Crítica Literaria José Eduardo González

«La literatura nazi en América» de Roberto Bolaño

2:23 p. m. J. E. González Vargas

Una enciclopedia de autores imaginarios unidos por ciertas filiaciones políticas e ideológicas.

Todo artista trabaja con miras a un ideal: puede ser satisfacer ciertos cánones estéticos, transmitir un mensaje específico o llegarle a una audiencia concreta de una manera determinada. Cuando este ideal es abstracto, impráctico o quimérico, la sociedad etiqueta muchas veces a aquellos que lo siguen como “románticos”. En La literatura nazi de América, Roberto Bolaño persigue, ejemplo tras ejemplo, los seguidores del más fútil, absurdo e innecesario ideal que la humanidad haya podido tenido: el fascismo.

Pero antes de hablar de Bolaño y su libro, hay que definir el concepto. Entonces, ¿qué es el fascismo? George Orwell, escritor socialista y autor de Rebelión en la granja y 1984, consideraba que el término "fascista" había perdido todo significado ideológico para volverse un insulto. Así pues, según unos se basa en el autoritarismo de un líder único; según otros, es la máxima expresión de la dictadura de la mayoría. Puede ser oligárquico o colectivista. Ateísmo puro e irredento o el aliado del extremismo religioso y un centenar de líderes y países se han podido llamar fascistas, desde Juan Domingo Perón a George Walker Bush.

El semiólogo Umberto Eco, por su lado, definió en su ensayo "El fascismo eterno" ciertas características que consideró innegablemente propias de todo régimen considerado fascista como es el culto de la tradición y el rechazo al pensamiento crítico pero también advierte sobre su falta de clara definición: "El fascismo era un totalitarismo difuso. No era una ideología monolítica, sino más bien un collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones. (…) El término fascismo se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista."

Demasiado general para ser una ideología, el fascismo podría ser un exagerado patriotismo e idolatría cultural con una desconfianza violenta y generalizada a todo lo que parezca amenazar dicho status quo. Pero todavía no suficiente. “Nosotros los fascistas somos los verdaderos anarquistas.”, dice un personaje en Saló, de Pasolini. Es una idea escalofriante pero certera: ¿Quién más ha torturado, violado, vejado, destruido, oprimido y matado bajo toscos y arbitrarios ideales? ¿Quién más ha pretendido crear orden desde el caos?

Son  estas las contradicciones que Bolaño maneja en su tercera novela donde ya se ven conceptos que manejaría luego (poetas excéntricos, escapadas cosmopolitas, juegos intelectuales y los horrores de la sociedad latinoamericana del Siglo XX) y que estarían muy relacionados con su identidad como escritor. En el mejor estilo de Borges La literatura nazi en América es una muy enciclopedia de autores imaginarios enlazados por ciertas filiaciones políticas e ideológicas pero también por el fracaso. Los personajes se revelan poco a poco como un desfile de soñadores insatisfechos y perdedores  quijotescos que culpan a sus enemigos imaginarios de los más mundanos males de la modernidad.  Imbéciles grandilocuentes de una fama que no sólo les elude sino que nunca estuvo a su alcance. Esos son los soñadores, esos son los fascistas.

Cada entrada, a excepción de la última, es escrita con nombre y apellido, fecha, lugar de nacimiento y muerte, junto a una explicación de su vida y obra con indiferente objetividad. Bolaño puede hacer que se tropiecen los unos con los otros, se mezclen con elementos de la vida real. Datos tan desconocidos que la línea de lo que es real y lo que no, se vuelve confusa. Algunos artículos de la enciclopedia son superfluos y redundantes pero esto ayuda a reafirmar la supuesta realidad de la misma y, al mismo tiempo, resaltan el patetismo de la existencia de dichos personajes.

Como Buñuel en el cine, Bolaño disfruta utilizar elementos propios del día a día para exponer la monstruosa cotidianidad de  personajes que funcionan como parte de la sociedad a pesar de los horrores que ocultan sus mentes. Personajes memorables como el poeta chileno, hijo de alemanes, que escribe poemas acerca de su infancia sobre mapas de campos de concentración, la poetisa mexicana que se refugia en el catolicismo radical como contraposición de su abusivo esposo comunista a quien no puede dejar de amar, el erudito brasilero que desperdicia su vida escribiendo refutaciones mamotréticas contra Sartre, el esbirro que se pasa la vida intentando encontrar a su escritor favorito entre la gente que desaparece para el régimen y el aviador que escribe epigramas en los cielos para los prisioneros políticos, ganan  la lástima y, en algunos casos, la simpatía del lector, en vez del desprecio que merecen. Sin embargo, sus fascistas son monstruos consumidos por su soberbia, su mediocridad, su fanatismo y, sobre todos los males, su ingenuidad al no entender su propia falta de relevancia en la sociedad en general. Al final son monstruos, unos muy humanos.

Hay momentos en que Bolaño pareciera hace mofa a la larga y tumultuosa historia de los pensadores de izquierda en América Latina. Por ejemplo, el novelista cubano que esconde mensajes anticastristas en culebrones de época, o esa editorial chilena que sigue a Neruda como ejemplo, siempre y cuando se cambie a Stalin por Mussolini, o los dos amigos argentinos que luchan por el bando nacionalista en la Guerra Civil Española. No obstante, se termina entendiendo que, al fin al cabo, las circunstancias y los resultados de los derechistas radicales son diferentes a las de aquellos izquierdistas radicales. Su principal semejanza es su maníaco idealismo, algo prácticamente universal.

Este espíritu, y el espíritu de toda la obra, está condensando bellamente  al final de la entrada sobre el enano guatemalteco que escribe novelas de ciencia ficción. Allí explica la razón de que todo sus personajes son germánicos rubios de dos metros de estatura que conquistan mundos: "Me han hecho tantas perrerías, me han escupido tanto, me han engañado tantas veces, que la única manera de seguir viviendo y seguir escribiendo es trasladarme en espíritu a un sitio ideal..."

En resumen, La literatura nazi en América de Roberto Bolaño es un juego intelectual sumamente original aunque algo repetitivo, pero que siempre deja a uno queriendo, por simple morbo, saber más de los pobres diablos que habitan sus páginas. No es un libro para todo el mundo, pero es una excelente prueba para iniciarse a la obra de Roberto Bolaño antes de intentar algo más pesado como 2666 o Los Detectives Salvajes. Fundamentalmente, sigue siendo Bolaño.




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