APLP Arte contemporáneo

En el presente, todos seríamos famosos

11:05 p. m. J. E. González Vargas



"En el futuro, todos seremos famosos por 15 minutos"
- Andy Warhol.


Yukio Mishima, Carolina Herrera, Sacha Baron Cohen, Marjane Satrapi, Francisco Goya, Amanda Palmer, Enrico Carusso, Sor Juana Inés de la Cruz, Idi Amin, Valentina Tereshkova, Los Tres Chiflados, las hermanas Bronte. Todos estos individuos tienen en común una cosa: se han vuelto, de una u otra manera, célebres.

¿Qué significa ser célebre? Significa ser reconocido como un individuo sobresaliente en un respectivo medio o campo de desenvolvimiento, independientemente de cuál sea, siempre y cuando existan otros individuos que reconozcan el mérito logrado. Yukio Mishima, por ejemplo, es considerado uno de los más importantes escritores japoneses del S. XX porque un grupo considerable de personas ha estado de acuerdo en que sus obras plasman elocuentemente el choque entre el Japón tradicional, con su belleza mística, y la occidentalización contemporánea, con todos sus defectos. Es por eso que al entrar al tema de la literatura japonesa es uno de esos nombres que “hay que conocer”.

Ese “hay que conocer” es algo fundamental para la celebridad, sin ella simplemente no existe la fama. Está por ejemplo el caso de la rusa Valentina Tereshkova, la primera mujer en ir al espacio. Aunque pareciera que Tereshkova tiene más mérito por haber marcado la pauta, es la estadounidense Sally Ride a la que muchos erróneamente reconocen este logro por ser simplemente más famosa para los estadounidenses y los países que se manejan en su esfera de influencia. 
Gustave Boulanger, Mercado de Esclavos, 1888.


Esta miopía cultural no es ni nueva ni única de los estadounidenses: Colón no fue el primer europeo en llegar a América, Gutenberg no inventó la imprenta, el hombre blanco no inventó la esclavitud, ni el moderno la idea de que los géneros no son binarios y decir que el continente americano fue liberado por un puñado de hacendados con Rousseau en una mano y el sable en la otra es mínimo grosero para todos los cadáveres sin nombres que regaron su sangre desde el Potomac hasta el Río de la Plata.

Cabe notar que la idea contemporánea de la celebridad omnipresente es relativamente nueva y tiene su origen en la sociedad monolítica y masiva, donde todos sus miembros, teóricamente, poseen la capacidad de recibir la misma información, dando lugar a que su recocimiento transpase barreras sociales y culturales que pudiera haber tenido antes. De aquí nace la idea de la cultura "pop", una cultura diseñada a base del consumo general de un producto producido industrialmente. No diré ejemplos para no herir sensibilidades, sospecho que todos tienen a alguien en mente que encaja dicha descripción.



Sin embargo, el paradigma está cambiando. Ya el cuento de los tres canales de televisión y revisar textos escolares viejos para hacer la tarea parecen quedar nada más para meter miedo a la generación de relevo. 

Cada vez es más posible que personas sobresalgan de nuevas maneras y, al mismo tiempo, ser ignorante sobre ciertas figuras ya no parece pecado. Literatos del interior del país pueden sobresalir con un blog, bandas sin los recursos para darse a conocer a través de la publicidad pueden usar una página de Facebook y un listado en Soundcloud como plataforma inificial y todos pueden volverse comediantes con un canal de Youtube, algo de talento y mucho esfuerzo. Sino, pregúntenle a Germán, Dross y Nostalgia Critic. 



Pero no se debe creer que nada más porque existan mayor cantidad de medios de difusión significa que estos nos salven de los monolítos comunicacionales. Al contrario, es aquí en donde la facilidad de la celebridad omnipresente de abrumar todos los niveles de la sociedad entra en función y logra engendrar individuos que son literalmente famosos por prácticamente nada, excepto quizá una naturaleza memética. En lo personal, un gran ejemplo son las Kardashian. Yo no tengo idea porque son ellas famosas más allá a estar aparentadas a un abogado famoso y un viejo atleta olímpico o algo así. No me interesan las Kardashian y si pudiera borrar cada referencias a ellas de mi mente para ocuparlas con algo más productivo me alegraría enormemente.


La realidad es que al final es el individuo quien es o no una celebridad y si nos ponen dos opciones: una escandalosa y otra no, parece que siempre saldrá ganando la escandalosa, porque en vez de caer en la temida Espiral del Silencio, queremos saber que es lo que todo el mundo está hablando.

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1 comentarios

  1. Pequeña correción: La señora Satrapi se llama Marjane no Marjorie.

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