Editorial Maily Sequera

Editorial: La gran falla en el terreno (II)

12:45 a. m. Maily Sequera





“Inviértale al rock n’ roll, es patrimonio de nuestra nación”
- dijo Molotov.

Hace un montón de meses leí, La formula para hacer conciertos en Venezuela y el mito del país rockero, una intervención/post de Rufi Guerrero en su microblog. Desde entonces pensé escribir una exposición de mi punto de vista porque aunque estoy de acuerdo con casi todos los argumentos expuestos por Guerrero, me parece que un par de ellos son sensibles a discusión y, más delicado aún, estoy convencida de que son ‘el dedo en la llaga’ que provocó centenares de RTs y rebloggings.

La información de mercado y la forma en que echa luces y números para explicarnos por qué el ‘negocio’ de los grandes conciertos no funciona en Venezuela, está okey. Es buena. Vale la pena considerar estos factores de nuestra realidad económica y sobre todo, dejarlos así, expuestos, para colaborar con la extinción de pataletas fastidiosas e inútiles cada vez que una banda internacional anuncia su gira latinoamericana o, más triste, cuando algún proyecto asociado al rock nacional fracasa. Hay algo cierto: para las productoras de conciertos es casi imposible traer grandes shows a Venezuela porque la inversión supera la proyección de ganancias. El asunto que voy a discutir  es otro: en Venezuela hay rockeros suficientes.

Vamos a lo nuestro. Yo no creo que exista un mito de país rockero. Yo no lo conozco ni me han presentado nadie que lo defienda, pero vamos a ponernos de acuerdo en algo: en Venezuela, hay un público rockero que supera las 5000 personas contabilizadas por el autor. Sobre todo porque hay que aceptar una segunda realidad, más grande que la primera: Venezuela no es Caracas. Es algo que se olvida con frecuencia pero, geográficamente, es así. En la capital, puede ser que el público cautivo del género rock sea de 5 mil personas, aunque yo me atrevería a duplicar la cifra. La cuenta me parece sacada de una observación del fenómeno en su expresión más elitista. Me refiero con ello a la acción de mirar qué pasa en los toques y festivales locales con las bandas que han ganado popularidad en este circuito,  gracias a la exposición que han hecho de su trabajo en la breve cantidad de medios de comunicación alternativos, cuya distribución está encapsulada en el área metropolitana del país. Luego, considerar que así se comporta el público con quien cuenta el género rock y maximizarlo como una realidad nacional.

Que el rock no sube cerro, dice @Bostonrex, citado en el post de Guerrero. Y me pregunto, ¿cómo que el rock no sube cerro? Obviando lo liviano del comentario, quizás debamos delimitar con cuidadísimo de qué hablamos cuando nos referimos al rock.

A ver si así nos entendemos 


El rock no puede subir cerro, claro que no. El rock nacional no sube cerro porque el rockero no sube cerro y no tiene ningún compromiso de hacerlo, claro. El rock nacional -o lo que se mediatiza como rock nacional- sale en su mayoría del garage y los apartamentos de una clase media llana-llana, que balanceando privilegios y esfuerzos hace la música más sincera que puede hacer. 
Hoy, creo que estamos bastante curados de las aspiraciones surrealistas que nos brindó MTV y que la mayoría de las bandas nacionales ya no quieren sonar como Zapato 3, pero hay que enterarse de que la cultura rockera no puede surgir por generación espontánea.  Tenemos graves problemas para vendernos nuestra propia música porque ésta ocurre en espacios paralelos y no se entreteje con la cotidianidad del venezolano. Es nuestra responsabilidad el ocuparnos en idear una formula para llevar la música a la gente, multiplicar y democratizar sinceramente los canales de distribución y, sobre todo, convencernos a nosotros mismos de que lo anterior vale la pena porque el rock venezolano está haciendo un buen trabajo.

El rock que sube y baja cerro es el que se hace en el barrio. Dígame, cuando se anuncia un festival de metal en cualquier ciudad del interior del país, ¿las manadas de camisas negras no salen de sus barrios más populares? Me parece que sí. Los metaleros más duros de este país suben cerro todos los días. Y para no sectorizar mi punto, obviemos al metal.

