Crítica Literaria Daniela Nazareth

La noche que no buscábamos: Notas sobre el poeta venezolano contemporáneo

12:30 p. m. Daniela Nazareth





Dentro de la historia literaria venezolana, desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad, no existe lugar donde la poesía no buscase la noche. Las voces se anclan constantemente a la melancolía de diversas tonalidades la cual se ve constituida por el duelo por la cosa perdida y los acontecimientos políticos que oscurecen el panorama nacional.[i] Tal oscuridad, de la cual no escapan los escritores venezolanos contemporáneos, es justamente esa noche que difiere a la del siglo anterior sólo por el hecho de que en esta ocasión, no la buscábamos.

El rol del poeta venezolano contemporáneo estará subordinado, de cierta manera, por el modo en el cual éste logra transponer la oscuridad que le acontece. El apropiarse del oficio de escribir como un hecho individual, donde se trabaja una línea estética definida, parece ser una extrañeza dentro del ambiente literario venezolano actual. Sin embargo, la idea de colectivo,  arrastrada desde el veinte, se ha instalado de una manera tan abrasiva que podría plantearse como un espacio cómodo dentro de la literatura venezolana, donde pocas veces se puede observar un producto creativo concreto que pueda ser objeto de estudio en los próximos años.

Sigue existiendo la nostalgia, la aprehensión a la cosa perdida, el estancarse en lugares comunes, la sobrevaloración de la opinión superficial y panfletaria, el auge de los talleres de creación y los manifiestos literarios. Tal conjunto no carece de seriedad (desde el punto en el cual lo asumen los escritores); sin embargo no se exime de ser sólo una excelente y nostálgica muestra del canon literario de los 60 y 70. ¿Quién necesita todo eso cuando, en la segunda década del presente siglo,  la crítica literaria venezolana está en ruinas?

Ossott mencionaba en uno de sus ensayos sobre la noche en la poesía que existe aquel instante donde la noche alumbra, cuando es noche-día, y se adquiere una visión más clara desde la oscuridad. Cuando el poeta se niega a la noche, la visión del mundo externo le es accesible, mas no una visión de sí mismo pues la revelación de su claridad interior sólo le es posible desde el espacio deshabitado de luz.  Quizá sea ese lugar oculto al que debemos llegar como escritores venezolanos. Asumir la noche, la tempestad y la incertidumbre, no ajena, y trasponerla en belleza. Puede que de ese modo, dejemos de cubrir nuestros ojos enceguecidos por el resplandor del pasado.  



[1] Resumiendo la idea de Kristeva (1987), el duelo por la cosa se configura cuando existe una transposición por parte del individuo que va más allá de la pérdida, creando un registro imaginario y simbólico inexorable. En este caso, la cosa perdida son los acontecimientos y referentes a los cuales nos aferramos como escritores: la dictadura de Gómez y Pérez Jiménez, el caracazo, la tragedia de Vargas. Por otro lado, el duelo por la cosa perdida aunado a la crisis social-económica que estamos atravesando resulta como disparador de una voz que se ancla a la melancolía.







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Edición:
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David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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