Camila Ríos Armas Francisco José Cruz

La naturaleza de las cosas: Francisco José Cruz

2:21 a. m. Camila Ríos Armas

"La poesía contemporánea ha olvidado que detrás de un poema, hay un hombre."
 

La poesía contemporánea ha olvidado que detrás de un poema, hay un hombre, dijo Francisco José Cruz en el encuentro Atlántida organizado por la Embajada de España en el marco de la FILUC. Esta frase quedó haciendo eco hasta reposar en tinta en mi libreta. Todo lo que decía producía el mismo efecto: una necesidad casi inevitable de querer apuntar los versos, el título de los poemas, todo, para no olvidarlo, para poder volver a él. Hay en su poesía una casa a la que se quiere siempre regresar y hay en él, como persona, un universo desconocido para nosotros, y del que tenemos vestigios gracias a sus poemas. 


Para Francisco José Cruz, la oscuridad en la que viven sus ojos es luz. Es luz y detalle. Tacto y descripción exhaustiva del mundo que lo rodea. La mayoría de sus poemas están dedicados a Chari, su esposa, porque sin ella – según expresó, su obra no existiría. Ella, guardiana eterna, transforma nuestro mundo en palabras para él. 

En este ahora que vivimos hemos olvidado, también, que uno de nuestros sentidos es el tacto. Evitamos ser tocados en el día a día, y evitamos tocar. Preferimos sanear el tacto con un gel desinfectante y dejar morir nuestro sentido. Sus versos son un recordatorio de este mundo tangible que evitamos, un recordatorio del sentir y conocer a través de la piel, de la caricia, del rose, de lo concreto. Así lo apreciamos en este poema titulado Hombre y Perro:

Qué más quisiera yo ladrar contigo
a la rata que cruza o a un ruido raro,
ponerme a cuatro patas junto a ti
y jugar por el césped
recién cortado.

Pero tú ni te inmutas si te imito.
Sólo buscas en mí que te pase la mano
por la cabeza, el lomo… hasta salir
corriendo de repente
para otro lado.


Cómo salvar este indomable abismo
que nos separa incluso cada vez que te abrazo,
sin tú dejar de ser un perro al fin
ni yo el hombre ilusorio



O en el poema Habla el Barro:

Unas manos sin cuerpo,
anteriores al mundo,
parece que crearon a estas manos de barro
que, cuidadosamente, hacen con mi forma
una forma distinta de las suyas. 


Estas manos no piensan: es el tiempo

el que infunde a sus huesos el instinto
de salvarme del caos.
Yo no hubiera durado sin ser algo concreto.
Estoy siendo una cosa:
esta masa de dedos indudables
ya se ha impuesto a la mía
y he dejado de ser lo que no era.
Me siento circular y hasta profundo,
después de que el calor de una memoria
me asignó este destino
de plato que ya tengo.
Y me plazco en el cuerpo que ahora estreno,
decidido a durar en este instante
cerrado de materia. 





Francisco José Cruz juega con la horizontalidad del tiempo, reta el orden lógico de las cosas. Esta, la cosa, pasa a ser un “remanente inútil que queda fuera del tiempo pero que tampoco desaparece”. La materia se vuelve inmortal, así nos lo muestra en el poema Lanza o remo:

Cultura lampayeque
Periodo Intermedio Tardío
1000-1200 d.C.

A veces tiene el tiempo
maneras de vivir
que hacen de la historia un imposible
y sin embargo explican
la claridad oculta de las cosas.

Lanza o remo, no se sabe,
pero el objeto existe todavía,
dentro de la vitrina, de pie,
como una certidumbre que dudase.
Lanza o remo. Lo trajeron
sin memoria y sin olvido
y en esa indecisión
del infinito habita,
como el brazo incorrupto de algún santo.

Lanza o remo, porque el tiempo
es ubicuo cuando la historia muere.
Y perdidos los nombres de las cosas,
las cosas comienzan a vivir a su manera,
sin alma pero con cuerpo,
ya que en el reino material de las cosas
los inmortales son los cuerpos,
no las almas,
y por esto son siempre las cosas más reales
que nosotros.

O en el poema Manera de comer, donde, además, juega con la yuxtaposición de pasado y presente:

Tengo en el plato, ya partido,
un pedazo de carne
de venado que corre por detrás de las dunas
mientras yo lo mastico y lo digiero
tan despacio
que acaso también él se haya parado
en cualquier tronco absorto del camino.

El cuchillo raspando sobre el barro del plato
me chilla que ahora mismo
él escarba en la tierra.
Y el sabor de su carne le va dando
al deleite furtivo de mi lengua
la tensa fruición de la berrea,
que a la noche extenúa con su celo.

La salsa revela
que acaban de abatirlo en un recodo
implacable del bosque.
Cuando dejan los buitres en la arena
solamente los huesos
esparcidos
sobre un charco de sangre,
el plato está vacío.

La cadencia, el ritmo, la tradición poética de la métrica son herramientas que en vez de restringir el poema, lo convierten en vastedad. Francisco José Cruz es malabarista de silencios y sonidos, espacio y tiempo, todo y nada. En su voz reverbera el cuerpo, lo que se enreda en nuestras raíces, lo ancestral que vuelve en forma de objeto o en forma de niño que descubre que no hay que ser viejo para morir. En su voz reverbera un tiempo eterno, unas manos que descubren y unos oídos atentos. A través de su palabra poética, volvemos a la calma, a la claridad casi transparente de lo que a veces se nos torna turbio, a la lucidez que anhelamos entre tanto desorden. A través de su voz, volvemos al orden natural de las cosas.

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Edición:
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Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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