En algún momento del 2009, tuve en mis manos estudios de mercado de La Mega Estación, el circuito emperador de la radio alternativa en Venezuela. Al estudiar por clase social a sus escuchas, en los perfiles caducados A, B, C, D, E, nos podía sorprender que la mayor parte de su audiencia cautiva pertenecía a las clases más populares, lo cual nos haría pensar que este grupo de personas, desde el cerro, escuchan rock. No hablemos de reggae ni de hip hop porque el debate se intensifica. Estamos hablando de rock, de la imposibilidad del rock en “un país caribeño, de tradiciones tropicales, de música bailable”.

Seguramente ese grupo de rockeros no representan una mayoría dentro de su ámbito social. El gusto de la mayoría debe guardar una estrecha relación con “el corte” de la mayoría de las emisoras. El principio de la exposición y la repetición se imponen. Me pregunto, si existiese un mayor número de emisoras alternativas y especializadas, ¿no sería muy diferente este asunto? El problema está en que para ellas, en estos momentos, no habría mercado. Pero, ¿cuándo nos vamos a atrever a crearlo? Supongo que cuando la situación económica nacional lo permita. Panamá, más sabrosos que nosotros, y cuyo crecimiento económico ha sido consonante con el avance e internacionalización de sus exponentes del género rock, nos puede echar alguna luz.


¿Es realmente pobre la convocatoria del rock en Venezuela?


Dentro de los datos que aporta el post de Guerrero,  tenemos los números de asistencia a los conciertos de rock con bandas internacionales en los últimos años. Las cuentas son tristes. En algunos estuve y la visión del culazo fue lamentable. Pero hay que contextualizar la situación en tres escenarios para evitar la trampa emocional. Vamos desde el pañito tibio al tobo de agua fría: primero, Oasis, Nine Inch Nails, Guns N Roses y Deftones son bandas que visitaron el país cuando su curva de popularidad estaba en descenso. Los números de asistencia del show de Paramore, por ejemplo, rondaron los 5000 espectadores,  igualándole o sacándole una cabeza a los anteriores. Esa fue una buena jugada de quienes producen espectáculos en este país. Se puede considerar la popularidad - más que la fama- un factor determinante para el éxito de la boletería pero entonces, habría que considerar qué pasó con Maroon 5 en el 2008, y comenzar a conectar los puntos porque, segundo, si hilamos los argumentos, no podemos desconectar al público de la realidad como entes que flotan en su obstinación negada hacia el rock. Las exposiciones de cómo sufren las productoras para traer una gira internacional por las condiciones económicas del país, son una agonía aplicable a cada una de las personas que pueden sentir interés por asistir. Entonces, no es que la gente no sea rockera; es que ser rockero está muy caro. Sobretodo si les recuerdo que Venezuela no es Caracas.

Un rockero en el interior del país no solo hace vida dentro de una economía - seguramente- más lamentable sino que debe considerar más que el precio de la entrada y algún dinero extra para asistir a ver a su banda favorita. Si miramos los tristes números que nos da @Rufian, encontramos leyendas como Duran Duran, R.E.M, Kiss y Megadeth. Si yo quisiera ir a ver estas bandas desde Mérida, por ejemplo, debo gastar dinero en comida, transporte y quizás, hospedaje. No olvidemos que en Venezuela no hay trenes, espacios para acampar, instalaciones, cultura vecinal ni permiso municipal para soportar la estadía de miles de rockeros en los alrededores de un área de conciertos, que tampoco existe. Ahora pienso: Chamos, si el tren estuviese listo. Quizás entonces, sí, cabrían comparaciones aplicables al primer mundo o a países latinoamericanos con tradición musical - y fíjense que no dije rockera-. 
Entonces, quedemos en algo. Metallica y Soda Stereo no son la excepción; son la norma. Ese es el público rockero de todo el país. Leyendas vivas o muertas por las cuales la gente se endeudó, mató, robó o vendió un riñón. Más fácil. ¿Quiéren ver el público rockero de todo el país? Cóbrenle ridículamente barato, como Gillman. Los numeritos de Megadeth en 2008, lo confirman (10000 contra los 3000 que luego convocó Profit Producciones) Aunque él, sí es un ente - beneficiado- flotando en su obstinación.


Por qué Arjona sí logra destrozar la boletería


Gillman nos sirve para exponer cuál es el grueso real, al menos del público aficionado al metal -porque sabemos que hay otro tipo de público rockero que podemos sumar a ese- , pero no funciona para ejemplificar cómo podría trabajar el mercado de la producción de espectáculos. Me parece apropiado poner algunos asteriscos y notas, considerando que sí, obviamente Luis Fonsi, Arjona y otras pesadillas -como Chino y Nacho, por nombrar lo local-, hacen conciertos en cualquier ciudad del país a casa llena, cuando podríamos suponer que este público vive con las mismas limitaciones económicas con las que yo justifico las ausencias del público rockero en los espectáculos que se ofertan.

