Editorial Maily Sequera

Editorial: La gran falla en el terreno (I)

12:48 a. m. Maily Sequera


“El orgullo no engorda. Trágueselo de vez en cuando”
- Dice una amiga anónima.


Lo último que se pierde es el orgullo, no la esperanza. Estamos hartos y cansados de nosotros mismos. Se nos hace difícil creer, confiar, encantarnos con algo. Sentimos que en algún momento vendrá aquello que fallará, la inevitable desilusión, la gran traición que barrerá con lo bello y nos va a doler o nos va a arrechar. Atrás, el desamparo más desgraciado. 
 
Creo que por eso vendemos a cualquiera de los nuestros si alguien nos convence de que conservamos algo que no vale la pena. Generalmente, no necesitamos segundas opiniones: una falla basta para dinamitar cualquier emoción que se haya enlazado fuera de nuestro control. Está en nuestra sangre sufrida. Es la historia cíclica de nuestras desilusiones. 
 
Preferimos no creer en nada, en nadie. Siempre conservar el trapo sucio bajo la cama para justificar la patada en el culo que algún día nos van a dar. Seguro. Nos van a dar.

¿Será por ello que nuestro humor mutó a burla? ¿Por eso, la falta de respeto ha suplantado a la opinión? Y nos cuesta tanto -pero, en serio, tanto- creerle al otro, confiarle una parte de nosotros. ¿Será por ello que se ataruga la crítica, también el halago? Y la descalificación auxilia cada vez que el otro se tropieza y cae. - ¡Mira cómo cae!- Y nos cuesta creer en el trabajo de otros y en el nuestro, retribuirle la sinceridad a la obra ajena, darle el beneficio de la duda en casos sospechosos, otorgar respeto a quien respeto merece, premiar con reconocimiento - que no es fama ni atención fugaz, léase fotos sociales para prensa desechable-. Y no ahondamos, ni investigamos, ni nos atrevemos a acercarnos para conocernos. ¿Será por eso? Porque nos hemos convencido de que en algún momento el otro o nosotros o la circunstancia va a fallar y nadie va a querer defendernos y rescatar absolutamente nada. 


Y la desmotivación y el desencanto es accesorio obligado. Y la quietud es menos inflamable. Y la evangelización del apoyo, menos convincente pero más cómoda ¿Será por eso? ¿Porque siempre ha sido así y, en obediencia a nuestra voluntad, así continuará siendo? 
 
Somos ciudadanos de bajo involucramiento con lo nuestro.
Una lástima
Tienes diez segundos para nombrar ocho canciones del maestro Simón Díaz  
u ocho publicidades donde figure Chiquinquirá Delgado.
 
Ahora, ojalá, puedas ver la gran falla en el terreno.

1.

En el 2002, varios amigos, profesionales en el área de educación y comunicación, fueron contratados para hacer encuestas de tendencia al voto en varias poblaciones del estado Miranda. Cubrieron gran parte del estado, zonas urbanas y rurales. Áreas residenciales de alto perfil y barrios mucho más pobres. Ajenos a la vida del Estado pero familiarizados con la realidad casi común de lo nacional, se embarcaron en un aventura extrema cuyos resultados ya no interesan por conocidos. El ejercicio de observación fue interesante para obtener otros resultados. 
 
Observación A: La desinformación es un fenómeno de los extremos. Ricos, pobres, todos parejítos en sus niveles de desconocimiento y casi desconexión con la realidad local. Por lo tanto y en consecuencia, están intelectualmente imposibilitados para hacerse opiniones, elaborar conclusiones y, mucho más peligroso, tomar desiciones congruentes con sus deseos evaluando sus alternativas. Pffff, de analizar las consecuencias en el colectivo. 
 
Observación B: La numerosidad de opciones en cuanto a contenido informativo o de entretenimiento, el monopolio del emisor o la selección de los contenidos según los intereses informativos de quien envía los mensajes, no determinan nada. Es decir, el libre albedrío se sobrepone y cada quien ve o no lo que le interesa. Inevitablemente, la observación A influye en la observación B. Si se profundiza en cuanto a gustos o capacidad retentiva del receptor, recibiremos una torta en la cara. Nos enterarémos de que muchos no tienen manera de conectar una vaina con otra. La información flota como globos porque hay un montón de ella enrollada y amontonada en deuda histórica. 
 
