Crítica Entrevistas

Claro que no es importante escribir bien (Parte I)

2:46 p. m. Maily Sequera





«Decir palabrotas ahora es “normal”, (todo un adelanto, diríase). Es verdad que en sus libros no hay ese vocabulario, pero los libros son una cosa y la vida real otra; lo mismo pasa, por ejemplo, en la televisión. Indago un poco más y descubro que ninguno de ellos se ha leído jamás una novela. Menos aún conocen de poesía. En resumen, la vulgaridad no es tal para ellos, sino que las expresiones más ordinarias son la norma.»
- Miriam Celaya [1], La chusmería: hija bastarda de la revolución.


Raulito no sabe leer, en consecuencia, tampoco escribe. Es el nieto de la vecina de mi abuela. Tiene 18 o 19 años y desde niño padece una condición disfuncional para el aprendizaje. No sé cuál es su diagnóstico.  Posiblemente su familia tampoco lo tiene muy claro. Raulito trabaja, se desplaza en transporte público, hace compras, come, respira, vive. Ha aprendido a resolver las necesidades de su vida sin leer ni escribir. Raulito soluciona su vida mediante otros códigos.

Diariamente, en conversaciones, artículos y publicaciones en redes sociales, proliferan comentarios y opiniones de profesores, padres, libreros, escritores y lectores, preocupados genuina o hipócritamente por la muerte de la lectura como hábito, por las habituales faltas ortográficas cometidas por el común denominador y por el establecimiento de un lenguaje vulgar, violento y soez con el que nos acostumbramos a interactuar en la calle. Encontramos de todo, desde posiciones pasivas hasta activas, pero ¿estos rescatistas del idioma y la lengua están preparados para asumir el reto de su rescate o, al menos, para la discusión de sus mutaciones? Es más, ¿están sinceramente calificados o hablan por hablar, manteniendo una teoría caduca como quien dice “cuídate del sereno”?  Sinceramente, ¿leen lo profesores, leen los periodistas, leen los padres y representantes? ¿Escriben ellos correctamente? ¿Podemos adaptar nuestras expectativas  con el idioma a las realidades locales y de la modernidad?

Antes de responder estas preguntas, los involucrados parecen más ocupados en definir quién es el responsable y quién lo resolverá según su cuota mayoritaria de culpa.




Pero mientras, ¿existe alguien interesado en que escribamos bien?

Para algunos docentes, como Juan Alejandro Piñango [2], «sería irresponsable decir que hay un descuido del docente. Más bien, es una falta grave de los representantes que no incentivan la lectura como un hábito»; pero profesores como Astrid Salazar [3] consideran que el descuido del docente es predominante puesto que "dejan pasar" los errores ortográficos cometidos por los estudiantes. «Muchos profesores se escudan diciendo que eso le corresponde al área de Castellano», afirma. Sincerándose en su experiencia, el maestro Yldemaro Villavicencio [4], cuenta que antes de graduarse escribía muy muy mal y aun así consiguió trabajo. «Laboré con ese vicio pero me preocupé por mitigarlo». Para él, no todos los docentes tienen entrega profesional. Añade que habría que organizar las culpas: «el docente, la institución, la familia, los chamos.» Así mismo, todos atribuyen responsabilidad importante a los padres. «Últimamente, el representante está más interesado en que el niño esté en la escuela porque lo cuidan y no porque le enseñen [2]», «es un tanto injusto dejarle toda la responsabilidad al maestro, teniendo en cuenta número de estudiantes, condiciones físicas del aula, diversidades funcionales, y el papeleo burocrático [3]». Mejores tiempos existieron. La docente Katherine Gómez [5] recuerda que aprendió a leer en casa y no en el colegio. «Cuando era estudiante, mi profesora de matemáticas me bajaba puntos por no poner tildes o escribir sin mayúsculas cuando correspondía» rememora Piñango.



El daño también parece generado desde lo externo y se dibuja como inevitable, indetenible, o al menos fuera de control para los educadores. Los medios de comunicación se miran como causales, («el periódico, cada vez viene siendo más coloquial. Prensa escrita como Últimas Noticias, El Propio, entre otros, escriben como la gente se expresa. Ya se considera “normal” tener mala ortografía [2]»); los medios tecnológicos son expuestos como potenciales herramientas de deformación a las cuales nos acostumbramos. Para Piñango, la gente delega el conocimiento ortográfico al corrector de Word o  al motor de búsqueda de Google. La correcta redacción y la morfología correcta de las palabras fueron liquidadas por Twitter y la mensajería móvil. Parece que por repetición y comodidad, nos acostumbramos a escribir mal. 

El asunto termina señalado como un problema con múltiples culpables pero ningún veredicto. El crimen no tiene consecuencias y todos sus dolientes lucen maniatados. «Es cierto. Ni al sistema, ni a los profesores, ni a los padres y/o representantes les interesa la buena ortografía o quizás sí, pero no es algo que "les quite el sueño”. De hecho, en la institución donde laboro, la directora escribía incorrectamente la palabra “Excelente” y nada pasaba, seguía siendo la Directora», reafirma Salazar en combinación con lo dicho por el profesor Yldemaro quien conecta los diversos factores: cargas horarias excesivas, (que) revisar bien lleva tiempo, mala remuneración, cero colaboración de los padres «y lo cultural y determinante: el venezolano no lee ni escribe, baila reggaeton».




