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Yubraska Chacón: Un meme venezolano, otro

11:38 a. m. Maily Sequera





Yubraska Chacón es una mujer caraqueña de mediana edad y madre de cuatro hijos: Karinyei, Yuliarni, Yonder y un niño no identificado a quien aún le da teta. Su marido, Yonkeider, trabaja como montacarguista en Polar, gasta la plata en parley y caballos, y últimamente le ha querido “dar unos puños” a su mujer por sus conquistas románticas.  Anteriormente, se dedicaba al negocio de las uñas pero ahora, Yubraska gerencia un puestico con toldito donde vende tortas y Nestea en las colas del Bicentenario. Amiguera, chispeante, luce su casi inocente alegría que facilmente vira hacia una encendida arrechera cuando se enfrenta a los eventos que entorpecen su cotidianidad. Inevitablemente, vive y padece. Le pidió a la Gorda del cyber que le abriera un Twitter (@layubraska) para retomar contacto con un ex que preguntó por ella y fantasea  con que éste le vuelva a pedir el empate. También está el coqueto guardia nacional que conoció durante su ejercicio buhoneril. Cuenta así sus aventuras, esperando que el marido no se entere de sus picardías. Yubraska es sagaz, extrovertida, directa, malhablada, amorosa, familiar, violenta, trabajadora, divertida, infiel, inmadura, gozadora, fraternal y sexual. Para Yubra hay dos cosas importantes: (1) La esperada respuesta de su interlocutor y (2) la advertencia de “cuidarse el dulce” como recordatorio importante. Al dulce que se descuida le caen bachacos, dice Yubraska. Y hay que aclarar: una picada de bachaco es un evento doloroso y desagradable. Así que esta frase es definitivamente una forma simbólica de referirse al órgano sexual femenino pero también se refiere a no dejarse joder aprovechadamente por ningún bicho imperceptible pero peligroso. La figura, dado el contexto político de sus intervenciones, no deja de ser tan curiosa como graciosa.

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Los primeros días de diciembre, algunos conocimos a Yubraska Chachón por medio de una nota de voz que en los días siguientes se haría viral vía Whatsapp. Esta mujer llama por teléfono a una de sus amistades y deja un mensaje de voz a quien no le contesta. Su mensaje es lo que escuchamos. Esa es la dinámica. Al final del mensaje, pide que le devuelvan la llamada “de pa’ tras”. Yubraska Chacón es un personaje estereotipado en la clase popular venezolana que nos relataba sus penurias y molestias causadas por las políticas del gobierno nacional mientras nos recuerda los obstáculos diarios que padece el venezolano promedio. Su personaje y sus relatos se desarrollan en un lenguaje plagado de clichés, lugares comunes y manipulaciones humorísticas que hacen reír a un número considerable de personas -según mis consideraciones- ajenas al grupo social que representa @layubraska. No tengo conocimiento de cuál fue la primera entre la veintena de notas de voz, algunas reunidas en su canal de Soundcloud –con un promedio de diez mil reproducciones cada una-, la cuales se comparten por Whatsapp y desde su cuenta en Twitter. En esta red social apareció el 04 de diciembre del presente año y para hoy (10/12/15), sobrepasó los 10 mil quinientos seguidores. Así se convierte este personaje, interpretado por un hombre anónimo, en un fenómeno 2.0, popular y básicamente, electoral. 

Pero antes de que salten los delicados politizados: ¿Yubraska convence o manipula a un elector desmovilizado? No creo. Aún cuando Yubraska hizo, en ocasiones, propaganda electoral para la Mesa de la Unidad, insertando dentro de sus relatos los argumentos y mensajes políticos de la campaña opositora y exaltando las razones que hacían latir el eufemismo del voto castigo solo podría motivar inconscientemente al elector pesimista y descreído. Personalmente pienso que su influencia política es débil. Me inclino a pensar que el poder viral del personaje se encuentra en su oferta de entretenimiento liviano, libre de censura, políticamente crítico, ubicado en los espacios que comúnmente usamos los venezolanos para desahogar nuestras opiniones y presentado con un timing perfecto. Pero lo sabemos, @layubraska no es real. Yubraska Chacón es un meme venezolano, otro, una construcción mediática que nos refleja y, por lo tanto, descubre y acciona nuestros pensamientos y emociones con paralelismos interesantes. Por un lado, nuestro sadismo frente a la tragedia social junto a nuestros prejuicios clasistas, y por otro, la identificación o la –posiblemente artificial- interpretación de su realidad, como activadores de nuestro sentido del humor.


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Yubraska está preocupada pero sobre todo está harta porque se le fue el año haciendo colas. Vender tortas frente al Bicentenario ya no le resulta económicamente rentable. Casi es Navidad y no tiene plata para comprarse un bluejean, unas cholitas. Ni para ella ni para los niños. Se queja también de que Polar no le ha pagado los cestatickets al marido y no ha podido comprar el Niño Jesús para sus chamos. Está harta de hacer cola para las acetonas, de caerse a golpes por un pernil en el mercado. Le pidió a Dios con insistencia, encontrarse sin escoltas a la (ministra Jacqueline) Faría en la cola del Excelsior, el Central (Madeirense) o el Bicentenario, jurando que iba a jugar dominó y ajedrez con su cara por haber dicho que se la pasaba rico en las colas, que se divertía. Sensibilizada al escuchar a su hijo desear que de grande le tocara hacer cola los viernes porque se conseguían más productos, y presionada por La China, presidenta del Consejo Comunal de su zona, para votar en agradecimiento por la Canaima y la construcción de la platabanda de su casa, Yubraska Chacón se arrechó. El sábado mandó a su gente a dormir temprano y el domingo vendió torta de arequipe y agüita de coco frente a su centro electoral para luego entrar a votar por “el cambio” –como ella lo identifica-. Pidió le mojaran en tinta indeleble desde el dedo meñique hasta el codo porque, en sus palabras: Votó con ganas. La Yubraska esperó los resultados y celebró el triunfo opositor con un Yuki-pak de su hijo porque no tenía caña. Mientras, pensaba que pronto la única cola que haría sería para vacilarse una bajada a la playa, entrar a la discoteca y que así, volveríamos a ser envidia mundial (“porque éramos la envidia”, aclara). Esa noche celebró en La Redoma; se reencontró con el guardia nacional que le alabó el dulzor de su Nestea y bailó toda la noche celebrando el “apoteósico” triunfo de su opción.



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Pasadas las elecciones del 6D para elegir a los diputados de la Asamblea Nacional venezolana,  La Yubraska se niega a desaparecer y nos cuenta que elabora el traje para el nacimiento viviente en el que participará su hija. Para el traje de ovejita, necesita ocho perolitos de escarcha. En sus mensajes más recientes intenta contactar a Camila Canabal, George Harris y Pastor Oviedo, ofreciendo sus servicios de repostería, tips de belleza e invitaciones a  reuniones sociales en La Redoma. Sus seguidores le envían mensajes, saludos y fotografías. Algunos vacilan con que le consiguieron la Chicciobello para su niña y otros intentan poner rostro a esta figura anónima e invisible. Quedan así dos caminos para la mujer que votó y ganó, que se independice del acontecer político o que su popular brillo se apague hasta desaparecer.

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2 comentarios

  1. Excelente análisis, la felicito, de todas maneras esta Yubraska es una válvula de escape ante tanto desastre junto que nos ha tocado padecer en estos últimos tiempos

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  2. Las Yubraska las vemos todos los dias en las colas de Venezuela. Se gana la vida trabajando, no robando ni esperando nada del gobierno. Ojalá que muchos piensen como ella.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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