Animación cine

“Disney es grande, pero yo fui el primero”

12:30 p. m. J. E. González Vargas



Oriundo de Lombardía, Quirino Cristani nació en 1896 pero su familia se radicó en Buenos Aires desde sus 4 años, considerándose él toda la vida argentino. Contra los deseos de su familia de estudiar medicina,  Cristiani estudió artes y diseño brevemente en La Academia de Bellas Artes, puesto que desde muy joven presentó interés por el dibujo. Esto le permitió mantenerse como caricaturista en los periódicos. Es su trabajo como caricaturista lo cual, en conjunto con un libro francés sobre el arte de las viñetas animadas por Émile Cohl, representa su único entrenamiento para hacer un cortometraje animado encargado por el empresario y cineasta italo-argentino Federico Valle. Este primer corto resulta sorprendentemente popular. La popularidad hace que Cristiani realice junto a Valle en 1917 El Apóstol, una farsa política sobre un presidente que sube en globo hasta los cielos para pedir a Zeus su relámpago para limpiar Buenos Aires pero que accidentalmente acaba incendiando la ciudad hasta que no queda nada.

El proceso de Cristiani era un poco rudimentario e improvisado: dibujaba sobre cartón recortado, algo que haría a lo largo de su trabajo, y en el caso de El Apóstol, usaba menos de 20 fotogramas por segundo. Sin embargo, a través de la práctica y la experimentación logró pulir su estilo logrando impresionar a Walt Disney durante su visita a sudamérica en los años 40, haciendo que éste le ofreciera un empleo como animador en EE.UU. Cristiani rechazó la oferta.

En su larga vida y trayectoria Quirino Cristiani realizó decenas de animaciones, incluyendo otro hito en 1931, el de primer largometraje animado enteramente sonoro, con Peludópolis, otra sátira política que fue confiscada por el gobierno argentino la noche de su estreno. Tristemente, esto no sería el mayor de los daños que sufriría la obra de Cristiani, puesto que en 1961 un incendio destruiría prácticamente la mayoría de sus trabajos con la resaltante excepción de El Mono Relojero de 1938, solamente porque su autor casualmente tenía guardada una copia:


Quirino Cristiani murió tranquilamente 1984 a la edad de 88 años. Pero su legado sobrevive, aunque no en sus obras, en el merecido reconocimiento y recuerdo de su trabajo. 

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Edición:
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David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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