El pasado censo nacional (2001) nos dijo que la media de edad de la población venezolana no es mayor de 25 años. Ese dato debería mantenerse equilibrado (1) Suponemos entonces que la mayoría del público con el que cuenta cualquier show no ha soplado más que esa cantidad de velitas, pero sabemos algo innegable, el grueso del público rock tiene entre 16 y 25 años.

La revista Producto se ha valido de los estudios de Datanálisis para señalarnos cómo se distribuye el ingreso promedio por persona, en Venezuela. La fracción del sueldo que el venezolano gasta en recreación y entretenimiento (proyectando el dato de 6% a 4,3%, sobre los 1200 Bs., para 2009) es una cantidad casi risible de dinero. Al mismo tiempo, otros estudios nos dicen que ese 6% del sueldo que se invierte en entretenimiento se gasta en comida rápida, bebidas alcohólicas, cine, salidas a la playa, centros comerciales y locales nocturnos. Para eso alcanza. Los datos cualitativos señalan con precisión que una mujer de 19 a 25 años considera que recrearse y entretenerse es ir a comer sushi con sus amigas o adquirir un celular nuevo, mientras que un hombre de la misma edad considera que caerse a palos con los panas, en un local o en la casa de algún otro, es su opción de fin de semana. Seguramente, el grueso del público rock no solo tiene aproximadamente 20 años, sino que sobrevive con sueldo mínimo o menos. Sus opciones de recreación no tienen nada que ver con que sean reggaetoneros o metaleros extremos sino con lo que pueden pagar.

El espectáculo pop o de música tropical, Chayanne, por dar más asquerosos ejemplos, cuenta con mi madre y sus amigas, señoras de 40-50 años que gozan de cierta estabilidad económica y, por ello, pueden permitirse esos pequeños lujos. Entonces, la amplitud del target es mayor y así se llenan las casas de conciertos. Producir espectáculos para doñas y para niños, lo sabemos, es la estrategia de supervivencia de quienes se dedican a la producción de espectáculos. (2) Además, manteniendo la distribución de la población en odiosos perfiles A-B-C-D-E que, sabemos, poca certeza nos dan sobre cuánto, cómo o en qué gasta el dinero el venezolano, encontramos que ciertamente, el 80% de la población vive en pobreza pero sus factores de gusto, edad e ingreso económico son los considerados por quienes producen eventos con fines comerciales. Lo anterior ocurre porque la llamada clase E es la única que se ha elevado su nivel de ingresos -un 3%- en los últimos cuatro años. Por ello es que tampoco tenemos tantos conciertos de rock. No es lo que pide el gran público.

Lo más triste es que mantengamos la ceguera. (3) Considerar que todo venezolano nació y creció con eslabones de ADN encendidos en música tropicaliente para justificar el fracaso del rock como espectáculo rentable es un excusa que se puede patear haciendo un análisis de contenido a los medios de comunicación nacionales. Las repeticiones en radio, tv, y prensa, de aquellos contenidos que podríamos categorizar como afines al rock o a la música alternativa, son escasos. La cantidad de medios especializados con distribución formal, regular y nacional, casi inexistentes. El desarrollo de trabajos de investigación o periodísticos, dedicados a documentar el movimiento musical rockero o alternativo en Venezuela, excepciones de inexistente difusión. Sobresale la comodidad editorial al reciclar contenidos que se apoyan en repeticiones de medios internacionales que ya han captado la atención del receptor, esquivado así el trabajo titánico de generar contenidos. Sobre todo porque quien escribe y produce, el periodista y el editor, fueron personas educadas y amañadas en esta tendencia. Sumemos a esto la deuda histórica que tenemos, el desconocimiento general y el desamparo cotidiano que ha generado una precaria industria musical local que no tiene con qué sostener la atención del público - ni del periodista- porque sus esporádicos lanzamientos de discos, vídeos y celebración de festivales no son suficientes para pagar el alquiler emocional - o efectivamente, económico- de los espacios de nuestros medios de comunicación. Por eso, la atención la ganan Luis Fonsi y Arjona y, en consecuencia, ellos son quienes revientan la boletería.


