cultura pop José Eduardo González Vargas

Ovnis y alienigenas. Anecdotario paranormal del venezolano (Parte II)

3:05 p. m. J. E. González Vargas


fotografías del "Extraño caso de Petare" en 1954. 


Antes la gente decía que veía santos y ángeles. Ahora dicen que ven ovnis. En nuestra vida moderna nos gusta pensar que ya se ha descubierto todo lo que puede descubrirse pero todavía hay dos reinos de los cuales somos ajenos y por ello, nos fascinan: el Reino de la Muerte y lo que se pueda encontrar allí y el Reino de los Cielos, que parece infinito. Interminable son los casos que se ven en otros países (Estados Unidos especialmente) pero nuestro país no se queda atrás en lo que respecta a los avistamientos de ovnis.

En Venezuela, los primeros avistamientos identificados como tal comienzan en los años 50 con descripciones en Caracas, Barquisimeto y Carora de extraños objetos recorriendo el cielo y hasta alguno que otro supuesto encuentro, muchos recopilados a principios de los 60 en Platillos voladores sobre Venezuela, del Dr. Horacio González Ganteaume. Uno de los casos más sonados sucede en Petare, la madrugada del 29 de noviembre de 1954. Gustavo González, comerciante de origen cubano, estaba con su asistente José Ponce conduciendo una camioneta por la calle Bella Vista de dicho sector cuando se encontraron con un objeto incandescente que flotaba a pocos metros del suelo y, cómo describiría González, “iluminaba la calle como si fuera mediodía”.

De la nave, baja “un extraño ser viviente” que se aproxima a ellos. Asustado, Ponce sale huyendo del lugar mientras que González forcejea con el visitante, intentando capturarlo. Según González, otros dos alienígenas descienden del objeto flotante y rescatan a su par, y “dando saltos extraños entran por una abertura del Objeto Volador”.

Tanto González como Ponce los describieron como peludos, de estatura y cuerpo descrito como de “niños humanos”, sin nariz y usando guayuco. A pesar de ser un caso muy sonado, con ilustraciones y entrevistas en los periódicos más importantes de la época, este encuentro ha caído casi en el total olvido.

Los avistamientos de ovnis, también llamados contactos del primer tipo, en Venezuela suelen ser descritos en lugares cercanos a las montañas y cordilleras, ya sea en los Andes (Lara y Mérida, en particular) o en la Cordillera de la Costa (Norte de Aragua, Vargas, Miranda y Distrito Capital). Muchos de estos avistamientos están recopilados en diversos blogs de ufólogos interesados en la materia, aunque alguno que otro medio convencional que ha indagado en la materia como ha sido el ocasional reportaje en 100% Venezuela o este forum promocionado por Correo del Orinoco.

En el caso de Aragua-Miranda-Vargas, los contactos del primer tipo suelen ser muy parecidos: misteriosas luces que salen de las montañas en mitad de la madrugada para sumergirse, en total silencio, en el mar. A veces, estas experiencias son acompañadas por desfases temporales donde lo que parecen unos pocos minutos en realidad son varias horas. En Aragua en particular, muchos de estos casos tienen el Parque Nacional Henri Pittier y el Lago Valencia como epicentro de estas inexplicables actividades.

Otros avistamientos, relacionados también con montañas, ocurren en el Cerro Santa Ana de la Península de Paraguaná, en el estado Falcón. De esa experiencia, hay o había un señor que era una especie de celebridad local sobre el tema. Según contaba a quien quisiera oírlo, había en el Cerro Santa Ana unas extrañas estructuras de piedra que eran imposibles de investigar debido a que era muy difícil de llegar a ellas por las dificultades que planteaba el terreno, con caídas y piedras rodeando el área.

Entre estas ruinas el señor, que entonces era todo un baqueano de la zona, encontró un misterioso objeto de un metal muy pulido en forma de disco. Nunca habiendo visto algo así, se lo llevó para su casa. Para indagar más sobre el origen del misterioso objeto, se lo llevó a varios expertos de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda para tener una idea de lo pudiera ser. El señor sospechaba que podría ser algo realizado por los indígenas de la zona, pero el metal y los grabados no era algo que había visto antes.

La gente de la universidad, pasmados ante no poder identificar el origen del objeto, contactó a Caracas y a los pocos días se aparecieron unos extranjeros en la casa del señor. Ambas personas que se aparecieron ante él eran altos, blancos, rubios y usaban trajes, afirmando ser de una nebulosa agencia científica de la embajada estadounidense. Apenas el señor estrechó la mano de uno, se dio cuenta de algo raro. La piel del gringo no se sentía como una piel que conociera, era como tela muy fina.
El otro extranjero, por su lado, miraba fijamente la pared del garaje en el mismo sitio donde el baqueano tenía guardado el misterioso objeto metálico. Era como si su vista atravesara la pared.

El baqueano cuenta que, intuyendo algo sobrenatural en aquellos hombres, les dijo que se podían quedar con el objeto sin problema alguno. Ambos seres se miraron entre sí, como si pudieran comunicarse sin hablar palabra alguna y uno le tocó un hombro que tenía adolorido, sanándolo con su contacto.

Les entregó el objeto misterioso y pudo verles mientras se iban caminando, vestidos de traje y ajenos al mundo, entre los chaparrales y la noche. Ángeles, ovnis, hombres de negro o cuentos de camino de un viejo solitario, sea lo que sea siempre habrá cosas en este mundo que nunca entenderemos, reinos que siempre nos escaparán.




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