cine José Eduardo González Vargas

El All-American fairytale de «Joy»

12:20 p. m. J. E. González Vargas



Al principio de "Joy" (2015) se ve, sin contexto, una escena entera de la telenovela que la madre de la protagonista ve de manera casi religiosa. Es una especie de recordatorio constante de todos los martirios y sufrimientos que las mujeres deben padecer en la vida. No obstante, la telenovela, llena con cada uno de los clichés melodramáticos imaginables, existe para hacer énfasis en su propia artificialidad, comparada con los problemas que Joy y su familia sufren. Pero el problema de esta comparación es que ni los personajes que enfrentan estas vicisitudes ni las soluciones que ellos encuentran para superarlas tienen ni una pizca de realidad.

Tentativamente basada en una historia verdadera de Joy Mangano, la película cuenta la historia de una ama de casa y recepcionista de aerolínea de Long Island interpretada por Jennifer Lawrence cuya responsabilidad como sostén emocional y financiero para sus excéntricos y tediosos familiares y amigos -todos actores de primera criminalmente desperdiciados- hace que se sienta frustrada por nunca haber alcanzado todo su potencial como inventora y como persona. Luego de inventar una mopa con cabeza removible tras una mala reunión familiar, Joy inicia una especie de cuento de hadas mercantilista.

Es una historia que se ha visto miles de veces y que el director y guionista David O, Russell, laureado por "La Gran Estafa Americana" (2013) no logra salvar. Aunque su dirección es eficiente con alguno que otro destello creativo, no es nada del otro mundo, es el guión genérico y desnivelado lo que perjudica toda la producción. En vez de su hada madrina, Joy tiene a la millonaria novia de su padre, interpretada por Isabella Rosselini, quien le hace un préstamo bajo condiciones estrictas. En lugar de una hermanastra envidiosa, Joy lidia con su media hermana, con quien debe pelear el control de la empresa. Y hasta un príncipe azul que llega al rescate es interpretado por Bradley Cooper. Al final Joy enfrenta todos los retos y vive feliz para siempre gracias a su fuerza interior, su ingenio autodidacta, ser ella misma y una buena dosis de feminismo pop. 

Esto sería muy bonito, si bien insubstancial, de no ser porque toda la trama es una supuesta historia verdadera con todo los detalles aburridos cambiados. Por ejemplo, su esposo pasó de ser otro italoamericano con quien estudió Administración en la universidad, a un cantante venezolano de clubes nocturnos interpretado por Edgar Ramírez. "Joy: El nombre del éxito" (2015) es entonces sólo otra vivencia arrancada de todo símil de realismo para hacer una innecesaria "biopic" de gente que francamente no hizo nada memorable y cuya historia sólo sirve para dejar un vago sentimiento de alegría antes de caer en el olvido de canales de cable. 


Eso sí, es la mejor película jamás hecha sobre pasar coleto.




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