ensayo escritura

Gang Bang a la Musa #001, Espacio

10:48 a. m. Gerardo Carvajal

 



Existen grandes diferencias entre la visión del espacio que ocupamos y la interpretación subjetiva de un "espacio que nos ocupa". Los espacios que habitamos a diario,  poco a poco alcanzan ciertas similitudes abstractas,  rasgos familiares a sus habitantes de acuerdo a las necesidades que ellos poseen sobre su dimensionalidad. Se crea una parentela que aunque subjetiva, crea una relación real entre el espacio y nosotros. Los cimientos de ese proceso de simbiosis: espacio-cuerpo, se levantan en función del bienestar físico y psíquico, mientras el espacio influye silencioso en nuestros sentimientos y emociones.

Quiero llamar espacio a todo lo que me rodea.   El espacio (arquitectura, naturaleza, el paisaje y el territorio) me afecta. Sin embargo, en la hermenéutica del espacio, mi cuerpo se desvincula de su ubicación espacial. El espacio me pierde y lo pierdo. Las imágenes externas contribuyen a un desenfreno de asociaciones, que van creando otro espacio paralelo, este segundo escenario, es un espacio creado por mi imaginación. En el divorcio de mi mente con mi cuerpo, mi percepción se deforma, por lo tanto,  el espacio desfigura su realidad. El sentimiento que debe acompañar la mirada se ausenta por la fuerza de la influencia mental, algo en mí siente esa difuminación de la objetividad en la mirada. En medio de esa intuición, en el vaivén entre lo que creo ver y lo que pienso que veo, se mueve en su mayoría la escritura poética. 

Escribir "sobre" el espacio que nos circunda y escribir "con" ese espacio, son dos cosas muy diferentes. Crear imágenes del espacio, o que el espacio  influya en mí y yo lo describa con imágenes en muchos casos, hasta disímiles del espacio remisor, es otra de las características de una visión "difuminada", una visión que quedó atrapada en las redes mentales y verbales. No me interesa la validez o no de ambos tipos de  escritura, me interesa la forma en la que uso el espacio.

En Berlín, Tokio, Estambul o, Naguanagua,  mi trabajo en poesía debe ser lograr escribir "con" el espacio a partir de una posición en la que en primer lugar debo asumir mi presencia, pero esta presencia no tiene que ver con mi nombre, ni con el nombre del espacio (ciudad, barrio, etc.) La formación de este estado, en la que cada cosa en mí debe asumir su "espacio", tiene que ver paradójicamente conmigo y el espacio (ciudad, el  barrio, etc.). No debo ser el ciudadano cosmopolita o el marginal de barrio, debo tratar de ser sencillamente el hombre,  no debo ver la ciudad o el barrio, ni recurrir a la importación de flora y fauna extranjera, debo tratar de mirar sencillamente mi espacio, a través de una reorganización interna donde gobierne en principio la calma, luego la honestidad (en mí y en el lenguaje) y otra vez la calma, en favor de una percepción  más verdadera.   

La fidelidad con el espacio, solo puede existir si surge y alimento la fidelidad conmigo mismo, de esa forma, quizás, puedo alcanzar el desarrollo de una visión renovada, desprovista del mundo adjetival y pretencioso. Pero a diario fallo, lo intuyo, lo rozo y se me vuelve a ir, porque nunca soy el mismo,  si yo cambio el espacio cambia, debo tratar de mantenerlo neutro y maleable a mí y yo a él; es importante la calma, la misma que no alcanzo; confundo a la calma con inactividad, entiendo, pero no comprendo que la calma puede llegar a ser el motor más potente de una actividad que solo logro intuir por momentos, momentos en los que el espacio adquiere una significación nueva y más profunda.

Yo tengo un espacio que se carga de símbolos con los que se identifica y contrasta socialmente con otro conjunto de espacios y así en conjuntos mayores. Pero mi espacio, también puede alcanzar la pluralidad, puede trascender mi ubicación, y estar lejos de mi cuerpo; si y solo si mi cuerpo, y mis emociones, mantuvieron el proceso simbiótico con mi entorno y sus elementos. Mi espacio no es sólo lo que me rodea, mi espacio es lo que he habitado mientras habitaba mi cuerpo, si habito mi cuerpo tengo conciencia de mi espacio.

La casa, el trabajo, las calles, etc. El "espacio" "donde" puedo trabajar, y el "espacio" "con" el que puedo trabajar, son el mismo espacio unido; para su visión se requiere de un artista, de un poeta, de hombre unido, o que trabaje por esa unidad. Pero yo no estoy unido, quiero ser (el de) la casa, quiero ser (el del) trabajo, quiero ser (el de) las calles, etc.



ESCRITOR INVITADO

SOBRE EL AUTOR 
Víctor Manuel Pinto (Valencia, estado Carabobo, Venezuela, 1982)
Licenciado en Educación Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo, donde actualmente cursa un Doctorado en Ciencias Sociales, Mención Estudios Culturales. Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, donde dirige la revista Poesía y coordina el Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo. Ha obtenido premios nacionales e internacionales por su trabajo poético. Ha participado en Festivales nacionales e internacionales de poesía. Ha publicado: Aldabadas (2005), Mecánica (2007), Caravana (2010) y Voluntad para no matar (2011). Sus poemas han sido traducidos al árabe, italiano, inglés, portugués y alemán. 
Twitter: @lacuartilla

Podría interesarte

0 comentarios

Ácratas

Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

http://acracia.com.ve, 2017.

Contacto