“La realidad es bandera”

A veces, un rockero en la portada de la revista dominical, el tema de una banda local en un comercial, un festival exitoso o una lluvia de RTs que nos recomienda un disco hecho en Venezuela, nos descolocan alegremente, pero el verdadero crecimiento viene de la mano de las libertades y el levantamiento económico que seguimos esperando y además, de una voluntad de conocimiento, de crítica madura, de apertura y reconciliación de lo nacional. Un país no puede sustentar su cultura en la visita frecuente de grandes estrellas internacionales sino en el desarrollo de un movimiento nacional que se conozca y difunda, primero, por mérito, y segundo -como norma de sustentabilidad- por necesidad y requerimiento público. Así, la gente querrá ver rock más que a The Strokes, y se inventará cómo pagarlo.

Es posible que cuando se contabiliza el público rockero en 5000 se esté hablando, no de personas que gusten del género sino de aquellos que puedan pagar su disfrute. Disculpen entonces mi verborrea pero El mito del país rockero... es un título sensacional que puso a más de uno a patalear en su apartamento, y eso es precisamente lo que -me parece- ambos autores queremos evitar.

Queda abierta la invitación para comer candela juntos y subir cerro.

(continuará)

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1. Gracias a Jeanfreddy Gutiérrez, Juan Miguel Rojas, y David Parra, por los delirios,  discusiones y cavilaciones que colaboraron con esta entrada. Gracias, además, a Gustavo 'Chalako' Medina por el buen intento.
2. Los datos presentados, atribuidos a la revista Producto y Datanálisis se pueden revisar con mayor cuidado en las ediciones aniversario de Año 22, número 272 (El país y sus marcas) y Año 26, Nº 308 (Consumo Cuidado. Un estudio exclusivo del consumidor de hoy) La primera, una edición de cuatro todos y la segunda, una edición especial de tres tomos.
3. Algunas de las fotografías de los conciertos que se pueden ver en los fotomontajes que ilustran el post, fueron extraídas -robadas- de Hazerothonline y la galería de Flickr de A. Andrés. Gracias por la cortesía y disculpas por el abuso. En su momento, la cortesía será devuelta, y el abuso perdonado.
4. Los fotomontajes van por cuenta de la autora.

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11 comentarios

  1. Este es el tipo de información que mueven cerebros.


    Los fotomontajes son de lo mejor que he visto recientemente.

    Praises, Jefa.

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  2. No es que no haya público... sino como dice Maily... muchos piensan que Venezuela es Caracas... Recuerdo que cuando vino soda, una amiga hizo hasta lo imposible por ir... compró la entrada, reunió como pudo el dinero, y por suerte pudo quedarse en casa de una amiga... gastos??? todavía está pagando la deuda... y más recientemente, cuando vino Épica, o fue, mejor dicho, a Caracas, otro chamo me comentó que reunió plata para pasajes y entradas... y tuvo que correr el peligro de que le pasara algo por allá, pues no llevó dinero para pagar hospedaje y tuvo que dormir ese día en la calle. Uno hace recorrido de distancias, y de dinero, y se da cuenta que para esos conciertos, los grandes, es imposible ir... y se queda con los toques locales... hay que cambiar de mentalidad y perspectiva... es cierto que no existen emisoras especializadas... (a ver, en qué se especializan las emisoras de este país?... creo que sería tema para una futura discusión), pero en algunas cuantas... muuuuy contadas, hay programas de rock nacional, o rock de cualquier género. La falla, se resume en la siguiente frase: DEBEMOS DEJAR DE PENSAR QUE Venezuela es Caracas... y que sólo allá se puede producir rock... nada de eso, en mérida, táchira, Barinas hay buenas bandas... y estas como alternativas de difusión usan internet... porque los espacios los hay... sólo que hay que tumbarlos... jeje

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  3. Qué cagada! se nota que esto lo escribió un(@) sesud@ bloguer@ intens@ cuy@ vida, espero, no se circunscriba a los espacios cibernéticos.
    De todas las categorías o estilos que podrían considerarse rock ¿a cuántos les importa la cuestión del mercado y esa paja de proyectarse en otros países? ¿cuándo el rock perdió su sentido primigenio de compartir entre panas y ser contestatario para ser otro ruido más de los que te impone el medio?