El señalamiento común es hacia el Estado y su sistema educativo impuesto en planteles privados y públicos, acusándolo de «buscar cantidad y no calidad [3]» y caracterizándolo como un sistema que «obliga a facilitarles la aprobación al estudiante [2]». En sus testimonios, los educadores dan fe de seguir aplicando las técnicas de corrección pero los esfuerzos son individuales y no tiene un peso decisivo en el aprendiz. «El profesor debe regirse por las directrices del Estado, por las de un colectivo o directivo, y de no ser así, muchas veces el profesor es víctima de acosos, por parte del estudiantado y de sus superiores [3]». Por lo tanto, aunque el docente sea consciente de las deficiencias del estudiante, éste avanzará en grados cómodamente. «Desde ese momento hasta ya hecho profesionales, no hay manera de corregirles el error. Hablan mal, escriben mal, y lo peor es que se ofenden (los profesionales) si uno los corrige», anota Piñango.


Créditos: Globovisión
Ser un lector y una persona con una ortografía decente no es solamente un reto en la modernidad. Es difícil convencer a alguien de que leer es no solo importante, educativo, útil, sino divertido. La lectura se reduce a un deber educativo mientras quienes ofertan entretenimiento nos  bombardean con «objetos de consumo, publicidades, juegos de video, internet, redes sociales, películas, televisión, música “vulgar” o insustancial y centros comerciales [3]». Aunque ahora Youtube puede explicarte y contarte cualquier cosa, leer se definió como una acción limitada a la adquisición de conocimientos. ¿Que leer es entretenido y divertido? Divertido es compartir memes por FB, hablar por Whatsapp, ver Ridiculous en MTV, jugar PlayStation. Para los culturozos, el entretenimiento está en Netflix. Por otro lado, aprender a escribir bien es un proceso multifactorial y continuo. Pareciera tener cierta importancia pero los emoticones, memes, notas de voz y videos, relegan la expresión escrita a una opción de comunicación complicada y fastidiosa en su uso formal. ¿Escribir bien? Para qué. Para nadie es excepcionalmente necesario. Lo importante parece limitarse a la expresión, a comunicar y entender en formas simples lo que se quiere expresar.



Continuará.
________________________


[1] Miriam Celaya (La Habana, Cuba. 1959) Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, se dedicó inicialmente a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Trabajó durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología de la Academia de Ciencias de Cuba (autodenominada por ella como un delirio) Ha sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano. Desde finales de 2004, ejerce como “periodista espontánea”. En este oficio, comienza como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Su sitio web, desdecuba.com, fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007.  En su bitácora personal, Sin EVAsión, escribió bajo el seudónimo de Eva González, revelando su identidad un año después.  Ha colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual” (2009), Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México, 2011) y coautora y coeditora del libro “Cuba in focus” (Editorial Clío, 2013) Actualmente, continúa escribiendo para varias páginas y conserva su bitácora web mientras adelanta proyectos editoriales independiente.

[2] Juan Alejandro Piñango. Docente en educación básica y superior con 13 años de experiencia. Actualmente está residenciado en Caracas. Labora en la  Unidad Educativa Colegio El Placer y en la Escuela de Enfermería de la UC, en las material de Inglés (en todos los grados de educación media general) e Inglés Instrumental II, en la UCV.

[3] Astrid Salazar. Docente con diez años de experiencia, escritora y promotora cultural residenciada en Maracay, estado Aragua. Actualmente ejerce como Docente en educación media general en el área de Castellano y Literatura.

[4] Yldemaro Villavicencio.  Hoy día trabaja para la institución privada Madre Casilda (Punto Fijo,  estado Falcón) con cuatro años de experiencia total en niveles de media y diversificada en el área de ciencias sociales (Historia de Venezuela, Historia Universal, Geografía General, Geografía de Venezuela, Geografía Económica, Ciencias de la Tierra, Psicología, Educación Artística, Cátedra Bolivariana e  Instrucción Premilitar) Ha trabajado para la educación superior en la UNEFA, específicamente para el departamento de cultura, en la cátedra de Historia Oral.

[5] Katherine Gómes. Docente con cuatro años de experiencia en 6to. grado de educación básica en la institución pública. U. E. Enrique Barrios Sánchez (Naguanagua, estado Carabobo)


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3 comentarios

  1. Hace un tiempo por Quien Quiere ser Millonario un hombre de quizás treinta y tantos, Ingeniero, utilizaba algún comodín en una pregunta que tenía que ver con ortografía y su excusa fue, precisamente, que por eso era Ingeniero. Desde la perspectiva de los profesores hay muchos matices, cuando yo di clases en un colegio público la mayoría de los estudiantes tenían pésima ortografía, errores descomunales en los que llegaban -incluso- a escribir "hanimal" o "viología". Si de mi hubiera dependido ninguno de ellos habría pasado. Lo máximo que pude hacer fue ponerles a llenarme toda una hoja de examen con las correcciones que les pedía realizaran para ponerle la nota. Todo de manera "ilegal". Ahora, actualmente en la universidad donde trabajo, el reglamento da la potestad de bajar un máximo de 2 puntos por errores ortográficos o de redacción. Pero si sacan más de 12 en las evaluaciones, esos dos puntos menos no harán mucha diferencia a la hora aprobar sus asignaturas (y graduarse).

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  2. El sistema nos necesita cada día más ignorantes; así que todo marcha según lo planeado.

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  3. El sistema nos necesita cada día más ignorantes; así que todo marcha según lo planeado.

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David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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