David Parra Editorial

Editorial: Cómo hacer un lanzallamas casero

2:07 p. m. David Parra




"No podremos hallar el bosque
si nos seguimos ocultando en los arboles."
Nine Inch Nails - Right Where It Belongs 


NOS LEVANTABAMOS A LAS 5 AM a terminar de revisar la pega industrial que unía los tubos PVC.  Era sencillo: cuatro codos de ese material, dos tubos gruesos de plástico de quizás unos ochenta centímetros, una bomba grande de bicicleta -la misma que usábamos de niños para inflar los balones de futbolito-  dos metros de manguera de jardín, una boquilla con una tuerca de esas grandes, incrustadas en el extremo opuesto de donde estaba enchufaba la manguera con su respectiva tapita de plástico coronándola para cerrarla bien –por allí era que se vertía la gasolina – y en la punta de manguera, para finalizar: Un grifo de esos que abren a presión con un solo pase de la manillita en forma de palanca. Poníamos toda nuestra rabia en modo Casa Club hasta la hora del disturbio por allá en dosmilsiete. De seis a nueve metros era la llama sobre las cabezas de todo ese poco de carajitos molestos y bañados en adrenalina frente a la ballena. Nunca quemamos a nadie con seriedad, era solo circo y miedo.
Ganas de que supieran que no solo de molotov y consignas podía vivir el manifestante.

Empiezo esta editorial de esta manera, porque precisamente eso no lo deberías haber leído. Ni yo lo debí haber escrito, en primera instancia. Todas las recetas de explosivos y armas caseras en la internet tienen un elemento que las hace inútiles o que no funcionen, siendo así altamente peligrosas para los conejos que se atrevan a elaborarlas. Así los portales se cuidan las espaldas del veto, la censura y la persecución. La receta que acabo de escribir acá, funciona perfectamente, se los aseguro. Pero en caso tal me escudaría tras la fabula punk -si preguntan- sonriendo como quien recuerda su primer polvo. Saber esa clase de cosas da miedo a veces; pero más miedo le da al Poder –sea cual sea su representación- lo que nosotros podamos hacer con ese conocimiento.

Ese mismo conocimiento lo quisieron volver el pez más grande la historia
El megalodonte legendario y gratuito en bandeja de plata bizantina, servido en un banquete auspiciado por aquellos jóvenes dioses del norte, esos mismos que nos cercaron el internet en redes sociales, buscadores automáticos, y portales de referencia. Nos volvieron la web una versión con rejas –como de colador, ya saben-  de la gran biblioteca de Alejandría 2.0 o de la Babel utópica futurísta, en el último siglo de la humanidad. Ahora esos hombres que viven en cielo -o en alguna isla privada que le compraron a un narcotraficante o a un país quebrado por el fisco internacional- quieren privatizar el punto com, el punto net y todos los otros puntos; cobrarlo a libre mercado en especie y con interés, a esa masa (ejercito) gigante de usuarios que engordaron y entretuvieron -haciéndolos creer sus propios héroes, rockstars y mejor producto- los ultimos 20 años. La vieja política occidental de brindar las primeras putas, el primer gramo y la primera botella, para luego violarte y dejarte desnudo en la basura en forma de cobro, ya bien entrada la madrugada. Los vemos pelearse como titanes corporativos enarbolando estandartes esvásticos. Los más viejos gritan: “Copyright” O “Piratería” y los más jóvenes “Libertad de expresión” y “Fuentes de trabajo” pero por debajo de la mesa todos temen por sus acciones en Wall Street, turulecas y cancerosas por una recesión peótica atiborrada de neohippies que lanzan huevos y pintura a sus BMWs.
En tiempos de austeridad, hasta los perros se matan por el vomito.

Todos los que dependan de compartir contenidos, reciclarlos o prostituirlos y hagan además plata con ello, pagan prota o chao pescado.  En este país el noventa por ciento de las publicaciones no oficiales o gubernamentales –porque el estado vio venir esto hace ya tiempo y mando a Microsoft y a todos los demás a comer mierda, contratando a los mejores programadores e irónicamente a los primeros hackers nacionales de los noventa para hacer software libres #Rojosrojitos- dependen de esto, y si esos editores nacionales balurdos –y no tengo porque deberle pleitesía a ninguna publicación “Contracultural” o "Indie" grande de este país, así que mejor lo grito: ¡BALURDOS!- creían que les alcanzaban los retuiteos para pagar el perico y los hoteles donde se cogen a los pasantes, pues creo que se les acabó el pan de piquito. Recojan los vidrios y bórralo.

Hace ya unos meses cuando conocí a Ennio Tucci -el líder de un grupo panfletario, anacoreta y oldschool falconiano llamado "La Madriguera"- mientras compartíamos un pan de guayaba, soltó uno de esos comentarios random que te dejan medio noqueado. Dijo tranquilo mientras masticaba, algo así como que no había cosa más rebelde contra la cotidianidad de la vida, la monotonía preestablecida, la saturación de contenidos y la alienación obligada, que leer. 
Leer cualquier vaina. Que leer quitaba horas al trabajo, a los compromisos, al amor, a todo ese sistema vital al que nos acostumbramos.
Eso es malditamente cierto, compay; contesté y seguí comiendo.
Ese comentario me dio a pensar en otra formulación.
Recordé de pronto el hermoso lanzallamas casero del dosmilsiete.

