APLP David Parra

Leyendo a David Foster Wallace, en la biblioteca bombardeada de Holland House

2:41 p. m. David Parra


Tengo varias semanas pensando en cómo comenzar este artículo, pero con sinceridad no tengo ni la menor idea. Dentro de nuestro paisaje nacional (bien cerrado y particular) donde ya se ha dicho de todo, en todos los tonos posibles sobre: “El-Panorama-Político-Social-Económico-Venezolano” me siento completamente aturdido a la hora de estructurar un juicio coherente, sin caer en viscerales lugares comunes o tibias conclusiones, evasivas de un malestar que nos cubre a todos por igual.

Y siento también muchísimo miedo, incertidumbre. Sentarme a interpretar lo que siento ha sido quizás, el ejercicio más difícil de los últimos meses. Particularizar el impacto de los hechos en mi visión personal, mi moral, mis principios, mi contexto.

Es complicado en estos tiempos, analizarnos lejos de la experiencia colectiva.  Esta se ha convertido casi en la única experiencia valida a la hora de concretar y expresar ideas, sintetizar opiniones, aceptar o rechazar alguna resolución. La experiencia colectiva es abrumadora, completa, homogénea y sintética. Por más aristas que le intentemos buscar, siempre terminamos consiguiendo solo excedentes, valores poco importantes en la ecuación que representa estar “Hiperconectados” dentro y fuera de la web.

Lo único que tuve siempre claro  y que debía hacer sin importar lo que ocurriera, era el hecho de seguir cuestionándolo todo. Cuestionar, es un ejercicio que va más allá de adversar un contenido, aunque por convención, se le ha convertido en un eufemismo de ello. Cuestionar es intentar mediante las herramientas del razonamiento, llegar a una conclusión concreta con suficientes pruebas reales para sostenerla. Es preguntar y preguntarse, dudar, investigar y estudiar, hasta llegar al centro del asunto, lejos de empirismos y fantasmas recurrentes en las matrices de opinión y pensamiento.

Hacerlo bajo la tormenta de la superinformación y desinformación, bajo la habitual coerción semántica que se transformó definitivamente en violencia dentro de la mayoría de nosotros, cuando nos han reducido la verdad a primitivos absolutos -de un lado u otro- donde sino es con ellos ajuro estas en su contra; se me ha hecho muy, pero muy difícil. Dilucidar así es complejo, a veces insostenible. Y más con nuestro cotidiano clima de duelo, con los muertos tan cercanos, la necesidad tan evidente y la contundencia del desasosiego.

Es buscar libros en una biblioteca bombardeada.

Reflexionando alguna respuesta al “¿Qué creer?” O “¿En quién creer?” me topé con un artículo sobre el escritor norteamericano David Foster Wallace, uno de esos autores contemporáneos a los que recurro cuando no me hallo en ningún lugar.

Gerardo Carvajal, colaborador del fanzine, me hizo el gran favor de traducirlo.
Va sobre el liderazgo y lo que representa ser un “Líder”:
   
  “Es casi imposible hablar de las cosas realmente importantes en la política, sin necesidad de utilizar los términos que se han convertido en clichés tan horribles que hacen que tus ojos se pongan vidriosos y que son difíciles siquiera de escuchar. Uno de esos términos es "líder", término que todos los grandes candidatos usan a cada rato - como en el ejemplo "Proporcionar liderazgo", "un líder comprobado", "un nuevo líder para un nuevo siglo", etc – y se han reducido a tal perogrullada que es difícil tratar de pensar en lo que "líder" significa y si de hecho, es lo que los votantes jóvenes de hoy quieren. Lo extraño es que la palabra "líder" en sí es bien cliché y aburrida, pero cuando te encuentras con alguien que en realidad es un verdadero líder, esa persona no es cliché o aburrida en absoluto; de hecho, es lo contrario.

