Crítica Literaria Edu Salas

«Casas Muertas» de Miguel Otero Silva

1:12 p. m. Edu Salas



Publicada en 1955, la segunda novela de Miguel Otero Silva (Venezuela, 1908 – 1985) narra los acontecimientos de un pueblo llamado Ortiz, ubicado en el estado Guárico y que en su época fue la capital de ese territorio. El período que abarca va desde alrededor de 1890 hasta 1930. La historia de este pueblo en decadencia nos es mostrada a través de Carmen Rosa, quien a medida que crece ve cómo todo su entorno se derrumba, siendo el golpe final la muerte de Sebastián. Precisamente con esto comienza la novela: “Esta mañana enterraron a Sebastián”[1], adentrándonos de esta manera en un relato lleno de recuerdos de un pasado que fue mejor frente a la realidad de un pueblo que se cae a pedazos. Así inicia una gran elipsis donde se nos narra, de una manera muy parecida a la de García Márquez, el esplendor de la Rosa de los llanos, de las fiestas a Santa Rosa, pero particularmente de la tragedia personal de Carmen.

Acerquémonos un poco al contexto histórico: para la época, después de tantas revoluciones y contrarrevoluciones, Venezuela mantiene una estabilidad política con la llegada al poder de Juan Vicente Gómez. Sin embargo, esto representó la opresión de la clase intelectual y por otro lado el abandono de la población. Por algo el título de la novela no es gratuito; de hecho, al momento de escribirla, Miguel Otero Silva viajó al pueblo para recabar información haciendo uso de su labor como periodista y de esta manera logra conservar parte de la historia de Venezuela. Una que se encuentra velada para muchos, pues debido a la clausura del país con el resto del mundo y al aislamiento entre las regiones, Gómez vendía una imagen de progreso, mientras que en muchos pueblos como Ortiz la gente se moría debido al paludismo y al abandono. Fueron miles de personas que fallecieron a causa de esta y otras enfermedades que, aunque tenían cura, por falta de medicinas no lograron sobrevivir. Nos dice el narrador que:

“La salida de aguas arrojó sobre Ortiz y sobre Parapara, sobre todos los caseríos contiguos, una implacable marea de fiebre y muerte que amenazó con borrar para siempre los rastros de aquellos pueblos”[2]

Casas muertas representa esa desidia en la que estuvo sumergida Venezuela durante muchos años y que cobra vigencia en la actualidad al ser un reflejo de la decadencia que estamos viviendo en estos tiempos. Pero al igual que Carmen Rosa que, a pesar de todo el dolor que vivió, siempre mantiene las esperanzas. Casas Muertas nos cuenta la historia de una sociedad que recordaba sus años buenos, la frustración de la gente de no poder hacer nada, del abuso de autoridad; es un espejo al cual debemos mirarnos para entender mejor la coyuntura actual, la avidez de obtener el poder a costa de lo que sea, mientras que son los otros, los “Celestinos o Diego o José del Carmen”[3] quienes sufren.

Es por ello que es vital revisar de nuevo esta obra para mirarnos bien en ella y lavarnos la cara, entendiendo que podemos volver del camino de Palenque.[4]






[1]Todas las citas son tomadas de la edición de  Los libros de El Nacional, colección Ares clásicos, p27
[2] Op cit. p108
[3] Op cit. p107
[4] Palenque fue un campo de trabajos forzados donde muchos presos políticos iban a parar y del cual se decía que no había retorno. 

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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