo mediático. Entonces, la verdadera pregunta sería: ¿Qué cambió?



La respuesta es simple: A pesar de la hegemonía comunicacional, la misma que hizo que los canales nacionales ignoraran la victoria de la MUD en las elecciones parlamentarias, el gobierno está perdiendo el juego mediático. Para los herederos de Hugo Chávez, el pensamiento dogmático cuasi-religioso que sustenta su proyecto político no permite revoluciones dentro de La Revolución. Lo único que les queda es recorrer, una y otra vez, los caminos conocidos en busca de una respuesta mientras se dan vagas promesas de rectificación y se continúa ahondando en el Modelo Bolivariano. Están en la línea defensiva desde hace mucho.

No siempre fue así, claro está. En los años buenos, la época dorada, Chávez era el eje en el que Venezuela se movía. Decía algo el domingo y el país lo comentaba el resto de la semana. Chávez era el centro y la costumbre de girar alrededor de su figura continúa: la política se sigue dividiendo entre dos grupos heterodoxos únicamente definidos como "oficialistas" o "los que están con Chávez" y "opositores" o "los que están contra Chávez". Ahora que el eje no está, se mantiene por inercia el sistema hasta que el impulso se agote y éste colapse. El PSUV se aferra a su imagen pasando del endiosamiento al absurdo mientras que la MUD teme blasfemar y hacer una crítica, cualquier crítica, al difunto Comandante Supremo, alienando a un potencial electorado.

¿Y dónde entra Ramos Allup? En los mismos espacios que en su momento ocuparon Julio “Coco” y Diego Arria dentro de la oposición. Ramos Allup se volvió quien dice las cosas que nadie se atreve a decir en una sociedad recelosa. La cara del resentimiento anti-establishment. Y en un país regido por la anti-política, ser un político hecho y derecho es un acto revolucionario. Pero eso no es todo, hay algunas variaciones que son importantes remarcar sobre este fenómeno.


Primero, a diferencia de Diego Arria y su fantasía revanchista de llevar a Chávez a La Haya o de las morisquetas en CNN de Julio “Coco”, Ramos Allup posee poder político verdadero y hasta ahora parece manejarlo bastante bien. Ha sabido maniobrar ciertas controversias  e ignorado algunos de los comentarios de los más radicales de la oposición, quienes deseaban que la nueva Asamblea Nacional llegara quitándole una estrella a la bandera y entregándoles la cabeza de Diosdado en bandeja de plata. Contra la expectativa de todos, Ramos Allup ha sabido administrar su victoria. Sabe él y mucho de los líderes de la oposición bolivariana que las fracturas al cerco comunicacional no son el objetivo primario pero sí una herramienta muy beneficiosa que puede traer muchas más ganancias.

Segundo, la extraña y complicada relación de los venezolanos con Acción Democrática. Venezuela posee una dinámica política muy personalista, donde los partidos políticos han servido como mera maquinaria, extensiones de sus líderes. Hasta Copei, que en los años de la guanábana fuera la segunda fuerza política del país, cayó en un dramático declive luego de la partida de Rafael Caldera para fundar Convergencia. Acción Democrática, en cambio, a pesar de que sus divisiones dieron lugares a varios partidos que en la actualidad se reparten entre el chavismo y la oposición, sobrelleva el karma que tiene encima desde los años 80 y ha podido mantenerse como una fuerza política con peso. AD es, junto al Partido Comunista de Venezuela, uno de los dos partidos que ha sabido crear una estructura que sobreviva a sus líderes.




No sólo eso, sino que a diferencia de Primero Justicia y Voluntad Popular (¿Pejotaístas? ¿Vepistas?) la sociedad venezolana ya tiene una imagen mental de los adecos: hombres en trajes, modelo “Príncipe de Gales”, comprados en las rebajas del 1979 de Dorsay, portadores de una sonrisa boba, sin duda por el güisquicito que tiene en la mano, retratados en foto blanco y negro en la sección de sociales. Nuestro imaginario popular los retrata como tecnócratas de medio pelo con aburguesadas fantasías de Miami y Old Parr, pragmáticos capaces de ser neoliberales y socialdemócratas sin que les pesara el sueño, padres de muchos de los vicios y politiquerías que la sociedad venezolana hoy en día considera normales y propias. 

Aun así, el descaro de los que “robaban y dejaban robar” pareciera preferible a la hipocresía de dejar en miseria a un país y luego pedirle las gracias. Venezuela es un territorio tan enloquecido que un político yendo a comprar a un supermercado es más revolucionario que mil golpes de pecho marxista-leninistas. Y con la falta de líderes políticos, tanto en el chavismo como la oposición, quién sabe hasta dónde pudiera llegar la magnificación. No se puede olvidar que, en su momento, El Comandante Supremo encarnaba a quien dice las cosas que nadie se atreve a decir. La cara del resentimiento anti-establishment. O como dijo Cabrujas en un memorable artículo, luego del 4 de febrero de 1992: Chávez era el adeco oprimido.


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