poesía Susan Urich

Catador de cuchillos: Cantos Chaymas de Rogelio León

10:07 a. m. Susan Urich



No recuerdo la librería, pero recuerdo a la chica. Se asomaba casi por encima de mi hombro para ver el libro que, en ese momento, llevaba abierto de par en par hacia la caja —el mismo que ahora pretendo reseñar. Pagué dos, le dejé el  que venía leyendo, tomé otra copia del estante y me fui. A la hora de comentar un poemario, muchos piensan que omitir estos detalles es lo más sensato, pero yo no soy una mujer sensata: pienso, como Borges —y, de hecho, me robo descaradamente sus palabras—, que un libro es una cosa entre las cosas, un volumen entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ahora bien, la forma en que ese libro llega a su lector y entabla con él un diálogo íntimo es también el principio de otro libro más grande y total en el que cada escritor, conocido o no, deja apenas un trazo porque lo demás, irónicamente, lo escribe el lector; pero no en la hoja, nunca en la hoja, sino en la memoria colectiva, ese dispositivo cuyas funciones perduran cuando los cuerpos se apagan. Catador de cuchillos ha estado en mis manos una docena de veces -más o menos-, con la misma suavidad que ha venido, lo he dejado ir; una confabulación de objetos inanimados y circunstancias no catalogables lo trae y lo lleva, lo mece dentro y fuera de mi mundo constantemente; pero cada vez que lo leo sé, con esa convicción insobornable tan difícil de explicar, que no es posible entrar a ese libro y salir intacto de él.

Catador de cuchillos es un espejo violento y bien confeccionado que trasciende el mero acto de escribir para cotejar la realidad interior con la exterior. La propuesta la hace una voz personal que no necesita justificaciones porque es honesta, y la literatura no puede existir sin la honestidad, esto se sabe. En los poemas de Rogelio León no hay amagues, no hay retrocesos; hay golpes secos y avances, hay una búsqueda y la sensación de errar el encuentro por una fracción de segundo hasta que una palabra exacta, puesta en su divino lugar, hace el trabajo de tensar la cuerda —ahora sí— hasta que se rompe, y algo en nosotros queda irremediablemente expuesto, trastocado. Cito a continuación algunos poemas que, al menos en mí, surten ese efecto:
presagio

“Eure eutaz zyzantayao
u-muene enukon e-zenupra
muryam az yrapo kozpay penazarpe”.

“Te fuiste al amanecer y mis ojos no te vieron,
estaban muertos en la orilla de la noche”.

(Canto chayma al abandono)

llegará siempre
     sin que me habite
                      la palabra sin alma
                              como un morir de pájaros en el estío
será el eco
         de un adiós en la penumbra

**

V

“Ure konopo chetá tandema ware aneky”

“Oigo en la canción de la lluvia
la voz de la montaña que me llama”.

(De un poema que nunca escribiré).

alguien te dirá
               abre los ojos
               anda
y su voz te seguirá en el pan
                            en el agua
                            en la cama
                            en el lento andar
                            en el canto de los gallos
                                    que negará el pacto de tu vida con la vida
                                                         en el filo acerado del abandono

**

ocaso

“I-ena kok-mamué tonorocham
waray tumuekaz ywekykú purekon”

“Caen los pájaros de la tarde
como heridos por las flechas del relámpago”.
(El chayma habla de la soledad)

acodado al alféizar de la tarde
                  contemplo desplomarse en el ocaso
                                   las garzas del verano
se encabritan los últimos relámpagos
hay el presentimiento de que algo va a morir

**

túnel

“Zen kozpay etyyao zanepur kozpaychán
zen patá etyyao zanepuy azamakon”.

“Esta es la noche donde se pierden las noches,
este es el lugar donde se pierden los caminos”.
(Dice el chayma, de la muerte)

esta noche no es la noche de este día
                      es un túnel sin memoria
                      una grieta en el tiempo
                      la noche de otros días sin noches
                      calma del saurio
                      ojo de la serpiente
                      cuervo que bate alas
                                   en las borrascas del alma

**

“Eure az yupyar yuwar yryte atayar”.

“Estás en el principio y el fin
como la casa del caracol”.
(Dijo Yumpyar, el primer padre, a Amanaroka,
el creador del hombre. Verdad chayma).

puedo encontrarte
                   en conchas abisales
                   en ignotas galaxias
                   en la epifanía de las mariposas
                   en el ojo de la fiera que atisba
                   en el ámbito inhollado del corazón
puedo adivinarte en el presagio
                           porque te inventé
                                      cuando eran niñas las palabras
                                                           y tu imagen aún no se bañaba en el crepúsculo

**

Derechos

“Warayto kuraz pypot
uyao azynez apoto ata”

“El hombre agitaba palmas
para volar a la casa de la luz”.
(Conversa chayma sobre Yumpyar, el primer padre).

