Aarón Almeida Holmquist Héctor Torres

Los sábados no ando buscando epifanías (I)

10:42 p. m. Maily Sequera


No hay manera de saber cuál es el día de la epifanía. Si te preparas, falla. En un compromiso relajado, había quedado con Aarón Almeida para ir a la presentación de El regalo de Pandora. Héctor Torres visitaba Maracay y yo tenía ganas de conocer al twittero, al escritor. Quería llevarme sus libros a mi casa y sobre todo (y así es que siempre me convence Aarón), quería saber qué haremos con Maracay o en Maracay, que el aburrimiento, la frustración y la resignación, son apenas tres escalones, digo yo. En esos niveles iban mis intereses pero hay que tomar en cuenta que era sábado y que mi déficit de atención estalla en las reuniones de escritores. Los sábados no ando buscando epifanías literarias.
“Las palabras los balbuceos el niño el mercado la oficina el atardecer los manotazos la cama el café el servicio el arroz la literatura el mercado el automóvil el ginecólogo las pinzas el éter los parientes el dinero los recibos el periódico la muerte la revolución el campo la cía los candidatos los ratones el iching las pantuflas el rubor la crema de día la crema de noche el lavado el trago la espiral la muerte el mercado la vecina los golpes el teléfono las facturas de la casa... y gritas” [1]
Llego a la biblioteca Agustín Codazzi, mole blanca detenida en el tiempo. Por sus escaleras rodé una vez, por payasa y por catorceañera. Llego, pero una hora después. Ya la gente está a punto de comerse la pasta seca. Me disculpo en gestos con Aarón, lo saludo con la mano. Torres reunió mucha más gente de la que imaginé asistiría y no hubo cómo moverme entre unas doñas, un mirón y dos rockeros. Así eran. Ubiqué pocas caras conocidas, ningún amigo, solo que ahora todos tienen cuenta en Twitter. No pude atender los últimos cinco minutos de conversación del escritor con el público. Me quedé pensando en que mi amistad con Aarón se sostiene de todas mis disculpas.
Mi amigo me hace la presentación en sociedad. Manuel Cabesa se queda un rato hablando con nosotros. Yo no mantengo la vista cuando converso, nunca. Me fijo en cómo una rosquilla humana se ha tragado a Hector Torres, y supongo que la seguridad de Chino y Nacho se lo va a llevar en cualquier momento. Pienso que perdí el viaje, que le voy a mandar un SMS a quien me espera, que quiero saludar a Héctor, y sumo los billetes en mi cartera, fabulo con el posible precio del libro. Manuel Cabesa sigue hablando y luego de su invitación, entiendo tanta tolerancia y simpatía. Los sábados hay taller en la biblioteca. Me invita. Me dice que a las 9:00 am. -Nah, le respondo. Corrige-: bueno, a las diez. La impuntualidad como licencia poética. Al final, insiste y me motiva: -tráeme tus poemas. Estoy trabajando en una antología-. Aarón, lo aúpa, desarrolla un slogan -“Sus poemas son arrechos”-, y lo repite unas tres veces como indica una norma que él no estudió pero yo sí. Un tipo caricaturizado (por un principiante), al que creí escuchar que llaman Erótico, se acerca al grupo y saluda. Cabesa le comenta que me ha invitado a los talleres y Erótico me pregunta qué leo yo. Digo que nada, porque es la verdad. Luego me dice, riéndose que me veo bien y me ofrece una cerveza. Le digo que no bebo y se planta un silencio. Erótico, antes de irse, me dice: -usted no sabe lo que se pierde-. Aún no sé si porque no leo o porque no tomo.
Ese sábado también conocí a Jhoerson Yagmour. Yo estaba de invitada en su conversación con Aarón y luego, con Torres. Hablamos de su proyecto, otra antología. Luego, días siguientes, hablaríamos de su blog, de cómo ‘enchular’ el espacio. Un recurso codiciado pero sobrevalorado. El blog de Jhoerson, Tempo Espiral, es una pelota de plomo pulida y gigante. Una cosa teórica y experimental bien montada -que no quiere decir bonita- A modo comparativo: mi blog es una pelota de tenis.
Manuel Cabesa ya batía en las manos las llaves de la sala. Lo ignoramos hasta poder saludar al invitado. Apenas se sentó junto a nosotros, me dijo: -yo a ti te conozco por Willy Mckey. Habla bien de ti- Me río porque ya este es un diálogo repetido. Le doy las gracias mentales a Mckey, planifico que en el próximo encuentro le diré alguna cosa bonita, como gracias. Pronto, tuve dos libros de Héctor, uno regalado, ambos firmados. El regalo de Pandora cumplió mi fábula mental del precio: 100 Bs. (en las librerías, 120 Bs., me dijo quien se encargaba de la transacción) Al escritor, lo empiezo a conocer, pero la persona amable y cercana que fue Héctor con nosotros, bien dispuesto a responder futuras invitaciones, ya es parte de mi biblioteca mental. Nos hablaba sobre la hechura literaria, la rebeldía del escritor revelada en la forma cómo vive, diciendo que necesariamente nuestra lucha es inversa a lo que se podría esperar de una rebelión contra lo establecido. Nos invitó a experimentar poéticamente, dando los buenos días, las gracias, aunque nadie conteste y seamos los locos. Porque nuestro espacio es la locura, la contra costumbre. Ahí, trabajamos.
Confórmate, ¿ves? todos los días la gente regresa a su casa, ¿no? y no vas a componer las cosas arrechándote por una cama o una cortina floreada o una mesa cuadrada, métete un viaje de toña la negra o leo marino o de la bola de nieve y cálate tus cuentos y los míos, y hablando de infortunios, no te metas, ¿o.k?
Es el desgaste lento, indoloro pero visible, atrozmente visible en sus efectos (...) Una entonces se recoge a sí misma, lista para pegar el grito o el portazo definitivo” [2]
Lo que digo que dijo Torres, no lo dijo así. Seguro lo dijo mejor. Pero me gusta hablar de las conversaciones que tengo. Hacer conversaciones sobre diálogos pasados, es uno de los pocos placeres que podemos conservar. Porque todo puede refutarse, porque nada está seguro en el desorden temporal de los hechos. No hay Google posible, no hay verdades wikipedicas.