    Es triste que las universidades sólo sean fabricantes de leña que alimenta la locomotora que sigue jodiendo a este mundo.
    sin ánimos de ofender

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  4. Mi amigo ánonimo (vaya ud a saber quién es, pues los ánonimos son los cobardes que no dan la cara y dicen cuanta estupidez se les ocurre) se nota que ud. nunca ha estado en una banda... a lo mejor nunca habló con los panas sobre la perspectiva de sacar un demo y de llegar a pensar que alguien más allá de las fronteras lo llegue a escuchar... más aún, seguro que ud no ha sentido la emoción de montarse en tarima y cantar y tocar la música -buena o mala- que ud junto con sus amigos en ese garaje, casa, apartamento, cuarto ensayó con tanta emoción y aplicación porque esa es su pasión... y más aún, de que trabajar en eso, de montarse en serio a hacer música le produzca dividendos para vivir... Ha estado ud en una banda y hablado con los panas -que de seguro son los mismos chamos del barrio, edificio, calle, urbanización- sobre las perspectivas a futuro? Mentalidad tan mediocre como la suya, amigo anónimo, es la que nos tiene donde estamos... por creer que todo lo que se hace, en este caso la crítica, sea basura... amigo mío... el rock seguirá siendo contestatario... pero imagino que ud escuchará bandas mediocres... el buen rock hay que buscarlo... y saberlo escuchar, respirarlo... y sentirlo... así como la buena música en general (y aquí me refiero desde la música tradicional venezolana, que de paso no es la llanera exclusivamente, pasando por música clásica, jazz salsa, electrónica, blues y todas esas fusiones que se escuchan por ahí)Lo cierto es que las bandas, los músicos, querido amigo anónimo (y de querido amigo es sarcasmo, por si sufre de Asperger)piensan muchas veces en cómo hacerle para que las pocas emisoras dedicadas al género las suenen, para que tipos como ud no las escuchen.

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  5. En primer término no sé para qué quieres mi cara pues no creo que se haga mucho con ella.

    Estuve en varias bandas cuando estabas chiquito pero eso no es lo importante, lo que hace importante una banda es el momento y las circunstancias en las cuales surgió. En efecto, puedes tener miles de proyectos, grabar una canción y que la escuchen en Corea del Norte o en Australia, pero otra cosa es que desde un romanticismo pacato (sin ofender a los románticos del del siglo XIX) digas la perspectiva de sacar un demo y de llegar a pensar que alguien más allá de las fronteras lo llegue a escuchar, pensando que vas a conquistar un mercado importante y entiéndase importante como aquel que tiene el poder de darte y quitarte la fama. Y si quieres ingresar o intentarlo, debes negar tu propia identidad y convertirte en Shakira para intentar parecerte un poco a Madonna porque así te lo exigen. Por otra parte, el rock deja de ser contestatario cuando no sabe a qué le está contestando, cuando es prisionero del puro instante. Mediocre es caer en el jalabolismo cibernético y en absolutismos que terminen siendo palabrería. Que lo más trascendente sea que te escuchen en otro lado y montarte en una tarima es triste, cómo alguien así me puede hablar de la perspectiva del futuro. Lo importante de todo son las pequeñas realidades que se pueden transformar con la música y las formas de relación que surgen en esos espacios, los demás, si no llega no importa. Por suerte el rock, al igual que la poesía, es inmanente, no necesita de una bola de pendejos que lo defienda para sobrevivir. Te imagino a ti(metáfora) en un baile de salón donde todo se pierde en la estrechez del dancing, donde la danza se asfixia dentro de la ola adiposa y asmática que forman todos con todos, con la que cada cual encubre su capacidad danzante.
    Si quieres seguir pataleta hazlo. No seguiré revisando esta cosa. Probablemente si sigues escribiendo avives la llama del ego de los que forman parte del asunto, quizá lo necesiten.

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  6. ¿Ácracia pour les porcs o Noticias24?
    Gracias por comentar.

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  7. Anonimo: Relaja el papo el mio.


    Att: Comité Editorial.

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  8. Anonimo necesita un abrazo y en su defecto un blogger, para que descargue toda su adrenalina hatter y/o Troll.
    anonimo tiene que ser un hipster/punk de 16 años.

    me gusta el tono del articulo, mete el dedo en la llaga de muchos aspectos naturales en rock de este país.

    y como dice el prieto:
    "Que salgan los dolientes y los dolios"

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  9. Van dos citas de El Prieto en este asunto.

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  10. Otra estadística risible: según GISXXI, parte del disfraz del rey esnúo, el rock es sólo escuchado por el 1% de los venezolanos, que según el INE (por confirmar) estamos en unos 29 millones y medio. Es decir, 295 mil rockeros. Hasta Gillman mordió el polvo cuando se lo comenté.

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Redacción, diseño y diagramación:
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Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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