tengo derecho a disputarle al azar mis pertenencias
                         patearle el trasero a esta soledad en compañía
                         impedir que interrumpan mi silencio
                                                              las palabras tramposas
                         mandar al mismísimo carajo
                                                          estas dádivas que usufructúo
                                                          que no me pertenecen
                         reclamar mis auténticos parajes
                                    donde dejé mis plumas y mis
nidos
                         romper el aro que me circunscribe al círculo
                         y reventar el clavo que me centra al vacío
tengo el derecho irrenunciable a ser quien soy

**

IV

“Tarere tere narakuape puek e-yropka epykon
tonoroam yukuar-re tomere. Chaman y-yropka”

“Por aquí estamos tristes porque murieron las flores,
los pájaros, el río, todo. Murió el Chamán”.
(Dicen los viejos cuando muere el Chamán)

por aquí te esperan en la cumbre de la hora más alta
                                         cinco cantos y un poema
                                                    un canto por la muerte de un chamán
                                                    un canto por la muerte de unas rosas
                                                    un canto por la muerte de unos pájaros
                                                    un canto por la intriga del agua
                                                    un canto por la constancia del río
                                                    y un poema por la desmemoria en la frente del mundo
por aquí
      a la silla que te hicieron mis ojos de artesano
          a esperar al señor de los prodigios
          que vendrá con las manos vacías
                                        los ojos sin palabras
                                                           mudos los pies
                                                                    manso en la oración de la plenitud

Suelo amar los poemas breves, ese juego milimétrico de pasos en blanco para decir lo mucho que se lleva dentro con lo poco que hay afuera. Rogelio sabe las reglas no escritas de este juego, usa la disposición de los versos para crear las pausas dentro del poema, evitando los signos de puntuación y la palabrería gratuita. Los epígrafes se condicen con los textos, hay entre ellos una conversación tenue, la idea de que uno es la prolongación del otro.

No ahondaré en detalles sobre los epígrafes —todos en chayma con la traducción respectiva—, pero me atrevo a decir que son el centro del poemario, un tributo que el autor monaguense hace a los suyos desde el recuerdo de un tiempo que fue mejor, más puro, antes de las colonias extranjeras y su siempre mal apetito poniendo el hambre donde no corresponde. A mi modo de ver, los epígrafes se merecen una entrada aparte, pues creo que en esto de ser poetas, los indios nos llevan ventaja, y mucha.

Tienen otra forma de nombrar al mundo, se valen única y exclusivamente de la imagen para transmitir lo que piensan y sienten, sea esto un hecho cotidiano o una idea compleja. Para ellos, los chayma, no atardece; para los chayma se cierran las puertas de la casa del sol; y claro, no es difícil imaginar la noche cayendo sobre los árboles como un río espeso ante la imagen de unas puertas que, al cerrarse, esconden al sol. Pero nosotros, los occidentales, decimos que atardece y sí, tiene su magia el asunto, pero no convoca de la misma manera. Los dejo, ahora sí, con una selección de epígrafes. Catador de cuchillos está a la venta en todas las librerías del sur y su versión digital pueden encontrarla acá:

“Choto wareke tandema azamakon tozorocaz yao”
“Cuando el indio canta en la montaña
se limpian los caminos”
(Decir de los chayma)

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“Maryya kuraz puropú uyao
Yawan u-muene az euya”

“El cuchillo buscó en mi pecho,
pero mi corazón estaba contigo”
(De una canción chayma que cantaba abuela Juana)

**

“Yemué chery kamaywa
enká yechereká warayto”

“Cerró el sexo como una mariposa
y amansó al hombre”
(Cuento chayma)

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“Menuky-ato kozpay yurykyan ytyk-yun nury”

“En las noches terribles,
el demonio pone su palabra en mi lengua”
(Conversa con un chamán chayma)

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“wamana ure y ynayunpá
yukuar pezyzyz azamarcham
yurykyan mayunkon temenpachyr uya”

“Yo hablaba con el río, el viento y los caminos,
pero el demonio me robó las palabras”.
(El Chamán habla de Ziratu)

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“Ku-utaz ya kureroyán torok-che
kure utaz uyao ya kure”

“Uno va en la vida hacia la muerte,
la muerte va en uno hacia la vida”.
(De las conversas con la abuela Juana)

**

“Kure-naz machyr tumuekaz tonoro”.

“La vida es un pájaro mal herido”.
(Decía la abuela Juana).

**

“Eure e-puek-ne poropuyr puek ytna-taz
rere yawan y-ytaz-tez yemya euya”

“Cuando me tocaste el pecho dejaste el latido,
el corazón se fue en tu mano”
(Canción chayma).

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2 comentarios

  1. Si alguna vez alguien me hubiera escrito una reseña como esta, cada una de mis letras se hubiera acariciado el mentón, pensándose, valió la pena.

    Esto se sabe. :)

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  2. Con esta nota te dan ganas de salir corriendo a comprar "Catador de cuchillos". saludos.

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Edición:
David Parra.
Redacción, diseño y diagramación:
Maily Sequera.
Autores y colaboradores:
David Parra, Maily Sequera, Flora Francola, José Eduardo González, Carlos Quevedo, Daniela Nazareth, Jeanfreddy Gutiérrez y Edu Salas.

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