Usar el conocimiento propio, generar el discurso, hacerlo conciso y restiado, como un bloque de adobe o una molotov de ideas, es mucho más peligroso que leerlo.

Alguien me pregunto esta mañana, o más bien me afirmó cínicamente -mientras pensaba en cosas románticas llenas de agradecimientos y besos para la primera editorial del año-, que si APLPorcs se vería afectada por ese montón de leyes gringas locas sobre la privatización, los contenidos compartidos y la auto-censura. Yo lo pensé y titubeé unos segundos como la paranoia de los timelines criollos. 
Con rabia y seguridad contesté: 

No. No se verá afectada. 
Punto

Y no fué un No proselitista de izquierda "Nos opondremos a los yanquis cuando sea, ¿que se creen? ¿Dueños del mundo? ni un No intranquilo, mercantil y adeco “Esos gringos no llegaran tan lejos, esos son cuentos de camino, chico. Ósea,¿tú creyendo esa vaina? ¿#Tueresmaricoes?” Sino en realidad un No rotundo. Bien, bien cerdo. Si nos ponemos a revisar en qué se basa el discurso de esta publicación, nosotros no hemos compartido/nombrado/vulnerado ningún contenido industrial, corporativo, o sellado.

Los hemos elaborado todos.

Nosotros como simples columnistas medio armamos los contenidos, pero los  más importantes son los artistas que reseñamos, como creadores autónomos de sus obras. Y lo decimos no por arrogantes ni creyones -Ay sí. Ay sí, qué arrechos somos y tal. Comamos mierda en familia-, sacándonos los cojones sobre la mesa full de gente, porque no es la idea, colegas. Lo digo porque es posible, absolutamente posible subsistir en una red rodeada de más francotiradores que la frontera de Cisjordania. Y la mejor manera es esa: hazlo tu mismo, autogestionate, autofinánciate. No temas morder la mano que te masturba. Has tus propios lanzallamas caseros. Protesta con fuerza, herman@. No retuitiando tredingstopics y su psicoterror, o subiendo imágenes hilarantes, trolleando sobre el asunto. Protesta armando la bomba, colocándole nombre y apellido en un tirro sobre el C4 de tus ideas, ya sean artísticas, deportivas, culturales, políticas, religiosas o económicas. “Las ideas son a prueba de balas”, dice V antes de morir, para luego incendiar el parlamento de un Londres distópico frente a toda una ciudad escudándose con su máscara. Y así es, virtuales o reales, esas balas no pueden contra las ideas, y más aún contra la férrea voluntad de llevarlas a cabo.
    
RECUERDO A LA BALLENA DANDO MEDIA VUELTA y a los pacos formándose para descargar una ráfaga de perdigones. Pude ver a Carlos y a Gustavo con sus trajes de antimotines, gritándome: "Parra, qué maldito eres"– , y riéndose, como si esto fuera una sola rubiera siempre que jugábamos en el patio de carajitos. Atacándonos con una arrechera que ni siquiera era nuestra. Fue un hermoso espectáculo, ver la llama a presión salir de la manguera, frente a los oficiales que retrocedían asustados cuando sólo estaban haciendo su trabajo: cuidarnos de nosotros mismos y de los titiriteros armados sobre las azoteas. Fue un espectáculo tener la certeza de ser tan inocentemente peligrosos. Pero fue mucho más fuerte la sensación de que aquello, que tan impresionantemente pudimos crear en dos noches, con toda la basura de nuestra casa, nuestros objetos de la infancia y las ganas de cambiarlo todo, era nuestro. Realmente nuestro.

Feliz año del dragón de agua, gente.
Gracias por leernos. 








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8 comentarios

  1. Esto tiene sabor para cualquier paladar.

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  2. Parra me echó este cuento en vivo mientras sonaba un drumn'bass viejo viejo en El Hoyo y las cervezas, baratas, venían en caravana; su rabia es un fondue cáustico. Brutal, como el editorial

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  3. Bueno, Parra, qué quieres que te diga, esto es así, y punto. Va un abrazo.

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  4. La literatura no debe tener ataduras, y la autogestión en muchos casos no se vende ni se compra, escribir sin ataduras es lo que nos hace libres, cuando suceda lo contrario, cuando ya no podamos generar un discurso propio sino que seguimos esquemas impuestos, entonces la única solución que nos queda para recordar lo que somos y lo que hacemos es construir un lanza llamas y quemar toda esa vaina...

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  5. siento que me arreché y a la vez me alegré. Porque esta vaina es de uno, pana. Y hay que salirse de aquella frase: por unos pagan todos.

    te quiero, Parra

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  6. "Porque juntas se ven hermosas todas las flores"

    Fantástico.
    Yo recuerdo ese lanzallamas.
    Cariños, Rakel.

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Ácratas

Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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