Crítica Literaria Opinión

Al principio éramos muchos: Notas sobre la literatura venezolana contemporánea

12:50 p. m. Daniela Nazareth




Si existiese de verdad esa figura llamada canon dentro de la literatura venezolana contemporánea, éste luciría como un cuerpo que trastoca los espasmos que le siguen a un estado febril. Suele agradarnos la imagen del derrotado, del que desde su cómodo recinto pide un vaso de agua entre el lamento. Existir bajo la sombra de un quejido inmóvil, del duelo infinito, del doblegado que parece sólo sentirse a gusto junto a un grupo de discípulos y selectos colegas, también es una forma de definir el fracaso.

Sumergirse como escritor venezolano en el lugar hostil donde todo parece decaer y no detenerse, donde lo único que se levanta adquiere tal magnitud que logra opacar los mínimos roces de luz, parece ser una de las decisiones más arduas que podríamos tomar en la presente década. Ante todo, el rol de intelectual venezolano debe ser discutido abiertamente. Puede que habitemos el temor de ser llevados hacia una cumbre, espacio límite, donde los que sostengan la casa que se derrumba sean los escritores venezolanos que, a pesar de su avanzada edad y constantes (desenfrenadas) publicaciones, no resultan determinantes dentro del devenir sociopolítico nacional. Nótese que no se trata de una postura nacionalista ante el oficio, ni de señalar cuántos intelectuales se han convertido en solo una imagen pretenciosa, ni exigir que éstos piensen y escriban en algo más que en sí mismos, sino en alertar a los jóvenes escritores que, un intenso sopor parece recubrir las voces que en algún momento de la historia, resultaban precisas dentro de la literatura nacional.[i]

Resulta necesario identificar qué deambula en la oscuridad de la literatura contemporánea venezolana, ¿Cuál es la mayor preocupación para los intelectuales y estudiosos de la literatura? Todo se ha detenido en la niebla, en la postergación del acto crítico ante el temor de perder el cobijo de un grupo que promete defenderte cuando tus palabras se hundan en la nada, en el mismo silencio propiciado por lo que nace desde la condescendencia. Todo se ha detenido en la niebla y en medio de esta se percibe la silueta de jóvenes promesas literarias y antologías innecesarias.

Construir y sostener publicaciones y eventos basándose en el amiguismo, esperanza y altruismo falso que sólo es la máscara ante un ego lo suficientemente grande como para intentar aplacar el terrible cuadro literario, es una acción que ejerce el “editor-dios” – burlándose de todos los involucrados- o uno bastante ingenuo. Cualquier número multiplicado por cero (0) es igual a cero (0). Cientos de escritores venezolanos y algunos editores multiplicándose como figurita desde el siglo pasado en medio de la crisis, dan igual a cero. Puede que la realidad se resuma a que no necesitamos más promesas en la literatura o veteranos a quienes pedirles asilo ante el desamparo. Necesitamos sí que los escritores logren hacer crítica y reconstruir desde los escombros de país que habitamos.


En medio de tales escombros, resulta inquietante aceptar con tanta naturalidad que el lugar de enunciación dentro de la narrativa contemporánea, por ejemplo, se encuentre delimitado por el paradigma sociopolítico. Escritura opositora / Escritura chavista. La primera se usa para impresionar y entretener a extranjeros, para ofrecer una “visión realista” de la sociedad venezolana y del chavismo. Basta con leer el artículo publicado hace un par de días por Pedro Plaza en Prodavinci para obtener una mirada sobre los escritores venezolanos que han ganado premios últimamente en el exterior y de cómo el “chavismo ha paradójicamente provocado el buen momento de la literatura venezolana fuera de las fronteras”. [ii]La segunda parece diluirse poco a poco. Ambas podrían estar delineadas por el mismo tono.

Existe una imagen del intelectual inclinada hacia el vacío. Los escritores venezolanos son los grandes ausentes dentro del territorio nacional y fuera de éste. Considerar que, Cadenas, Pantin, Santaella, Torres (Ana Teresa, claro), Barrera Tyszka con sus propuestas de visión de país (sus 777 en los casinos, igual a premios en el exterior), junto a reuniones y charlas en las mismas librerías, algunas peñas literarias fantasmales en el interior del país, presentaciones de libros que se hacen desde el lamento editorial, jamming poéticos y el desgastado manto del “realismo social” en la narrativa, forma parte de un posible auge de la literatura venezolana, es totalmente bochornoso. Habría que regresar a la academia, a los escombros de la academia en medio de un estado que prefiere a sus intelectuales dispersos, confundidos y aislados, para rescatar a la literatura venezolana.

Al principio éramos muchos, ahora padecemos el adormecimiento socio-político postchavista que pareciera haber consumido todas nuestras ideas hasta reducirlas al vicio desesperado de huir hacia sí mismo o disminuir al otro hasta derrotarle ¿Somos los contemporáneos cuya aflicción ante la crisis se transpone en el ensimismamiento y la soberbia? El rol del intelectual venezolano ya no es respetado ni hostigado (por lo ajeno a la burbuja literaria), tampoco resulta determinante ni alarmante ante la realidad y poder nacional. El rol del escritor venezolano –exceptuando casos muy puntuales- ya no le importa a nadie, ni a ellos mismos. Al principio éramos muchos, ahora pocos, muy pocos pero escribimos.




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[i] Ciertamente, no puede desacreditarse el trabajo estético de los escritores de finales del siglo XX. Sin embargo, el rol como críticos que estos han asumido en los últimos quince años en el panorama nacional ha sido vago. Existe sí, ausencia –no dolorosa ni inquietante- del intelectual venezolano. Sobre esta ausencia propone unas notas P. Varguillas en su artículo "Una lectura sobre el campo letrado venezolano: descartas, actos de fe y sociedades culturales"  No obstante, esa lectura sobre la ausencia de los intelectuales en Venezuela, parece difuminarse con la imagen del escritor venezolano flojo y cínico. Que sí los hay, y también el otro extremo donde se llaman a tres y se encaraman cien, imagen que puede causar gracia y dolor al mismo tiempo, al notar que esa pared desde donde se sostienen está hecha de humo. Pero a dos meses del 2016, la causa de la ausencia va más allá de un factor "hereditario", puede que se deba a un estado de adormecimiento postchavista ligado a la intemperie. No se trata, pues, de flojera, ni de esperar el momento de ser llamado a la tarima, ni de mantenerse como accesorio, sino de un lapsus indeterminado que sólo se desvanecerá cuando el escritor venezolano despierte del sueño oscuro y asuma seriamente su oficio. De esto saldrán a la relucir en los próximos años los escritores contemporáneos que están realmente comprometidos, los demás, podrán recordarlo en sus estados de facebook.


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