Internet José Eduardo González Vargas

De la tele al Internet: La realidad redefinida

1:40 p. m. J. E. González Vargas



La televisión es el invento más importante del siglo XX. Esta es una afirmación controvertida, pero el impacto social a nivel mundial de la misma no tuvo comparación hasta la llegada del Internet. La televisión cambió la manera en que nos entretenemos, aprendemos sobre el mundo, convivimos con otras personas; como hablamos, como comemos, como dormimos, como somos. Al igual que en el Videodromo de David Cronenberg, la pantalla nos ha moldeado para que seamos cada vez receptores mejor sintonizados.


¿Cuál es la promesa de la televisión? Una ventana brillante en un cuarto oscuro, voces familiares en donde reinaba el silencio. Un mundo sin aburrimiento, sin soledad, sin vacíos incómodos que nos revelara la desnudez de nuestras vidas. Ese es el evangelio del mago de la cara de vidrio y para aquellos que vimos el momento en que la antena se trasformó en cable, fue mágico. Siempre noticias, siempre películas, siempre comiquitas, siempre presente. Pero el invento del siglo tenía sus limitaciones. Uno era un receptor, pero no un transmisor. Uno podía elegir, pero sólo dentro un número de opciones que, por volverse habituadas, parecían cada vez más estrechas.  Fue por eso que cuando llegó el boom de Internet, no fue sorprendente la rapidez con la que las sociedades del mundo se adecuaron al flujo constante de información y con la que los individuos se siguen adaptando con cada nueva innovación. De no ser por la democratización de contenido surgida por la masificación televisiva, es probable que la red no evolucionara tan rápido o, en el peor de los casos, se quedara como un impersonal servicio de mensajería y recolección de datos.

Esa búsqueda que dio lugar a las culturas web, ese anhelo de superación, ya se preveía; obras como Neuromante de William Gibson -de donde viene el témino ciberespacio-, Ghost in the Shell de Masamune Shirow, Snow Crash de Neal Stephenson y Serial Experiment Lain vaticinarían no sólo el surgimiento y oblicuidad de una red informática sino que haría preguntas nunca antes hecha sobre la individualidad humana ante los canones preestablecidos y la separación de la identidad física de la mental y, por consiguiente, daría paso a uniones y agrupaciones individuales que antes no eran posibles y la amenaza que esto representarían a tradicionales consorcios del poder.



El mundo está cambiando más rápido que la capacidad de muchos para acostumbrarse. En los últimos años se ha sido testigo de gobiernos aterrados por mensajes de menos de 180 caracteres, empresas internacionales tambaleándose por hackers que hasta hoy no se sabe su identidad, gobernantes, celebridades e individuos exaltados o arruinados por un meme. Ese es el mundo hoy y fingir que no existe es negar la realidad.

Pero queda la gran pregunta: ¿A dónde va todo esto? ¿Tienen las rencillas de Twitter, Tumblr y 4Chan peso en el mundo real o son puras burbujas llenas de distracción y desinformación, inconsecuentes más allá de volvernos dóciles y manipulables? Todavía no se puede estar seguro, pero esto si se puede decir: este en un tiempo que definirá mucho, pero principalmente la relación de las personas con la tecnología. Sólo nosotros, los cosmopolitas del Internet, podremos darle definición a nuestra realidad.


Imágenes: 
1) Videodrome de David Cronenberg. Distribuida por Universal Pictures, 1983
2) Hugo Gernsback prueba los anteojos de televisión. Time Magazine, 1961.
3) Lain, diseño original de Yoshitoshi ABe para Triangle Staff, 1998.

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