“Me haces reír. Oye: nada de lo que existe sobre la realidad es poesía (...) Porque todo en realidad es ficción, todo es un artificio de la memoria, así como el canto de un pájaro no es ese mismo pájaro ni nos refiere nada sobre él (...) La naturaleza no es lenguaje. No hay nada que la haga tomar distancia de sí misma. Las distancias las establecemos nosotros (...) Pero no te desanimes, puedo decirte para que te lleves algo, que ese intento se parece a una vuelta a casa, la casa que no está o que nunca estuvo” [3]
Aarón es un perfecto conversador. Puede contártelo todo. Yo lo escucho desde la admiración, con perspicacia científica. Me cuenta que aburrido, en la biblioteca, encontró un homenaje a Miyó Vestrini, hecho por la revista Imagen (Nº 30-1, mayo de 1997) Sabe que la amo. Me dice que cuando quiera puedo tener copias de sus copias. Por una vez, lo escucho como si estuviese sumergida en agua y se incomoda. Quiere saber a quién le escribo mensajes con el teléfono, qué haré luego, si estoy apurada. Resumidamente le cuento. Me dice: -te voy a decir una vaina, Maily-, y lo dijo, pero no me gustó. Quedamos de acuerdo en algo: el motivo poético puede ser cualquiera. La motivación poética es decididamente soltera. Con cada SMS de vuelta, a mi plan se le iban espichando los cauchos. Yo no quería auxiliar a nadie. Le dije a Aarón que me quedaba, que buscáramos a Miyó.
No es por nada, pero precisamente por ser nada, te servirá de ejemplo (...): “El amor no es mucho, / si no lo tienes. / Hoy vi a Blanca Nieves / soñando con su príncipe / y preguntándole: / ¿cómo van tus ahorros? / ¿cómo va tu espíritu? / ¿quieres tomar un trago conmigo? / ¿quieres montar mi potro salvaje?” [4]
Ahí estábamos un sábado por la noche, buscando un ciber ‘veinticuatrohoras’ para fotocopiar las palabras de Miyó Vestrini, luego sentarnos a leerla frente a una peluquería de centro comercial en declive, Aarón con otra cerveza, yo con una sed doble, como único plan posible. Así son nuestras fiestas.
De [1] a [4] extractos de Entrevista imaginaria con Miyó Vestrini, por Salvador Garmendia, para revista Imagen, nº 30-1.


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7 comentarios

  1. " Porque nuestro espacio es la locura, la contra costumbre. Ahí, trabajamos." Debo admitir que he leído ésto en medio de una atmósfera etílica y comento en la misma situación, ah vainas circunstanciales! leí "costra" en vez de "contra" pero en definitiva, son vainas que provoca arrancarlas, porque hay un placer de por medio, vaina morbosa como de la infancia. Mire Maily, mire Aarón; Sra Locura, Sres locos pa la próxima...

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  2. Así se echa un cuento, Mai... o se hace un crónica?... bueJ, son casi que lo mismo o "se parecen igualito"
    Este texto sabe a papitas fritas [y soy adicto a ellas -a las tipo francés, no a las tipo pringles-]

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  3. Por esto y más es que eres la mente maestra.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. No le digas a nadie Maily, pero eres mi heroína personal. Punto.

    "Aarón con otra cerveza, yo con una sed doble, como único plan posible. Así son nuestras fiestas."

    Tengo Sed.
    Quiero leer un librito tuyo Ya.

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  6. y yo me sé el cuento creo que completo,
    y es maravilloso leerlo con tantos detalles perfectos.

    La mente maestra, repitieron por allí.
    y así es :)

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  7. Leí tu texto y me dieron muchas ganas de escribir en prosa, prosódicamente. AHHH! Y el final de la crónica, es certero. Un abrazo Maily.

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