Ayúdanos, Súper Pan Tostado. Nos desconocemos entre nosotros, como pueblo, como Nación y como Estado. La educación es un proceso general. La formación del individuo es una experiencia diaria que depende de todos los ciudadanos más que de textos escolares y planteles educativos. La imposición no funciona, el libertinaje comunicacional tampoco. La educación, chamo, es eso. No puede ser tan difícil sembrar una necesidad más sana, hambre por saber quiénes somos. Otorgarle a cada persona la facultad y, al mismo tiempo, el derecho de enterarse de todo lo que le interesa.

2.

- Pana, yo no enciendo la radio para que un carajo me eche el cuento de la hamburguesa que se comió anoche- Gerardo tiene razón. Yo tampoco. Sabemos que el carajo no tiene más nada que decirnos, que no puede elaborar contenido, que el productor subpagado o la pasante en sus mejores intenciones, no quieren. Generalmente, tampoco pueden. Así que tenemos el cuento de la hamburguesa y eso que, Gerardo destaca y yo lo secundo, podemos conformarnos con quienes ‘saben estar al aire’, como dice él. Nos referimos a quienes tampoco tienen mucho que decir pero mantienen orden y gracia para contar lo de la hamburguesa, conectarlo con algo que mantenga nuestro interés hasta la próxima intervención anecdótica. 


No estamos solicitando guiones de alta intelectualidad pero a Gerardo, a ti, a mí, nos gustaría escuchar la radio y quedarnos con información memorable. Por lo menos, la mayoría de las veces que la encendemos, y para eso hay que voltear la cuenta. Así, tal vez, sintamos la necesidad de apagar el reproductor de mp3s. 

Pasa. También pasa cuando compras la prensa y la inmediatez se come el estilo, la investigación y la belleza del discurso sin cubiertos. Pasa, con las revistas que ya no son para leer. Claro que uno tiene la libertad de escuchar, ver y leer lo que mejor le parezca. Pero, ¿sabes cuánta emisoras juveniles de corte ‘alternativo’ tenemos en Aragua? Dos. Nos estamos quejando, claro que nos estamos quejando, porque 'nada' ha sido   -ahora y siempre- la opción del inconforme.




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4 comentarios

  1. Lo de la radio es atroz. Todos los programas que hace algún tiempo (poco más de un año) solía escuchar, bien por el contenido informativo, por la música que daban a conocer o porque me gustara el locutor y sus crónicas, de un momento a otro, aumentaron alarmantemente su contenido de información inútil (ej: "sabías que un día como hoy...?"), estupideces, historias personales que no dan absolutamente nada ni para pensar ni para aprender, comentarios insulsos y chistes que, dado su origen, rayan en lo estúpido.
    Es impresionante como la calidad es tan deplorable actualmente.
    Y en esos ejemplos, sí, estoy metiendo a Luis Chataing.

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  2. Ciertamente, vivimos la era del analfabetismo comunicacional. Por eso algún día idolatraría a Octavio Paz por profeta, por eso de que algún día no importará la palabra. Hoy es un remedo de remedos, ¿la radio, la prensa? retenedores de la medianía circundante.

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  3. No sé, yo desde que dejé de escuchar radio y ver televisión nacional, y empecé a utilizar internet como entretenimiento personal, literario y cultural todo parece más sencillo, el zapping multidireccional es lo mejor. Sobre todo cuando puedes nombrar las ocho canciones de Simón Díaz.

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  4. Rayos! como confiar en un sentido democrático y global cuando los niveles de desinformación son así de básicos? que digo, bajos y subterráneos. Es como dejarle decidir a las moscas lo que hacer con tu vida. La t.v. local tampoco sirve y nos quedamos viendo por la ventana, será... aunque aquí en Maracaibo de verdad provoca usar ese lanzallamas del que habla David.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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