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Editorial: Sobre el darwinismo cultural venezolano

11:29 a. m. Ácracia pour les porcs


No es secreto que cuando se acaba el dinero, la cultura es la primera en quedarse sin presupuesto. Las cartas han caído una a una sobre la mesa y ésta es, mis amigos, una de las peores crisis que la boheme venezolana ha debido afrontar en décadas. Lo curioso es que viene a suceder cuando el número de  escuelas, facultades y talleres libres ha crecido casi un mil por ciento desde comienzos del siglo pasado. Saquemos cuentas: si somos más y trabajamos a 24x7 ¿a qué se debe esta crisis entonces?

Para empezar, mas cantidad no necesariamente significa mayor calidad, la producción masiva de las escuelas se está convirtiendo en un made in china mezclado con tumblr, sin discurso, un copycat inmensurable. La investigación y el desarrollo intelectual se ven mermado ante esta deprimente situación, tal vez porque no están siendo estimulados lo suficiente, o porque prefieren mantenerse para siempre en el status de pupilo.

Eso por un lado, por otro, la gran y temida barbarie, la crisis de los museos.

Yo, sin pena admito que algunos de mis mejores días son esos cuando hago mi campamento en alguna sala expositiva y me veo arropada por las obras de Jesús Soto, Lía Bermúdez y Milton Becerra, y me tomo la ligereza de sentirme huésped del lugar, adoptada incluso por las paredes que han sido hogar temporal de tantos otros artistas. Pero la quimera de los museos de una Venezuela cosmopolita y postmoderna se hace obvia cuando las salas están siempre vacías, las visitas guiadas son contadas y los eventos son cada vez menos.Y por muy lamentable que sea, no se puede atribuir a una sola razón, los museos institucionales están en la carraplana, como diría mi mamá, pues muchos ya no tienen fondo alguno mas allá de unas pocas donaciones que la empresa privada respalda. Peor aún son los que dependen del Estado, quienes gozan del mismo presupuesto desde hace mas de 10 años.

Para muestra un botón, si hace un año en esta fecha ya teníamos 14 o 15 convocatorias a nivel nacional para salones de arte, a estas alturas a penas 4 o 5 son las que se dejan ver en la escena  del arte venezolano. Puede que en las bellas artes, el cine sea el único que goza de beneficios de distribución y plaza para la confrontación intelectual y técnica. La verdad me cuesta creerlo mientras lo escribo, pues las instituciones culturales están pasando por el equivalente a la gran depresión. El vacío de capital para la restauración y mantenimiento de los espacios es evidente, y si a esto le sumas la ingerencia y poca preparación de algunos encargados, tienes la receta para un desastre patrimonial. No puedo dejar por fuera la ocasional pero cada vez mas frecuente presencia del sectarismo institucional, bien sea político, nepotista, o simplemente democrático.

¿Todo está perdido? ¿Debo hacer un curso para vender bienes raíces y dejar el arte como actividad dominguera? ¿Los museos pasaran a ser oficinas de CANTV? No. Por más tristeza se tenga, nadie puede cruzarse de brazos y dejar que el peso de la crisis derrumbe las universidades, museos y centros culturales. Rescatando las palabras de Darwin, no hay que ser el más rápido, ni el más fuerte, ni el más grande para sobrevivir, simplemente se debe tener disposición al cambio; y esto es lo único que puede resucitar los museos, precisamente la característica que identifica a la postmodernidad, el cambio. Las instituciones que se mantienen  en pie son aquellas que han diversificado su programación y han extendido su radio en cuanto a cultura, me atrevo a nombrar al Centro de Bellas Artes de Maracaibo que mantiene una agenda ocupada al incorporar todas las disciplinas tradicionales así como los nuevos lenguajes y es pionero en una serie de eventos literarios y performaticos en la región. También destacan las iniciativas independientes y la proliferación de nuevos espacios para la sociedad humanística, por ejemplo las galerías en casa que parten del vínculo social de la intimidad del artista y su entorno, asi como las galerías privadas que ofrecen una variedad de eventos y disponen de espacios para la recreación como el Centro los  Galpones en la Trinidad, Caracas, o incluso los sitios nocturnos y restaurantes que abren sus puertas a la difusión cultural como La Galería de Arte Fotográfico en Mérida, Sabor y Arte en Caracas.

Falta renovar los votos que hicimos cuando decidimos meternos en este rollo, el matrimonio no es un lecho de rosas. Menos cuando te casas con las dulces y muy exigentes bellas artes. Toda crisis necesita un compromiso para poder vencerse, aquí sobre este blog yo coloco mi mano y juro no olvidar que hay que tragar grueso y trabajar fuerte, secarse el sudor de la frente y volver al taller hasta el amanecer.



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2 comentarios

  1. _Estimada autora creo que su posición esta mal justificada, por como lo he percibido no hace falta mas que salir a la calle para darse cuenta de que las expresiones artísticas rebasan los museos y otros espacios que por tradición y poco por estimulo propio y trabajo se han logrado espacios en las ciudades. Y es necesario revisar las cuentas de publicidad y ver las espantosas vallas que atentan contra la vialidad y la estética en el país para darse cuenta que ningún empresario ¨sensato¨esta dispuesto a invertir en el patrimonio cultural. Otros medios son necesarios, la librería del sur es ejemplo de esto.

    Lo que si creo es que hay una crisis de valores y el artista no escapa del dilema, aun mas en tiempos donde ambiguos conceptos de arte coexisten y se aniquilan unos a otros.

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  2. A eso me refiero cuando digo que la calidad es independiente de la cantidad. Hay un famoso concurso de popularidad que un banco patrocina para poner a los artistas a rogar por likes en Facebook. Las publicidad en su mayoría es deprimente, pero también tengo la certeza de que algunas empresas están dispuestas a colocar capital, probablemente para reducir impuestos.
    El patrimonio solo sobrevive si muta en nuevos organismos independientes, sinó, sufre por el paso del tiempo en su infraestructura y en la memoria del ciudadano.
    Las librerías culturales sufren en gran parte por no hacerse de los medios web para ganar adeptos (lamentablemente el público para las artes a veces se hacen rogar), pues estas librerías que nombras, en algunas ciudades son populares, mientras que en otras suelen estar vacías todo el día. Claramente las perspectivas van variando según el ámbito en el que se trabaje y la región en la que se viva, pero los problemas a grandes rasgos son bastante similares en todo el país.
    Finalmente, mas que extenderme en la crítica, lo que busco es mostrar las soluciones que he visto proceder y ser partícipe de muchas mas.

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