Obviamente, un verdadero líder no es sólo alguien que tiene ideas con las que estamos de acuerdo, ni tampoco alguien quien creemos es un buen tipo. Piensa en ello. Un verdadero líder es alguien que, a causa de su propio poder, carisma y ejemplo en particular, es capaz de inspirar a la gente. Usando "Inspirar" de una manera seria y no como un lugar común. Un verdadero líder, de alguna manera, puede hacer que hagamos ciertas cosas que en el fondo creemos son buenas y queremos ser capaces de hacer, pero por lo general no podemos conseguir nosotros mismos por nuestra cuenta. Es una cualidad misteriosa, difícil de definir, pero siempre la reconocemos al verla, incluso de niños. Probablemente puedas recordar haberla visto en algunos realmente grandes entrenadores o maestros, o un chamo mayor muy chévere que "admirabas" (frase interesante) y al querías ser igual. (…) Y sí, todos ellos son " figuras de autoridad", pero es un tipo especial de autoridad. (…) La autoridad real de un líder es un poder que tú voluntariamente le das. Y le das esa autoridad no con resentimiento o resignación, sino felizmente; se siente correcto hacerlo. En el fondo, casi siempre te gusta como un verdadero líder te hace sentir, la forma en que te encuentras a ti mismo trabajando más duro, empujándote y pensando en formas en las que no podrías jamás llegar por tu sola cuenta.”
Al terminar de leerlo, me puse a pensar, haciendo un tipo de lista mental de quien para mí (recordar que esto es un ejercicio individual) eran esos líderes a los que se refería DFW. Concluí que la mayoría de los políticos, autodenominados “lideres” -junto con otros sustantivos más teatrales y grandilocuentes- nunca me habían hecho sentir así y si alguna vez me habían impulsado a hacer algo, había sido sacando lo peor de mí.

Siempre apelando a lo más oscuro de la historia, de la actualidad, de sus adversarios y de sus seguidores para sostener sus discursos e “inspirar” sus acciones. El odio, el resentimiento, el descontento, el rencor, la discriminación, el aislamiento, la segregación en cualquier ámbito del día a día, la tirria y la enemistad son cosas que en ellos y en nosotros siempre va más lejos que la palabra.

Pensé también en todas la “figuras de autoridad” que más o menos se comportaban de la misma manera: Profesores del liceo empeñados en nuestro fracaso, compañeros apáticos y desanimados, representantes civiles corruptos, soldados y policías malandros, jefes abusivos y maestros de la universidad enconados en el cinismo y la mezquindad.

Luego me figuré en lo contrario: Por ejemplo aquel profesor de teatro que construía todas las escenografías con materiales de desecho y nos hacía ensayar donde fuera, los panas del salón que nos animaban a todos a participar en torneos y actividades grupales o esos dirigentes vecinales y comunales empeñados en ayudar sus vecinos sin siquiera un dioslepague. Incluso recordé ciertos policías que me salvaron varias veces de la cuchilla que se vuelve la noche. Al rato me llegó la imagen de todos los amigos que se convirtieron en talentosos deportistas, de los nobles compañeros de trabajo que tuve en jornadas laborales imposibles y de esos brillantes catedráticos que gocé con la dicha de tener en clase, grandes futuristas y genios.

Me figuré a la gran mayoría de artistas y científicos que conozco. Que sostienen con todo lo tienen el mástil de proyectos creativos he ideas contra cualquier huracán que se les presente. A los poetas y escritores que levantan una editorial con las uñas, a los diseñadores que mantienen una marca personal y buscan concretar un epicentro completo de moda y diseño nacional, a los músicos del underground que desde sus estudios improvisados hicieron que el hip hop, el rock y el indie representara más allá del caribe, a los jóvenes médicos que trabajan a mano pelada en condiciones radicales, a los investigadores que se encadenan a un laboratorio, a los activistas que protegen nuestros parques y fauna incluso al coste de su vida, a los que entrenan sin detenerse ni un solo día, a los cocineros y chefs que no duermen por nuestra gastronomía,  a los fotógrafos y cineastas ermitaños, a los sinsubsidio, los madeyourself, los autogestión, a los estudiantes aplicados y reaccionarios. A los tolerantes y empáticos humanistas que te sonríen cuando la cosa se pone candela y te dicen: “A trabajar coño, que el futuro no se hace solo”. 

A todos aquellos que defienden humildemente, alguna causa perdida. 

Cuando pienso en ellos, esa incertidumbre de la que hable arriba se dispersa en el aire y me siento menos aturdido.

Esos son mis líderes, definitivamente.
A ellos les entrego mi fe.

Son los libros que busco cuando creo, que ya nos han derrumbado por completo.  

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(1) Version 1. Holland House, Kensington, London, 1940. Available from Corbis.

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1 comentarios

  1. No veía venir este final, lo sentía todo tan triste y cotidiano que no me lo esperaba. Entonces me tomé el tiempo para pensar en quienes son los líderes que reconozco al mismo tiempo que te leía. Excelente comeback.

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